La SI y la Educación Cívica
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La SI y la Educación Cívica
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La organización funcional-corporativa del trabajo y del Estado en Italia: los resultados del audaz y genial experimento La SI 28/08/33 p.6-7
1810 - El día de la Patria – 1945 La SI 15/09/45 p. 1-3
Debe ser esmerada la educación del ciudadano Pastor Valencia Cabrera La SI 26/10/46 p. 7
La SI y la educación cívica o política
    
Un ingrediente -entre otros- de la educación integral. Por tanto, debe tener adecuada cabida en la educación, cualesquiera sean sus instancias. Vale decir, ni menos ni más que los restantes componentes del hecho educativo, llamado en su despliegue a tender y alcanzar un sano y justo equilibrio.  
    
    He aquí tres textos de La SI –son incontables- que aluden al tema, dejando de manifiesto importantes  ingredientes conceptuales y afectivos que conlleva.
El par inicial es de Bardina.
El primero -1933-  muestra su identificación con el corporativismo (de raigambre medieval, traído a fin por la Revolución Francesa), fruto de su rechazo al individualismo moderno, por ser éste causa substantiva de la cuestión social y sus males (uno de ellos, la disfuncionalidad de los partidos políticos en los siglos X1X y XX).
El segundo -1946- es uno más de los que escribió en los meses  de  Septiembre con motivo de las Fiestas Patrias, por tanto, de enfático acento cívico.       
El tercero es de Pastor Valencia Cabrera, un fiel colaborador de la revista.
    

La organización funcional-corporativa del trabajo y del Estado en Italia: los resultados del audaz y genial experimento
La SI 28/08/33 p.6-7


    1. Hechos.- Mucho se habla, en estos tiempos que se llaman a sí mismos positivistas, de hechos y realidades. Bien poco se tienen en cuenta en la práctica. Es esa una fatal herencia que arrastramos de ese siglo XlX simulador, que atacaba a otras edades como metafísicas y teoristas, y él, a su vez, reventaba de tanto teorismo, tanta fantasía y tanta novela en la ciencia y en especial en la ciencia político-social.
    Este hecho ha sido notado en estas columnas con repetición fastidiosa, porque es algo que siempre hemos conceptuado  fundamental. Y nos interesa notar cómo cerebros de la potencialidad de Belloc plantean ahora la misma tesis, como puede verse en el trabajo que venimos publicando durante varios números en estas columnas.
    Ciertamente que, tiempos nuevos como son, estos sí, por un lado, vemos innovaciones y nuestro criterio está dando media vuelta, por otro lado seguimos apegados a los métodos que hemos mamado, relamiéndonos de gusto cuando podemos asirnos a teorismos más o menos fantásticos. De ahí el carácter utopista de tantas agrupaciones nuevas, no digamos ya de tantos grupos del antaño que se va, que alaban o critican, condenan o panegirizan, no a base de hechos y realidades, sino a base de teorismos y sistemas ideales que no tienen con la realidad contacto vital alguno.
    Ejemplo interesante de esto es cómo se está ejerciendo la crítica, en estos mismos instantes, sobre régimen soviético, sobre régimen fascista, sobre tantas otras cosas, siempre a base de lo que quien habla cree que ha de ser el sistema que defiende o ataca. Y de esta manera, en el plano de las posibilidades ataca o defiende, cuando ya hay hechos y realidades que pueden ser sujetados a análisis, iluminando los teorismos con llamas de viva realidad.
    Cuando el Fascismo teorizaba, o llevaba a las leyes sus teorías, los que entraban en el análisis de su sistema no veían una cosa, verdaderamente importante: que el sistema corporativo no era una teoría en el aire, sino que había tenido realidad espléndida en los largos siglos de la Baja Edad Media. Cuando ahora hablan de ese sistema corporativo italiano muchos escritores, continúan combatiéndolo "en teoría", no sólo olvidando su larga vida medieval, sino olvidando también que el fascismo corporativo no es de hoy, y que entre 1922 y 1933 hay una década bien cumplida repleta de hechos.     Tiene un gran interés estudiar estos hechos, mucho más que estudiar los teorismos abstractos. Sabemos la repugnancia de nuestros tiempos a constatar hechos, por mucho que se hable de lo contrario. Pero, así y todo, hemos de atenernos a esos hechos -medievales y modernos- para que nos guíen en el juicio sobre las ventajas y desventajas de un sistema cualquiera de orden público.