Educación y segregación
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Educación y segregación
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Palabras previas (JVG)

    La educación en Chile  ocupa hoy un lugar preponderante en la discusión pública. No solo porque lo tenga de suyo. También porque el país enfrenta, igualmente los demás, problemas acuciantes inherentes a un mundo que experimenta transformaciones nacionales e internacionales, no ligeras sino de peso, no superficiales sino de fondo.
 Las coordenadas básicas de la hora actual incidentes en esas modificaciones, fuera de la diversidad de factores a considerar atendidas exigencias de espacio y tiempo, son dos: enfrentar los hombres hoy y doquiera un cambio de época y una globalización creciente de la sociedad.       
La educación, ingrediente societario de consideración suma, juega activa o pasivamente, lo repito, un rol de primera importancia en esa dinámica.
    Una de las falencias de nuestro actual sistema escolar, entre otras, es el de la segregación, inequidad y desigualdad social que conlleva.
Así lo atestigua con rotundidad  un texto de Juan Bardina citado abajo, publicado no en La Semana Internacional, que es la fuente principal de los escritos suyos  trasladados a este sitio web “estudiosbardina.cl”, sino en el diario “La Unión” de Valparaíso, a cuyo cuerpo de periodistas perteneció entre los años 1921-1932. Aquel escrito fue impreso, pues, solo siete años después de su llegada (1917) a Chile.    
    Para entender mejor su lectura anticipemos que el artículo en cuestión no solo hace mención a la señalada falencia del sistema escolar chileno de entonces.
Destaca otras tan graves e indeseables como aquella, que habían estado igualmente en el tapete nacional desde la polémica educacional de 1912.
Esta tuvo lugar trece años antes de escribir Bardina  la mentada crónica, prolongándose en el tiempo, por lo que la polémica (educacional) del 12 se entrevera  con la del Centenario (extra-educacional o política, económica, etc.), contando con exponentes por años y aún decenios.
La falla puesta mayormente a la vista ese año por Francisco Antonio Encina, en su obra “Nuestra inferioridad económica”, mostraba a la Escuela afanada en promocionar preferentemente a los alumnos hacia la Universidad y no hacia la Educación Técnico-Profesional, cosa que sigue sucediendo hasta ahora.
El análisis y diagnóstico de Bardina en 1925 contenía no solo esa  queja al sistema escolar chileno de entonces, sino otras, igualmente vigentes hoy.
Por ejemplo, daba pábulo también a que se distinguiera entre Educación e Instrucción  (aludida con la palabra Erudición). Impera entrambas la relación todo y parte, y quién no lo entiende yerra. Que algo grave y de consecuencias incalculables estaba ocurriendo en estos campos –Educación (todo) e Instrucción (parte)- queda de manifiesto si recordamos que, en esos mismos años, (decenio años 20) el histórico Ministerio de Instrucción pasó a denominarse Ministerio de Educación. El cambio fue epidérmico y no sustantivo, si nos atenemos a la gravedad de los problemas actuales –noventa años después- en este importante y delicado ámbito de la cultura.
    Al respecto, cabe tener presente que la Escuela de suyo no asegura la verificación del hecho educativo.
Cierto que la Escuela existe desde los albores de la civilización, surgiendo con la invención de la escritura. Pero desde entonces estuvo circunscrita a una minoría (gobernante, sacerdotal, letrada, profesional) ya que la educación y desarrollo de la personalidad afectando a todos fue por centurias familiar y ambiental, hasta siglo y medio atrás. La expansión escolar guarda más relación con fenómenos como la invención de la imprenta y el paso de  las monarquías a las repúblicas o democracias. Es de progenie reciente y se verifica no sin problemas e incertidumbres, atendida la condición humana: ser racional, libre, educable, pero también falible.
    El siglo y medio a que aludimos en el párrafo anterior va quedando hoy cada vez más a la distancia. Ese pasado fue libresco, el actual es digital, lo que comporta en el plano de la educación otras miradas y consideraciones pertinentes al cambio verificado en el escenario social.