La SI 40 09 21
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La Conferencia en pijama  (8)

10. Lo que decíamos trece años atrás  (continuación)

un submarino por cada 100 que corresponderían a Gran Bretaña. Inútil decir que esta tendría en sus manos la suerte de Italia, sin defensa posible ante el relativamente inmenso poder de aquellos dos grandes pueblos.
            De este modo el desarme naval proporcional extensivo a todos los tipos de barcos, si fue superficialmente un aspecto simpático, constituía en el fondo y evidentemente la anulación “de facto” de la soberanía de los pueblos a favor de los dos grandes países sajones. Y es por esto que nosotros hemos hablado del “anguis sub herva” y que un gran escritor –y precisamente sajón, Lloyd George- haya podido añadir pintorescamente que ese desarme proporcional no era otra cosa que “una tupida superficie de ramas de olivo, símbolo de la paz, ocultando hipócritamente los enormes dientes de un carnicero”. La figura es exacta, y explica nuestra manera de ver en forma precisa
            De ahí la continuada insistencia de Gran Bretaña y Estados Unidos, desde aquella Conferencia, en extender el desarme proporcional marítimo a las pequeñas unidades.en Ginebra lo han propuesto muchas veces. Y para Estados Unidos es tan importante el asunto ante sus comprensivos deseos de hegemonía, que ello ha sido la causa principal de que se decidiese Norte América a ir a Ginebra, después de haber tan reciamente blasfemado de la Liga de Naciones
            Esa hegemonía marítima tiene para Gran Bretaña una finalidad más moral que la de una simple hegemonía. Vive ese país, por la incapacidad absoluta de sus famosos políticos del X1X, a merced del exterior. La cocina inglesa se nutre de lo que viene de afuera.  Gracias a una política económica y social absurda, las tierras británicas han devenido incultas. Y el no poseer la seguridad de dominar el mar, puede llevar al país, en un instante determinado, al hambre absoluto.
            De ahí la insistencia de Robert Cecil, en toda ocasión propicia, de meter ese problema del desarme marítimo proporcional entre los asuntos a tratar por la Liga. Más, ello ha fracasado siempre, ante la negativa absoluta de Francia, Italia, España y demás potencias de segundo orden, que han comprendido al momento el peligro enorme que yacía bajo la simpática trampa que se les preparaba.
            Cuando, un año atrás, el Gobierno norteamericano volvió astutamente sobre el asunto, ya las demás naciones no trepidaron en hacer constar oficialmente su negativa absoluta. Y cuando, con excusas de Locarno, se lanzó desde Londres y Washington, otra vez, la necesidad de un desarme proporcional, “cosa que –decían- hacía posible el triunfo del espíritu pacifista en Locarno”, no se dejaron engañar los pueblos amenazados y una respuesta a la cuestión fue planteada netamente y sin ambages por Francia e Italia.
           
            c) La tesis de M. Briand –en este caso incontrovertible- se podría formular brevemente mediante tres proposiciones igualmente lógicas:
            no hay desarme posible sin que los pueblos chicos o medianos tengan la seguridad absoluta de que no serán atacados por los dos mayores;
            esa seguridad se logrará, no desarmándose los pueblos proporcionalmente, sino aboliendo todos los pueblos toda su marina de guerra;
            de no pasarse por todo, los pequeños pueblos tienen derecho a contar sin limitación alguna con barcos defensivos: (submarinos, cruceros, destructores, hidroplanos, mineros, etc.) que sean la garantía y el escudo de su independencia.
            La primera proposición, brilla por su evidencia. A pesar de ello, un talento tan claro como Robert Cecil no la comprendía. Y soltaba largas sartas de disparates en las antesalas de la Liga de Naciones. Sin seguridad ¿cómo va a desarmarse pueblo alguno? Tocaría los lindes de la idiotez que España, por ejemplo, se conformase a no poseer más de dos submarinos ante los 200 de Gran Bretaña, quedando indefensa merced a ese país. A pesar de esa evidencia, defendía