PRÓLOGO

            Esta Antología, como otras que el suscrito ha elaborado, ha sido confeccionada teniendo en vista un destinatario muy concreto: sus alumnos, singularmente los de pre-grado. Persigue poner en sus manos un conjunto de escritos que, si  quisieran encontrarlos por sí mismos, los obligaría a un trabajo de búsqueda de información -en alguna biblioteca-no exento de dificultades, entre otras que les tomaría mucho tiempo, aunque contaran con la suerte de disponer materialmente de los textos pertinentes. Estos, están aquí  formando un agrupamiento que, al interesado por conocerlos, no le plantea otro compromiso que el de predisponerse a leerlos simplemente.

            Se trata de un conjunto de escritos sobre un tema pedagógico muy específico. Como lo indica el encabezado, la Antología versa sobre los Medios de la Educación. Particularmente sobre uno de ellos, esto es, el Libro y la Lectura como recurso formativo, tanto individual como social.

El hecho o circunstancia que suscitó esta pesquisa es el siguiente: se constata y repite que en nuestros días el libro no goza de la difusión de antaño y que se lee menos. Se insiste en que este recurso técnico, a la vez un bien cultural, ha sido superado en la estimación pública por otros medios de comunicación.

Visto que, para señeras personalidades del mundo de la cultura y la educación, el Libro y la Lectura no tienen parangón en cuanto bienes de índole formativo y cultural, hemos creído pertinente reunir un conjunto de testimonios y reflexiones personales que posibiliten al lector captar lo que está en juego tras el alejamiento de la gente respecto al libro. Y valorizar la lectura como medio de cultura y educación.

El valor que la Antología puede tener radica no sólo en la calidad de cada uno de los escritos seleccionados. Reside, además, en que aquellos, abarcando un asunto muy puntual y circunscrito, estén formando un todo estructurado, consistente simplemente en un ordenamiento cronológico. Lo primero -la calidad de los escritos- puede ayudar a despertar el interés por la lectura y a mantenerlo encendido; son textos de autores connotados, que por uno u otro motivo gozan de nombradía bien ganada. Lo segundo -su ordenamiento meramente cronológico- faculta a la capacidad de comprensión del lector a incursionar, con entera libertad y absoluta iniciativa (si quiere podría leer los textos de atrás para adelante), en los varios aspectos del tema global propuesto: a distinguir sus partes, a relacionarlas, a apreciarlas por el valor o los valores que detentan, a acrecentar su experiencia propia y pedagógica y, en fin, a enriquecerse como persona.

            La Antología consta de párrafos en que sus autores, amantes del libro y la lectura, han exhibido sea el origen de su afición o gusto por este bien y actividad, sea apreciaciones acerca del libro y la lectura como objeto de influjo íntimo y de encuentro interpersonal. Quien lea estas páginas, fuera de que podrá aprehender cómo brotó la inclinación por el libro y la lectura en los autores citados -que, por lo general, felices circunstancias pusieron en el camino de la vida del antologista- estará igualmente en condiciones de plantearse y encontrar respuestas a preguntas como éstas: ¿Por qué leer? ¿Para qué leer? ¿Qué leer? ¿Cómo leer? ¿Cuándo leer? ¿Cuánto leer? Efectivamente, en los diversos textos hay elementos que coadyuvan a encarar estas interrogantes y otras, naturalmente, así como el material necesario para abocarse al intento de solución de las mismas.

                La primera inquietud por abordar el tema dándole esta forma me sobrevino en 1994. Entonces, realicé lo que podría llamar una primera versión de esta Antología. A inicios de este año, aguijoneado por el hecho de que se insistía por varios agentes educativos y culturales -igual que un quinquenio atrás-  en la necesidad de promover el Libro y la Lectura como medios singularmente favorecedores de la  educación y  cultura, tanto a nivel personal como social, decidí actualizarla enriqueciéndola con textos o párrafos que no había incluido en ella, más con los que fui seleccionando mediante las lecturas realizadas desde el año antedicho hasta hoy.

            Obviamente este trabajo, que tiene una ordenación, pudo ser llevado a cabo con una facilidad que años atrás no habría tenido a mi favor. Me la proporcionó el computador u ordenador, instrumento admirable al servicio de quien se ha propuesto un quehacer  de este tipo: el de recopilar información, dándole al material acumulado el orden debido acorde al propósito buscado. La técnica y metodología anterior -la pluma, la lapicera o la máquina de escribir- obligaban a odiosos menesteres con la goma, la tijera, el pegamento o algún fluído, cuando uno erraba o simplemente deseaba agregar o suprimir algo al texto. El computador u ordenador -al que le estoy rindiendo un agradecido homenaje- le ha permitido al feliz usuario introducir constantes modificaciones aquí y allá y, en cualquier momento, al trabajo realizado sin caer en dos trámites decepcionantes: primero, el de lidiar con las enmiendas y los borrones mientras los aguantaba la hoja; segundo, el de tirarla al canasto de los papeles cuando no resistía más, obligando a partir de nuevo con aquella en blanco.