P. V. C. La SI 47 04 06
Índice del Artículo
P. V. C. La SI 47 04 06
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14
Página 15
Algo sobre el concepto de responsabilidad republicana La SI 05/04/47 p. 8
¿Por qué fracasan los gobiernos? La SI 12/04/47 p. 8
¿Existen delitos máximos en política? La SI 26/04/47 p. 9-10
Período mítico en la historia de Bolivia La SI 10/05/47 8-9
Sociológicamente hablando, era triste la condición del obrero incaico La SI 17/05/47 p. 9
El Centro Intelectual “Agustín Aspiazu” de Bolivia Palabras que reviven algo que pasó con el tiempo.  La SI 14/06/47 p. 8
El Centro Intelectual “Agustín Aspiazu” de BoliviaPalabras que reviven algo que pasó con el tiempo.  La SI 14/06/47 p. 8
Algo sobre el concepto de responsabilidad republicana
La SI 05/04/47 p. 8


1.- Aunque parezca mentira, es una responsabilidad que da risa
El sentido de responsabilidad debe constituir, necesariamente, algo así como el contrapeso indispensable para el ejercicio del poder público, si acaso no se quiere correr el albur del fracaso, queremos decir la vergüenza de la irresponsabilidad  legal de los actos propios del Gobierno. Pues el poder, ejercido sin noción de responsabilidad efectiva, importa aclarar, sin responsabilidad legal y penal, o siquiera moral, como sanción condigna que, por lo mal hecho, impone la sociedad ofendida, degenera en política de opresión, en tiranía estranguladora, implicando ambas formas una triste regresión a la barbarie de los tiempos pretéritos, cuando nadie podía ser sujeto responsable ante nadie, bien que la responsabilidad física siempre ha existido en todos los tiempos, patentizado en el castigo que recibía el culpable, ora por su negligencia, ora por su transfugio, ora por su traición, en una palabra, por su delito,  aún cuando no se percibiese claramente en esos tiempos la eterna noción de castigo moral, de la sanción hipersensible del espíritu flotando en el medio social. ¿No es así?
Y es sobra sabido que, para colmo de ironía institucional de las naciones, el mundo ha andado ya el espacio considerable, en la historia humana, de veinte siglos de individualismo responsable y responsabilizable ante el supremo tribunal de la razón, de la justicia y del derecho de los pueblos a vivir dentro de un clima de civilización, que es el vivir en un ambiente de libertad y de respeto, es decir, de garantías responsabilizadas no solo ante la ley moral sino también ante la ley penal, con toda su rigurosidad, derivándose ésta de la positividad de aquella, necesariamente. Pero, como por desgracia, vivimos en el país desaprensivo de la nada, sucediendo que, como capciosamente dijo Persio, de la nada nada se crea, ocurre que nadie es responsable de nada; porque, en realidad, la nada que se extiende delante de nosotros, es el gran vacío de la irresponsabilidad que notamos existe en el país. ¿Pero qué mucho, si la primera Constitución misma de la República, declaraba irresponsable de sus actos administrativos, nada menos que al Primer Mandatario de ella? Hasta hoy día, el Presidente de la República es responsable, ciertamente, de sus actos de administración, sólo ante el Congreso Nacional, es decir, es únicamente responsable ante el juzgamiento de un tribunal político, pero no ante un tribunal penal: ocurriendo entonces, por ejemplo, que el gran malversador de fondos públicos, que puede ser, sin lugar a dudas, un Presidente de la República, éste está sobre seguro de salvarse de la cárcel, con que se le puede amenazar; mientras que el particular, que pudo haber invertido más fondos ajenos, no sólo vése amenazado con largos años de prisión, sino que, incluso, de la cárcel misma tiene que iniciar o sostener su defensa… ¿No es así?       

2.- Aunque parezca mentira, es una responsabilidad que da grima
¡Y, sin embargo, esa es la jurisprudencia írrita sentada en la República, y ese es el derecho procesal  para juzgar a los altos dignatarios del país que debe darse por contento al poder juzgarlos! ¿Cómo siempre, según se ve, es el pobre, mejor dicho, es el ciudadano particular el conejo de experimentación  para probar la excelencia de las leyes de la honradez y de moralidad que hay en la República!
Pero, cabe preguntarse, siquiera como haciendo el novato en política, ¿qué se entiende, o debe entenderse, por responsabilidad republicana? ¿Puede señalarse a algunos como a personas responsables de las calamidades no sólo de orden físico, sino también moral, que pueden caer sobre una República? No, por cierto, el lavarse aparatosamente las manos, como Pilatos, estando ahí, delante de él, la imagen sangrante del Cristo representado en el hecho ilegal  consumado. Nótese que solo hablamos de ilegalidad, porque hoy día muy pocos quieren acordarse de que existe también la justicia inmanente de las cosas: hoy por hoy bastan y sobran que las cosas sean legales, aunque sean en sí las cosas más injustas que se conozcan  y que violenten los derechos más esenciales del individuo o de la sociedad. ¡Se ha notado que con esa etiqueta de falsa legalidad republicana, puédese asestar cualquier puñalada al corazón mismo de la patria, con tal que no sea con testigos, ni a la vista de las leyes y de las instituciones, que a veces resultan tristemente falaces!