JVG Justificación de la Antología - Página 1
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1.0. "En las universidades y escuelas de la Edad Media existía un hermoso régimen de libertad y entrenamiento autónomo, cuya descripción ocuparía largas páginas. Recordemos, sólo, el aspecto intelectual de aquella instrucción tan característica.

            El profesor o catedrático no era profesor ni catedrático, nombres ampulosos del régimen pasivista. Profesor quiere decir dogmatista, impositor, tirano intelectual. Catedrático equivale a definidor, forzador, excomulgador ex cathedra. Aquella época, tan fresca y espontánea como sinceramente humilde, no admitía tan pretenciosos nombres. Y llamaban al profesor "lector". Nombre simpático, llano, bajo el cual actuaron talentos tan famosos como Tomás de Aquino, Gersón, Averroes, Ramón Llull, Arnau de Vilanova.

            El lector llevaba, bajo su brazo un libro. Un libro cualquiera, que servía de motivo de la lección. Este libro estaba conforme con las ideas del lector o era contrario a ellas. No importaba. Porque lo esencial no era el libro, sino las discusiones, las polémicas, las críticas, las observaciones, las ideas que alrededor de lo que se leía iban surgiendo.

            El lector leía un trozo del libro. A las pocas líneas, el profesor o un oyente cualquiera comenzaba las observaciones. A veces una loanza. A veces una aclaración. A veces una duda. Muchas veces un juicio contrario y aún una diatriba calurosa. Tomaban parte en ella varios.Se entrelazaban las ideas y los argumentos. Chocaban ideales y juicios. Se armaban grandes discusiones, largas y terribles polémicas, dentro de un margen de calor, de gritos, de entusiasmos. Se cruzaban silogismos como bombardas. Y, entre silogismo y silogismo, se deslizaban fieros puñetazos y las narices sangraban.

            Hermosa y bella época, en que, por el amor del saber, se formaban bandos de escolares en Salamanca, la Sorbona, Montpellier y Bolonia; y las polémicas salían a la calle; y volaban sillas y prédicas y garrotazos; y toda una ciudad se ponía de pie, rojos los bandos de santa indignación, por si las esencias eran reales o ideales, si las ideas eran activas o pasivas, si la luz era simultánea o posterior al foco que la producía...

            He ahí una verdadera educación intelectual, a base de libertad, de auto-entrenamiento, de auto-formación, de iniciativas vivas, de formación cerebral."

(Bardina Castará, Juan(1877-1950), El por qué del fracaso de la escuela hija de la Revolución Francesa, en BOY, n.87-88, Octubre, 1925, p.91-92)

2.0. "En las disquisiciones que siguen, me atendré algo al método de discusión que se practicó durante siglos  en las universidades de la cristiandad medieval. Como puede observarse en algún artículo cualquiera de las grandes Sumas, se procedía de la manera siguiente: en primer lugar se formulaba con la mayor precisión posible una cuestión que se quería discutir, acompañada de una propuesta de solución, a veces solamente entrevista. De esta forma, el que así preguntaba, guardaba silencio primeramente y se convertía en oyente, atento al adversario y sus posibles objeciones. Más exactamente, el mismo que preguntaba era el que exponía los reparos en la forma más concisa y convincente. Era éste un procedimiento muy ambicioso y arduo, pero sobre todo sumamente razonable. En efecto había una cosa sobre la que ya nadie podía llamarse a engaño: en el tema discutido se trataba de algo que se podía enfocar de diferentes maneras, o sea de un tema que por naturaleza era discutible; por naturaleza y no sólo en virtud de las múltiples facetas objetivas de la cuestión en sí, sino también debido a la peculiaridad del mismo que aspiraba a conocer, o sea del sujeto. Este, en efecto, no es el particular abandonado a sí mismo, no es uno, sino muchos, en una palabra, para ser exactos, todos los hombres. Así pues, con el mismo modo de proceder, se traía insistentemente a la memoria que la búsqueda de la verdad es un asunto humano común, que naturalmente se lleva a cabo en forma de diálogo o coloquio, posiblemente en forma de discusión, incluso quizá como una discusión inacabable, que acaso no llegue nunca a una solución definitiva -como por ejemplo, cuando se propone para discusión un tema propiamente filosófico".

(Pieper, Josef, Defensa de la Filosofía, Ed. Herder, Barcelona, 1982 p.11-12)

3.0."La conversación y el "hombre total"

            "¿Qué decir, entonces, de los procesos que conducen al desarrollo de un hombre "educado" en su pleno sentido, es decir, de un hombre cuyo conocimiento y comprensión no se confina a una forma de pensamiento o conocimiento? En la actualidad se planea toda clase de experimentos educacionales para "liberalizar" el entrenamiento vocacional y asegurar que la especialización prematura no distorsione la visión que los hombres tienen del mundo. Sin duda se impone la corrección metódica de la especialización, aún cuando es posible argumentar que el sitio en que debe aplicarse no es la universidad sino la escuela. Pero la cuestión es otra: saber si bastan las situaciones explícitas del aprendizaje para hacer aparecer esta visión integrada. La forma clásica de obtener esta "visión" no está representada, ciertamente, por los cursos, sino por la conversación.