5.0. Es algo distinto y complementario de la generación o procreación - Página 1
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    5.1. La educación "es, a la vez, distinto y complementario de la generación o procreación. Coincide con ella en ser un bien, un beneficio, que los hijos reciben de los padres y al que estos deben ordenar el uso del matrimonio. La diferencia entre procreación y educación no impide que la segunda complete y perfeccione a la primera, que deja al hombre en la necesidad de recibir la ayuda que le permita el desarrollo físico y espiritual necesario para, en su día, poder valerse por sí mismo..." (p.26)                      

"...La naturaleza (...) no tiende solamente a la generación de la prole, sino también a su conducción y promoción  al estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud" (Sum. Theol., Suppl.lll, q. 41, a. 1)(p.28)         

"...el matrimonio está principalmente establecido para el bien de la prole, que consiste no sólo en engendrarla, para lo cual no es necesario el matrimonio, sino además en promoverla al estado perfecto, porque todas las cosas tienden naturalmente a llevar sus efectos a la perfección" (Sum. Theol., Suppl. lll, q.59, a.2)(p.29)

"...En tal sentido, la educación es como una segunda generación. De ahí que Santo Tomás considere a la prole, en tanto que objeto de la solicitud educativa de los padres, y en la primera edad, como algo que se halla sub quodam spirituali útero (Sum. Theol., ll-ll, q.10, a.12)

            La conducción y promoción de la prole no es, sin embargo, propiamente hablando, una generación. Esta tiene por término el ser (sustancial) de lo engendrado, mientras que el término al que aquella conducción y promoción se ordena es tan solo un estado, todo lo importante que se quiera, pero que ya supone dicho ser, con relación al cual se constituye a la manera de una ulterior determinación. Todo lo más que cabe es la analogía que permite decir que el educar es al estado de perfección de la prole como el engendrar es al ser de ésta.

En consecuencia, la conducción y promoción de que se trata, aunque prolonga y complementa al engendrar, no  está en estricta continuidad con él. No es un episodio sobreañadido a otros igualmente integrantes de un solo proceso que constituyese, por tanto, la misma procreación. Supoen ya dada a ésta. Lo que equivale a decir que lo que es término de la una es el punto de partida de la otra, y que la conducción y promoción de la prole, en que el educar consiste, no le da todo el ser que le conviene, sino únicamente aquella parte de él que la generación no puede darle y de la cual, no obstante, es el presupuesto ineludible"(p.32)                            "

(Millán Puelles, Antonio, La formación de la personalidad humana, Ed. Rialp, Madrid, 1963 p.26,28,29 y 32 respectivamente)

     5.2. "Según la concepción metafísica y ética que inspira todo el tratado filosófico-pedagógico precedente, los derechos-deberes educativos residen en los padres exclusiva e inalienablemente.

     La doctrina se puede resumir en los siguientes puntos:                      

a) El orden de los preceptos de la ley natural sigue el orden de   las inclinaciones naturales propias del hombre en cuanto sustancia físico-espiritual.

b) La generación de la prole es una de las inclinaciones específicas que el hombre comparte con los demás animales, pero que debe realizar según la razón.

c) Sin embargo, la generación "humana" de la prole no se agota ni en la sola concepción ni en el nacimiento físico, puesto que quien solo ha salido a la luz, no está todavía en posesión de las capacidades que lo hacen existir y obrar formalmente  como hombre. No existe, en efecto, existencia y vida humana sin el uso de las facultades específicamente humanas de la inteligencia, de la voluntad libre y de la capacidad de vida moral. Y éstas sobrevienen mucho más tarde y no sin una larga y paciente obra de educación.

d) Si los padres no extendiesen su solicitud por el acto generativo, incluyendo en él el momento educativo, que es su elemento constitutivo esencial, irían contra la naturaleza integral de la inclinación específica a la generación, mutilándola en su finalidad propia, reduciéndola a un aspecto parcial. La privarían, precisamente, de su significado específico, reduciéndola a un puro hecho sensual, egoísta, y a un acto moralmente reprobable.

e) Es éste el fundamento natural del nacimiento de la sociedad conyugal sobre la base del matrimonio monogámico e indisoluble, y el de constituirse y perpetuarse, de hecho, la unión del hombre y la mujer; unión que, en cuanto humana, exige también la comunión de las mentes y de las voluntades en el auténtico amor, y constituye el elemento material, mientras que la intención y la acción generativa en sentido integral, constituye su elemento finalizador y formal.

f) Por tanto, pertenece a la sociedad familiar -que es la conyugal enriquecida con la presencia de los hijos-, como función propia y exclusiva, aquella generación continuada que es la educación. Esta pertenencia es anterior a los derechos de cualquier otra sociedad. En efecto, la generación de la prole en sentido humano integral, y la sociedad conyugal y familiar postulada por ella, tienen su origen en una inclinación natural que es, lógica y ontológicamente distinta y anterior a la pertenencia del individuo a otras formas asociativas, civiles, religiosas, profesionales, etc.