Educación, Escolarización, Pedagogía
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EDUCACIÓN, ESCOLARIZACIÓN y PEDAGOGÍA


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1. EDUCACIÓN

No INSTRUCCIÓN, que es una parte de ella; la constituyen también IDEALES y HABILIDADES. Los pedagogos  para abreviar acostumbran a aludirla con  tres términos, que pueden ser otros que los antedichos. Por ejemplo: de capacidades hacia habilidades; de la ignorancia hacia el conocimiento; de impulsos a ideales.
Esta palabra designa ahora formar o desarrollar al hombre, que no nace hecho sino por hacer y hacerse. El hombre es educable, además de racional, libre, social, histórico, etc.  
Originalmente, educación significaba  alimentar o criar (educare) y conducir o llevar (ducere). Importa considerar ambas expresiones porque educar involucra  dos procesos a la vez: de fuera a dentro, y de dentro a fuera, esto es, heteroeducación o educación por otro y autoeducación o educación por uno mismo.
    Se tiende a entenderla como un proceso que dura tres septenios. Pero, dura toda la vida. Es permanente. Obviamente, primero prevalece la heteroeducación; luego, la autoeducación.

LA SEMANA INTERNACIONAL (textos) y la EDUCACIÓN

El servicio obligatorio del trabajo a base militar
La SI 21/05/38 p.5-7

    k) El entrenamiento mental se considera actualmente muy superior a la instrucción misma. El saber manejarse en las dificultades intelectuales y técnicas es más importante que la pura pasiva erudición. Y nadie dejará de ver que, a la edad del Servicio del Trabajo, el cerebro está más en condiciones de entrenarse que en las horas juveniles, en las cuales se resbala, más que se trabaja, sobre la vida.
    Ese entrenamiento mental, consistente en "saber pensar" y resolver problemas prácticos de la vida podría recibir, con ese Servicio del Trabajo, un empuje extraordinario. Y las consecuencias serían altamente beneficiosas.

Para la juventud que estudia. Para aprender a vivir: ¿sabe usted de veras viajar en tranvía?
La SI 10/06/39 p.6

    Muchos nos dicen: hay que aprender. El saber no ocupa lugar. Otros, que tal vez saben ver más la complejidad de la vida, explican las frases anteriores, no aceptándolas tal como vienen. Y replican: hay que aprender a vivir.
    Estaríamos en estos últimos. Entusiastas por el saber, la erudición y lo que se acostumbra a llamar cultura, sin serlo muchas veces, no nos prosternamos fanáticamente ante ello a la  manera fetichista.
    Cierto que, de llenarse la base esencial de toda instrucción  -"la Escuela para la vida"- aquella antítesis entre las dos frases no existiría: por el hecho solo de instruir, se tendría un aprendizaje del vivir. Pero esto no es así. Y de ahí la lucha entre lo que se ha dado en llamar Escuela Arcaica y Escuela Nueva. Girando todo alrededor de este problema: aprender cerebralmente o aprender de vivir.
    Desde lejanos años hemos planteado este problema en Chile. Los maestros lo han estudiado, aunque no los programas. La prensa no se ha enterado de que él existía.
    Hay ya tres países en que en los programas de instrucción se ha injertado la asignatura (pase la palabra) "Ciencia de la Vida Usual". En Filipinas la introducían los reformistas. En Méjico se hace bastante en este sentido. En Alemania una hora diaria de la labor escolar se pasa obligatoriamente enseñando a vivir en las cosas usuales. Hay que pensar en ello en Chile y en toda la América. No estamos, ya, en 1923, cuando llamábamos la atención a este respecto.

El mundo y la Escuela Nueva