18.0. Es a la vez un proceso de heteroeducación y de autoeducación - Página 1
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18.01 "Con no menor cuidado debe estudiarse la misión de la nueva maestra. Ella puede ayudar al niño en su ascensión hacia el perfeccionamiento y hacia la cultura y ella puede destruirlo todo. No es fácil obtener de ella  una renuncia a sus antiguos derechos, una convicción de no poder hacer directamente nada respecto a la cultura, respecto a la disciplina del niño; de hacerla vivir confiada en las fuerzas interiores del alma infantil. Ella querrá siempre aconsejar, corregir, enseñar a los niños, mostrarles la superioridad de la experiencia y de la cultura, porque hasta ahora no ha escuchado la voz del reloj que lleva en sí misma, y si no se halla revestida de humildad no podrá tener éxito. La divisa de San Juan, el precursor, debe ser su divisa: "Conviene que él crezca y que yo disminuya".

(Montessori, María, Ideas Generales sobre mi método, Ed. Losada, Buenos Aires, 1965 p.34)

18.02  "...El concepto de la autoeducación es en verdad una transposición analógica de aquél proceder y proceso auténticamente pedagógico por el cual un hombre actúa sobre otro. La vivencia educativa originaria no es la experiencia de una división del yo en algo dominante y algo guíado, conducido, sino el hallarse en una relación pedagógica respecto a un conductor. "¿No comienza la educación sólo en el momento en que el yo es separado mediante una totalidad superior, que nos saca y nos libera de nosotros mismos?" (Fr. W. Förster). En la vivencia educativa del joven  se halla esencialmente contenida la entrega al maestro y la experiencia de un crecimiento y de una formación por los demás. La mera experiencia del deber en sí -si ella brota en mí vivazmente sin la comunidad educativa- es una experiencia ética, que ciertamente tiene una gran significación para la pedagogía, pero que aún no es la experiencia educativa como tal. La educación termina allí donde el hombre llega a ser adulto, es decir, según Schleiermacher cuando la generaión más joven se coloca de un modo autónomo a la misma altura que la generación más vieja en el cumplimiento de la tarea moral; la pedagogía tiene entonces por fin hacerse superflua y convertirse en autoeducación, la cual se prosigue hasta la muerte. Pero con esto se expresa hacia arriba el límite de la pedagogía, donde se convierte en ética. Desgraciadamente, esto no ocurre de modo que nos sea ofrecido el yo superior sin educación, , sino que tiene ser despertado , purificado y afirmado antes de que pueda educarse, y aun queda siempre un momento de dedicación y recepción en la relación religiosa que tiene carácter pedagógico. Por tanto, aun partiendo de la vivencia educativa del alumno, el fundamento de la educación lo constituye la comunidad educativa entre el educador y el alumno, con su voluntad de educación. Y así como en el comportamiento pedagógico , en el ser padre, madre, maestro, se cumple una parte de nuestra vida, que no es sólo medio sino que tiene su propio sentido -una pasión con dolores y alegrías propios- así también para el alumno la relación pedagógica es un trozo de su vida misma, y no sólo medio para llegar a ser adulto -lo cual dura también mucho tiempo, y muchos nunca alcanzan el fin. Entre las pocas relaciones que nos son dadas en la vida: amistad, amor, comunidad del trabajo, la relación con el maestro auténtico es quizá la más fundamental, la que llena y forma más intensamente nuestra existencia. Sólo cuando se entiende así la relación pedagógica tanto por el maestro por el alumno, se reconoce su plena significación vital, la cual constituye  también un motivo poético de primer rango aun con la tragedia en ella contenida."

(Nohl, Hermann, Teoría de la educación, Ed. Losada, Buenos Aires, 1968 p.43-44)

18.03  Un principio general de la educación a tener en cuenta: "El de la independización del educando, es decir, la progresiva mengua de la instrucción normativa y el aumento consiguiente de la capacidad de aprender por sí mismo, no sólo colectiva sino individualmente (mencionemos aquí el método de proyectos)."

(Göttler, Joseph, Pedagogía Sistemática, Ed. Herder, Barcelona, 1962 p.250)

18.04   "El concepto tradicional de la educación intencional centraba su atención unilateralmente en la acción del adulto sobre el niño. Descuidaba la autoeducación. El conocimiento de la ley de disminución de la acción educativa de los demás al crecer el niño, con aumento correlativo de la educación de sí mismo, no produjo de momento grandes cambios. La tendencia a conceder mayor atención a la autoeducación tuvo su origen en las investigaciones sobre la pubertad, con sus esfuerzos y movimientos de formación de sí mismo (asociaciones infantiles y juveniles), en la mayor atención prestada al libre albedrío de la personalidad en desarrollo (educación liberal, democrática e integradora, con autogobierno, o, mejor dicho, cooperación en el gobierno; educación de la voluntad) y en la consideración de partes esenciales de la ascética. También debe consignarse las contribuciones, menos atendidas, de la pedagogía inspirada en la psicología individual (Oscar Spiel, Ferdinand Birnbaum) y, finalmente, de los esfuerzos autoformativos profesionales de los propios jóvenes, de bastante consideración en estos últimos años. Interesa a la pedagogía que se desplieguen en el educando las potencias todavía no desarrolladas, que se actualicen con libertad y responsabilidad, en beneficio de la formación de la personalidad. Considerando esto y teniendo en cuenta que el sentido de responsabilidad empieza hacia la edad de siete años, según aprecia empíricamente la moderna psicología del desarrollo ("pequeña pubertad" de Busemann, Gessel, Hetzer), se amplía considerablemente a los catorce y llega a la madurez a los veintiuno, comprenderemos que la libertad en la autoeducación debe ocupar un lugar progresivamente mayor, retrocediendo la heteroeducación a compás del aumento de la educación del individuo por por sí mismo. Además, la heteroeducación debe tender desde el principio a preparar la autoeducación y a convertirse en superflua, ya que ésta es la mejor manera de cumplir su misión."

(Henz, Hubert, Tratado de pedagogía sistemática, Ed. Herder, Barcelona, 1968 p.30-31; ver tb. p.35, 40, 167)