20.0. Es a la vez un proceso individual y social - Página 1
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             20.1 "¿Debe predominar el término individual o el término social en la educación? Corresponde resolver, antes de todo intento educativo, si se educa con preferencia al ser como individualidad o al individuo como ser de la comunidad. Acaso sea necesario recordar el alcance bifuncional de la educación: individual y social a la vez. Una vez más se comprende la necesidad de plantear el problema de la concepción del hombre antes que el problema de la educación. Si no se lo concibe como mera individualidad, y en cambio se lo afirma como ser social que desenvuelve su conciencia moral en la convivencia con sus semejantes, se debe buscar la fórmula educadora que renuncia a todo aislamiento individualista. Habría que identificar educación y comunidad, entendiendo a ésta como el ámbito donde debe desenvolverse y formarse la personalidad."

(Mantovani, Juan, Educación y Plenitud Humana, Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1972 p.7)

            20.2 "La naturaleza siempre está ahí. Se sostiene a sí misma. En ella, en la selva,podemos impunemente ser salvajes. Podemos, inclusive, resolvernos a no dejar de serlo nunca, sin más riesgo que el advenimiento de otros seres que no lo sean. Pero, en principio, son posibles pueblos perennemente primitivos. Los hay. Breyssig los ha llamado "los pueblos de la perpetua aurora", los que se han quedado en una alborada detenida, congelada, que no avanza hacia ningún mediodía.

            Esto pasa en el mundo que es sólo naturaleza. Pero no pasa en el mundo que es civilización, como el nuestro. La civilización no está ahí, no se sostiene a sí misma. Es artificio y requiere un artista o artesano. Si Usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa usted de sostener la civilización..., se ha fastidiado usted. En un dos por tres se ha quedado usted sin civilización.. ¡Un descuido, y cuando usted mira en derredor, todo se ha volatilizado! Como si hubiese recogido unos tapices que tapaban la pura naturaleza, reaparece repristinada la selva primitiva. La selva siempre es primitiva. Y viceversa: todo lo primitivo es selva."

(Ortega y Gasset, José, La rebelión de las masas, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1958 p.84)

            20.3 "No hay adquisición humana que sea firme. Aún lo que nos parezca más logrado y consolidado puede desaparecer en pocas generaciones. Eso que llamamos "civilización" todas esas comodidades físicas y morales, todos esos descansos, todos esos cobijos, todas esas virtudes y disciplinas habitualizadas ya, con que solemos contar y que en efecto constituyen un repertorio o sistema de seguridades que el hombre se fabricó como una balsa, en el naufragio inicial que es siempre el vivir-, todas esas seguridades son seguridades inseguras que en un dos por tres, al menor descuido, escapan de entre las manos de los hombres y se desvanecen como fantamas. La historia nos cuenta de innumerables retrocesos, de decadencias y de degeneraciones. Pero no está dicho que no sean posibles retrocesos mucho más radicales que todos los conocidos, incluso el más radical de todos: la total volatilización del hombre como hombre y su taciturno reingreso en la escala animal, en la plena y definitiva alteración. La suerte de la cultura, el destino del hombre, depende de que en el fondo de nuestro ser mantengamos siempre vivaz esta dramática conciencia y, como un contrapunto murmurante en nuestras entrañas, sintamos bienque sólo no es segura la inseguridad."

(Ortega y Gasset, José, El hombre y la gente, E. Revista de Occidente, Madrid, 1970, Tomo l p.43-44)

            20.4 "Al comienzo he distinguido el caos como materia primigenia -que se da inmediatamente después de la nada, vacío sin límites, algo amorfo, posibilidad absoluta, en sentido pasivo, en manos de la plenitud de posibilidades, la omnipotencia, el poder creador de  Dios-, y el caos como obra humana -como desorden, inversión de un rden creado, pues más que eso no puede el hombre, y ya es bastante, realmente, para una creatura como el hombre, como ahora lo estamos viendo-; el hombre no puede, en sentido positivo, crear la Nada      -contradicción absurda-, aunque quisiera; a lo más o a lo menos -aquí estamos en el mar sin fondo de la Dialéctica- lo que puede el hombre es "reducir a la nada"; de lo que Dios créo en su día no puede el hombre crear la "nada" -esto es un contrasentido, al que en vano intentará eternamente dar realidad el angel caído-; lo que sí puede es destruir y aniquilar lo que le ha sido adjudicado, por ser libre, en sentido creador, es decir, la cultura, pues ésta pertenece esencialmente al hombre, pero no la "Naturaleza", que procede de Dios y de su poder creador, y por eso está protegida del poder destructor -la impotencia-, del hombre. De ahí el poder afirmar, que precisamente como nihilista, cosa que el hombre actual es de buen grado, se manifiesta el hombre como el impotente absoluto."

(Haecker, Theodor, ¿Qué es el hombre?, Ed. Guadarrama, Madrid, 1961, p.110-111)