La SI 40 09 07
Índice del Artículo
La SI 40 09 07
Página 2
Página 3
Página 4

La Conferencia en pijama (6)

 

5. EE.UU. quiere de todos, bases navales en América Hispana (continuación).

            d) En el Senado norteamericano se habla constantemente del canal de Panamá y del peligro de que una potencia lejana –serán los alemanes, seguramente- pudiese adueñarse de ese paso. Y se ha formulado con ello un gran problema, que algunos creen ser norteamericano no más; otros creen que es ampliamente americano; y otros creen que es exclusivamente norteamericano pero simulan creer que es ampliamente americano. Entre estos últimos están la Casa Blanca y el Senado de Washington. Ello quiere decir que Panamá ha sido revestido de dotes estratégicas.
            Al tratarse de este problema, los norteamericanos olvidan prologarlo. Estamos conformes en que los asuntos no se remonten a los días de Adán y Eva, cogiendo las raíces de las cosas “ab ovo Ledae”. Pero ningún médico podría curar a nadie, si no se enterase de los inmediatos antecedentes de la enfermedad. Sería un doctor simplón, sintomático y bruto.
            Al tratarse de “posible violencia sobre la zona de Panamá” hay, pues, que comenzar preguntando por el padre y la madre de la criatura. Es lo menos que entre gente puede pretenderse. No fuera que se nos saliera con un hijo de la calle. Ahora bien ¿dónde, cómo y de quiénes naciera esa criatura?
            Sombra del viejo Roosevelt, contesta. Háblanos de la suprema violencia de pillar esta zona a Colombia, aprovechando que ese país estaba en una guerra civil terriblemente dura e hiriendo por la espalda y a traición. Háblanos de los acorazados yankis que protegían la separación de una provincia despoblada, sin carácter ni razón de ser, “previa” la aceptación por los panameños de ceder perpetua y totalmente lo mejor del país, la faja canalera, al extranjero cuyos buques acorazados formaban línea entre Urabá y Colón. Violencia, conquista armada e invasión que era la cuna del canal.
            Este origen ya recordado, se puede entrar con mayor suavidad a hablar de futuras violencias posibles, en la seguridad de que muchas sonrisas se dibujan en los labios…
            Este punto de los peligros estratégicos del canal debería iniciarse por una declaración  solemne que no sabemos por qué razón los patriotas gobernantes de estas Américas no han propuesto todavía: el interés supremo americano en el canal es que quede internacionalizado bajo todos los aspectos y eternamente libre para todos, los de aquí y los de allá. Sería este el interés americano. Fuera de este, no hay ninguno. Porque, en plata hablando, en estas Américas, fuera de los interesados en la Simulación, nadie cree en dos cosas: en que Panamá esté en peligro y en que haya mayor peligro, si lo hay, en manos de una potencia X que en manos de Estados Unidos. En otras palabras: solo con una internacionalización absoluta de Panamá ganarían estos pueblos. Fuera de la cual, allá se las hayan los que quieren exclusivizar Panamá a sus particulares intereses, rompiéndose la crisma, si lo creen bueno, por lograr la hegemonía. Todavía en otras palabras: lo que interesa a América es la no-hegemonía. De tener que haber hegemonía, no hay diferencia alguna que la tenga Estados Unidos, Alemania, Turquía o el Afganistán: a Estados Unidos no le da lo mismo. A nosotros sí.
            Supongamos una hipótesis: que el canal ha sido internacionalizado absoluta y completamente, y que dos o tres países rivales –no, rivales en cuanto a tener Panamá, sino en cuanto a surgir- se pelean a matar por ello. No les envidiamos el gusto, pero se lo respetamos. Habrían de romperse la crisma fuera de las aguas territoriales internacionalizadas del canal. Puestos a pelear fuera de estas aguas, los resultados nos tienen absolutamente fríos. No podemos pelear contra “esta o aquella hegemonía”, sino contra “la hegemonía”, sea de quien quiera, europea o americana, de un lejano o de un vecino, democrática o totalitaria. Esto son cosas ajenas a la cuestión “Esclavitud bajo una hegemonía”. En este caso, la hegemonía del canal.
            Más claro ya no es posible.

            e) Pero entremos en la farsa. Supongamos que América es tan eminentemente torpe, que se pelea a morir contra la hegemonía del Japón, por ejemplo, para tener la dicha de estar bajo la