16.0. Consiste en una acción -actividad o proceso- tendiente a un fin, a través de medios - Página 1
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            16.1 "Casi todos nosotros estaremos de acuerdo, en teoría al menos, en lo que es una acción humana; y ciertamente todos convendremos prácticamente al determinar cuándo un hombre obra humanamente. En teoría un acto es humano cuando el hombre tiene control sobre él, cuando lo realiza deliberadamente, esto es, con premeditación, con un razón precisa, para conseguir un fin determinado. Cuando, después de algún tiempo, recuperamos la serenidad sobre lo hecho y nos preguntamos a nosotros mismos asombrados "pero por qué hice yo eso", para contestarnos únicamente que no existe respuesta alguna a ese "por qué" de la pregunta, tenemos razón para concluir que necesitamos dormir, o unas vacaciones, o visitar al médico. Porque, si es cierto que un ser humano ha realizado de manera cierta un acto, también lo es que no actuado humanamente. De hecho poseemos abundante fraseología para expresar la diferencia entre la acción humana y la que no lo es. Dice la sirvienta: "Lo siento, yo no quería hacerlo", y, por supuesto, debemos aceptar la excusa, aún cuando el café vertido sobre nosotros esté, a diferencia del que sirve todos los días, increíblemente caliente. El hombre cuyo pie queda aprisionado en una aglomeración del "Metro" dice lo que dice porque "está furioso", porque "no es el mismo". Estamos "fuera de nosotros mismos" por la indignación, "enajenados, alienados, desmemoriados, abatidos, histéricos, aterrados", y, por supuesto, nuestras acciones no son humanas.

            Porque, si fueran humanas, deberían ser hechas por alguna razón, por algún fin, para algo. Porque, después de todo, la acción está en función de la adquisición del objeto del deseo, y el objeto del deseo es precisamente la meta o el fin de esa acción particular. Por tanto, el estudio de la felicidad no puede comenzar por el principio; está íntimamente relacionado con el fin o meta. No es que la cabeza del hombre está ofuscada, sino más bien que el hombre es de tal condición que es preciso comenzar por el fin. No vive la vida hacia atrás, sino que posee la facultad divina de reflexionar y contemplar su vida, o de mirar hacia adelante, y así es capaz de pareciar su significado, como también su índole. Y mirando de este modo, verá que el fin hace algo más que razonar la acción hacia él dirigida; algo más que explicar la existencia de esa acción, porque de la determinación de la naturaleza a ese fin depende el significado de toda la vida del hombre, la naturaleza de toda su actividad, el mismo destino del hombre".

(Farrel, Walter, O.P., Guía de la Suma Teológica, ll Búsqueda de la felicidad, Ed. Morata, Madrid, 1962 p.20-21; ver tb. 19-24)

            16.2 "En general, la palabra fin significa el término de una cosa. Y así decimos que la muerte es el fin o término de la vida.

            Con relación a las actividades de un agente cualquiera, el fin representa aquello cuya consecución le hace descansar y cesar en su actividad.

            Si se trata de un agente racional, que conoce y obra siempre por un fin, se le define: aquello por lo cual se hace una cosa. Es lo último que se consigue, pero lo primero que se intenta. Sin una determinada finalidad, el hombre no se movería, o lo haría sin ton ni son, como un verdadero autómata. Todo acto verdaderamente humano supone el conocimiento y la intención de algún fin determinado, a la consecución del cual se ordena, precisamente, la actividad del hombre."

(Royo Marín, Antonio, Teología Moral para seglares, l Moral fundamental y especial, BAC, Madrid, 1973 p.16; ver tb. p.16-22)

            16.3 "El hombre que ama la autenticidad rechaza la fatalidad del fracaso, está persuadido de que es depositario de un formidable poder creador.

            Los filósofos estáticos han concebido la realidad humana, ya como un animal racional, ya como una simple unidad económica. En la perspectiva dinámica, existencial, hay una sola definición que pueda expresar casi adecuadamente toda la riqueza del ser humano:el hombre es un ser-llamado. Pese a las prevenciones bastantes justificadas contra las conclusiones demasiado apresuradas de un finalismo ingenuo, lo que la historia y las ciencias nos enseñan parece autorizar la hipótesis de que todos los seres naturales de nuestro universo tienden a un fin, aún cuando no estemos en condiciones de saber cuál es el fin de cada ser particular. Estos seres naturales llegan a él por la fuerza de un automatismo inmanente, de una especie de fatalidad biológica. El hombre debe escuchar fuera de él el llamado que lo invita a tomar en su mano la relización de su propio destino. Debe descubrir la voluntad particular y personal del Creador respecto de él, y perfeccionarse a sí mismo conforme a las indicaciones de esta voluntad."

(Lepp, Ignace, La existencia auténtica, Ed. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1965 p.26-27)

            16.4 "Lo que antecede nos conduce a un planteamiento integral del problema de la educación en el que aparece la pedagogía  como doctrina de los fines y como doctrina de los medios educativos simultáneamente derivados de una doctrina antropológica. Estos conceptos explican la estructura dada a este libro acerca de la educación y sus problemas ineludibles, articulados entre sí. Esta estructura permite configurar una pedagogía total e indivisible que mira a la educación como un fenómeno vivo, como la experiencia formativa de un hombre concreto. Experiencia que guarda íntima conexión con la compleja integridad del individuo y con la totalidad de la vida cultural del pueblo, su historia, su estado presente y sus ideales. Esta pedagogía total sustentará y realizará un concepto pleno y profundo de la educación.