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Francisco Vitoria Gabriel Aramburu R. de la “Academia de Estudios Internacionales”, Colombia. La SI 30/11/46 p. 12
Francisco Vitoria Gabriel Aramburu R. de la “Academia de Estudios Internacionales”, Colombia. La SI 07/12/46 p. 12 (conclusión).
Actualidad y tragedia de Francisco de Vitoria Gabriel Cevallos García (De “Universidad de Antioquía”) (1) La SI 14/12/46 p. 12
Actualidad y tragedia de Francisco de Vitoria Gabriel Cevallos García (De “Universidad de Antioquía”) (2) La SI 21/12/46 p. 12 (Continuación)
Actualidad y tragedia de Francisco de Vitoria Gabriel Cevallos García (De “Universidad de Antioquía”) (3) La SI 28/12/46 p. 12 (Conclusión)
Francisco Vitoria
Gabriel Aramburu R. de la “Academia de Estudios Internacionales”, Colombia.
La SI 30/11/46 p. 12


    ¡Grande prodigio es descubrir el mundo nuevo de un espíritu! Visitar desconocidas playas y andar misteriosos caminos.  El hombre penetra en aquellos ignotos laberintos sobrecogido por el temor de lo desconocido, palpitante el corazón y ávido el entendimiento. ¿Qué habrá allí, qué estará escondido en ese oscuro recinto? Lleno el corazón de presagios, nos vamos acercando paso a paso al espíritu del coloso.  Allá vamos, allá vamos tras el espíritu de Vitoria como tras de una leyenda esculpida con el cincel del pasado.  Se cansa el corazón con tan rudos diapasones. ¿Querrá el portento comprender nuestra humildad  y entender nuestra inteligencia y ser generoso con esta curiosidad de infante que intenta nada menos que arrancarle sus más grandes y profundos secretos?
    Al biografiar el pensamiento de Vitoria, ya que no es posible reconstruir  el suceso de su vida como hombre, pues todo él estuvo envuelto en las penumbras del claustro, no se pueden subestimar los valores del tiempo  y las razones de la época. Para intentar el retrato de los tiempos y de los hombres y de su conducta, los fenómenos del mundo deben ser mirados con el enfoque del entendimiento como una masa de conjunto. La austera policromía de los siglos nos lleva a considerar los acontecimientos en toda la variedad de sus matices y en la profunda variedad de sus conceptos. Desconocer el valor que le dio el tiempo a los hechos históricos es festinar su contenido, mixtificar sus sucesos y darles una densidad que no tienen. Por eso el sociólogo y el éxito deben recorrer la trayectoria del mundo con la segura brújula del navegante, firme la mano y libre la conciencia de todos los prejuicios.
    En este enfoque retrospectivo de Vitoria debemos deslindar dos patrimonios: el histórico, obscurecido ya por la penumbra del tiempo, y aquél legado de oro que dejó a los hombres del presente en sus obras inmortales. Veréis con qué portentosa fuerza ha taladrado el pensamiento vitoriano la coraza de los siglos. Veréis cómo las doctrinas del dominico son un atisbo sobre el mundo de mañana y un presagio de paz entre los hombres. Veréis cómo aquellas reglas de oro influyeron en el corazón de la sociedad y presionaron el espíritu de las naciones a adoptar leyes menos severas en la solución de sus conflictos. Veréis la frescura y lozanía de sus tesis, el vigor y la exuberancia de sus principios.
    Pero una cosa es la ciencia y otra el genio. Aquella señala perspectivas al entendimiento, pero no logra adherirse a lo imperecedero. El genio es inmortal y da al hombre una conciencia nueva que antes ni siquiera presentía. La función del genio es ecuménica  y la del científico reducida al marco de los tiempos.  Pero ambos impregnan en la sociedad de una manera casi fatal el dinamismo de su intelecto y la fuerza de su espíritu.
    ¿Qué acontecimiento y qué prodigio ocurre cuando en un mismo hombre se conjugan la sabiduría y el genio? ¿Qué clase de colisión es ésta cuando el genio impreca a los hombres para decirles que han obrado mal, que sus juicios morales se han alejado de los ordenamientos de la justicia y que su conducta es un depósito de abominaciones y de infamias? ¡Terrible choque de cíclopes! ¡Un hombre contra un mundo! ¡Un dulce dominico, humanista y teólogo, frente a frente a una sociedad desviada en su camino! ¡Un hombre contra un imperio, un hombre contra la violencia de las pasiones!
    Es el valor otra virtud del espíritu. Lo encontramos pocas veces en el genio porque este es dialéctico, agudo e incisivo, y estas cualidades no le permiten afirmarse a sus ideas como se afirma el soldado a su trinchera. ¿Dudará acaso el genio  de su obra o llegará al escepticismo en fuerza de la densidad de su pensamiento? Erasmo oteó todos los problemas teológicos y morales de su tiempo y observó la crisis de la Iglesia, el florecimiento de la Reforma y desde su atalaya de humanista contempló la lucha que se estaba librando entre ella y la insurgencia del fraile reformista. Pudo Erasmo aniquilar con el acero de su pluma la deleznable arquitectura teológica de Lutero y aplastar a los nuevos herejes con el prodigio de su autoridad y de su inteligencia. Pero le faltó el valor, no tuvo el coraje que pedía la Iglesia en aquellos momentos de angustia a todos sus hijos.
    Queríamos decir que al continuar en la tarea de biografiar a Vitoria, más como espíritu que como hombre, no pueden olvidarse las virtudes que de él hicieron  a uno de los más