2.0. No es sólo una realidad objetiva - Página 1
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No es sólo una realidad objetiva (mensurable, asible, delimitable, verificable por cualquiera); es fundamentalmente una realidad superobjetiva (no mensurable, no asible, no delimitable, no verificable por cualquiera).  No es meramente una realidad fáctica; es principalmente una realidad ambital. Es un valor. (Tema: los diferentes modos, las distintas formas de realidad)

            2.1. "El pensamiento contemporáneo (singularmente, el movimiento dialógico-personalista, el existencial, y algunas ramas del movimiento fenomenológico) distingue con energía las formas "objetivas" de realidad y las "inobjetivas". "Das gegenständliche Sein", "l'être objectif" se contrapone drásticamente a "Das unggenständliche Sein", "l'être inobjectif", en Jaspers y Marcel, por citar dos autores muy representativos a este respecto. Realidades "objetivas" son las realidades asibles, medibles, ponderables, delimitables, verificables por cualquiera. Realidades "inobjetivas" son las que ostentan un modo de espacio-temporalidad superior al empírico y no pueden ser delimitadas, pesadas, situadas, cogidas con la mano, etc.Al no ser situables a distancia del sujeto cognoscente  -porque en buena medida comprometen al mismo que quiere conocerlas, al que "envuelven", en cuanto le ofrecen campos de posibilidades de juego-, no son "ob-jetivables", proyectables a distancia. Son, sin embargo, cognoscibles por el hombre con un tipo de conocimiento de participación, en el cual se vinculan conocimiento y amor, conocimiento y acción creativa, conocimiento e inmersión activo-receptiva en las realidades relevantes que hacen posible la fundación de campos de juego."

(López Quintás, Alfonso, El conocimiento de los valores, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) España, 1989 p.19-20; ver tb. p.15,16,20,25-26)

            2.1. Porque no nos entendemos sobre la realidad. Y yo llamo realidad, no lo que es mensurable en una balanza (de la cual me burlo, puesto que no soy una balanza, y me importan poco las realidades de la balanza). Sino a lo que pesa en mí. Y sobre mí pesaese rostro triste, o esa cantata, o ese fervor en el imperio, o esa piedad por los hombres, o esa cualidad de la diligencia, o ese gusto de vivir, o esa injuria, o ese pesar, o esa separación, o esa comunión en la vendimia (mucho más que las uvas vendimiadas, pues aun cuando se las lleve a otra parte para venderlas, yo he recibido lo esencial. Lo mismo que aquél hombre que debía ser condecorado por el rey y que participó de la fiesta, gozó de su esplendor, recibió las felicitaciones de sus amigos, y conoció también el orgullo del triunfo; más el rey murió de una caída del caballo antes de haber colgado de su pecho el objeto de metal. ¿Me dirás que no ha recibido nada ese hombre?).

            La realidad para tu perro es un hueso. La realidad para tu balanza es un peso neto. Pero la realidad para ti es de otra naturaleza.

            Por eso tengo por fútiles a los financieros y por razonables a las danzarinas. No que desprecie la obra de los primeros, sino que desprecio su afectada gravedad, su seguridad y su satisfacción de sí mismos. Pues ellos se creen la meta, el fin y la esencia, cuando no son sino los lacayos. Y sirven ante todo a las danzarinas.

            Pues no te engañes sobre el sentido del trabajo. Hay trabajos urgentes. Como el de las cocinas de mi palacio. Pues si no hay alimento no hay hombre. Y conviene que primero sean alimentados los hombres, vestidos y abrigados. Conviene que sean, simplemente. Y tales servicios son urgentes ante todo. Pero lo importante no es eso, sino su calidad única. Y las danzas, los poemas, los cinceladores de los pisos de arriba, y el geómetra y el observador de las estrellas, que permiten ante todo el trabajo de las cocinas, son los únicos que honran al hombre, y que le dan un sentido..

            Luego, cuando viene aquél que no conoce más que las cocinas que en efecto han acarreado realidades para las balanzas y huesos para los perros, le prohibo hablar del hombre pues olvidará lo esencial, a la manera del ayudante que no considera en el hombre más que su aptitud para el manejo de las armas..."

(Saint Exupéry, Antoine de, Ciudadela, Editorial y Librería Goncourt, Buenos Aires, 1971 p.242-243)