14.0. No consiste en un mero perfeccionamiento natural - Página 1
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            14.1. "Sócrates.- Pero entonces, los hombres no son buenos por naturaleza.

            Menón.- Parece que no.

            Sócrates.- Porque he aquí lo que sucedería. Si los hombres de bien fuesen tales naturalmente, habría entre nosotros personas que averiguarían quiénes eran los jóvenes buenos por naturaleza, y luego los darían a conocer, los recibiríamos de sus manos, y los pondríamos en depósito en el Acrópolis, bajo un sello, como se hace con el oro, y aun con mayor esmero, para que nadie los corrompiese hasta que llegasen a la mayor edad y pudiesen ser útiles a su patria.

            Menón.- Conforme, Sócrates.

            Sócrates.- Pero si los hombres buenos no lo son por naturaleza, ¿se hacen tales por la educación?

            Menón.- Me parece que es una consecuencia necesaria."

(Platón, Diálogos, Ed. Porrúa, México, 1984  p.219)

            14.2. "El hombre verdadera y plenamente natural, no es el hombre de la naturaleza, la tierra inculta: es el hombre de las virtudes, la tierra humana cultivada por la recta razón, el hombre formado por la cultura interior de las virtudes intelectuales y morales. Sólo él tiene una consistencia, una personalidad.

            (...) Pero la naturaleza no forma en nosotros su rostro sino cuando está terminada por el espíritu, el hombre no obtiene su verdad sino al ser modelado desde adentro por la razón y la virtud (...)"

(Maritain, Jacques, Religión y Cultura, Editorial del Pacífico, Santiago de Chile, 1975 p.18; ver tb. Bars, Henri, La política según Maritain, Ed. Nova Terra, Barcelona, 1966 p.31)

            14.3. (...) "es también necesario advertir que la conducción y promoción educativas no son un mero proceso de madurez o desarrollo biológicos, espontáneamente realizado(...)

            La conducción se opone a la idea de un despliegue espontáneo, es decir, a la noción de un desarrollo sólo naturalmente predeterminado y que, por tanto, como indefectible, no necesitara del concurso de un factor especial, extrínseco a la prole, y que confiriese a ésta, en su evolución educativa, una orientación y un encaminamiento intencional. Hablar de conducción es justamente referirse a un proceso al que se imprime una dirección, de la que es susceptible, pero que no tendría en absoluto, o por lo menos de un modo conveniente, si el ser al cual afecta quedara abanonado a sus solas fuerzas naturales."

(Millán Puelles, Antonio, La formación de la personalidad humana, Ed. Rialp, Madrid, 1963 p.33)

            14.4 "Mas la perfección determina genéricamente lo que es la educación; pero no la especifica. En otras palabras: toda educación es una perfección, más no toda perfección es educación. En primer lugar, nos encontramos con la existencia de una perfección natural, es decir, una perfección que surge de la evolución espontánea del ser, de la evolución espontánea del hombre. No podemos pensar sin más que la educación sea este perfeccionamiento natural. Incluso los más extremados representantes de la Pedagogía naturalista, aún cuando hablan de la naturaleza como la gran educadora, no por eso descartan la idea de una intervención no natural en el proceso educativo. Así, Rousseau, el gran corifeo enamorado de la Naturaleza y enemigo de todo lo que fuera intervención social en la educación, se contradice a sí mismo hablando de la felicidad de Sofía y Emilio como obra de un maestro(1), después de haber dicho anteriormente que ambos son alumnos de la naturaleza(2). Y Spencer, a quien se puede considerar como el autor pedagógico más sistemático del naturalismo, habla de dirigir la inteligencia a fin de preparar al hombre para vivir vida completa(3). Hasta los anarquistas, que reducen el papel del maestro a espectador y consultor de los educandos, hablan de "vigilar y dirigir la actividad de los escolares", lo cual también presupone una influencia extraña, por mínima que sea, en la educación de los hombres. Es decir, que hasta los que por estar radicados en una filosofía naturalista consideran la naturaleza como principio del ser y como principio de la educación y de la evolución del hombre, tienen que admitir, en el proceso evolutivo al cual dan el nombre de educación, la existencia de factores extraños al desenvolvimiento  puramente natural del hombre.