Valparaíso 36
Índice del Artículo
Valparaíso 36
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
En el lV Centenario de la fundación de Valparaíso La SI 28/11/36 p. 1-4
Aspectos y cifras de la enseñanza
(“La Semana Internacional”, como homenaje al 1V Centenario de Valparaíso, dedicará sus columnas en diferentes ediciones a tratar la actualidad porteña en todas sus manifestaciones. Iniciamos estas crónicas con una sucinta información sobre la enseñanza, debida a don Tobías Olivares O.) La SI 28/11/36 p. 14-15
En el lV Centenario de la fundación de Valparaíso
La SI 28/11/36 p. 1-4


    
La ciudad fascinadora
    Hay grandes y enormes ciudades. Hay viejas y venerables ciudades: Londres es la ciudad mayor del mundo y –perdón, británicos- tiene mucho de admirable, nada de fascinador.
Arlés es una ciudad cuatro veces milenaria. Tiene hermosas ruinas. No tiene nada, a pesar de dar sobre ella el sol de Provenza, de fascinador.  Nueva York es una gigantesca yuxtaposición de casas y de cosas extraordinarias. Frapa y extraña. No tiene nada de fascinador.
    En una mujer pueden anidar muy diversas cualidades. Puede ser sabia, esbelta, elegante, perfecta. No es esto lo mejor. Lo mejor que puede tener una mujer es ser fascinadora. Porque siéndolo, será recibida bien o mal; juzgada bien o mal; pero ella sabe una cosa: que todos -los que la juzgan bien y los que la juzgan mal- han de acabar por rodearla, a arrodillarse a sus pies y –como a la reina del Sahara misterioso que nos pinta Benoist en su “Atlanthide”- disponer de todos los cuerpos y de todas las voluntades.
    La fascinación es un misterio. Nadie sabe de dónde viene, de qué nace, de que elementos consta. Pero es un hecho. Todos sabemos como brilla, emitiendo rayos cautivadores.
    Valparaíso es esto: una ciudad fascinadora.

Cuando se llega en buque, de noche…
    El viajero está intrigado ante cada nueva ciudad que va a tocar. ¡Ha tocado tantas! Y queda, casi siempre, desencantado. Sobre todo si ha leído el Baedecker”. Este libro molesto halla linduras en todas partes. Hecho por mercaderes del turismo, quiere llamar la atención. Y todo son loanzas y cosas superiores.  Cuando se llega a la ciudad, se bota el libro víctima del desencanto.
    Cuando el viajero llega de noche a Valparaíso, el Baedecker no le supo advertir la estupenda belleza de la visión. Resulta, por lo mismo, más extraordinaria, como cosa que no se esperaba.
    En el negror de la noche, no se ven edificios ni cerros. Pero se ve un enorme arco estrellado de más de veinte kilómetros, con millares de luces que vibran en la oscuridad. ¿Es un trozo de cielo, que ha ordenado en formación, en ese rincón privilegiado, a un millón de estrellas?¿O son millares de abejas de oro que baten sus élitros sobre flores invisibles?
    Es Valparaíso.
    Las estrellas danzan la danza de las horas sobre nuestras cabezas. El buque se balancea suavemente sobre las aguas, en espera de la aurora. Y el fúlgido semicírculo enorme de millares de luces fulgura como una enorme luciérnaga viva, que orgullosamente mostrase sus luces en la nocturna obscuridad.
    Allá hay unas luces coloradas. Más allá unos puntos azules. Allá arriba, besándose con las estrellas verdaderas, pequeñitas luces  que agitan su llama. A este lado, una hilera de luces mayores, ordenadas en hilera perfecta. Al otro lado, una luz blanquecina como de millones de estrellas confundidas, que parecen luchar con lo negro de la noche.
    Es el día que apunta. La mancha lechosa va intensificándose. Las luces van amortiguándose.  Las mismas estrellas van desapareciendo. Y comienzan a dibujarse  las líneas de los cien cerros por cuyas faldas va montando la ciudad…
    A la media hora, por las crestas del oriente sale el sol
    Y entramos en Valparaíso fascinados.

Hermosa ciudad
    Hermosa ciudad. Cuando se comienza a vivir en ella, inquieta y pellizca. Es que no es una ciudad como tantas otras, común, cuadriculada, sobada y vulgar. Su barrio del Puerto parece una zona de trampas y de interrogantes. Su barrio de Condell y Bellavista, robado a las aguas del mar, es una zona de grandes comercios, pero con sello especial. Parecen a la vez, de gran ciudad y de pequeña urbe familiar. Su avenida Pedro Montt y las calles paralelas son bellas y