21.0. No consiste en un mero proceso de asimilación cultural - Página 1
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No consiste en un mero proceso de asimilación cultural, de adiestramiento, de habituación, de acostumbramiento, de adaptación social

            21.1 "No podemos tolerar que se llame a la costumbre -siempre que sea algo más que la mera aceptación pasiva de un proceso de asimilación o que un puro adiestramiento- "educación en sentido impropio", y que se la oponga a la enseñanza y a la inspiración que agotarían la "educación en sentido estricto". En todos los dominios de la vida, sin exceptuar el de la moral, hay que procurar adquirir costumbres o hábitos. La costumbre moral adquirida conscientemente disminuye en verdad la moralidad formal del acto singular, pero no el valor moral de la persona. Al contrario, lo acrecienta, porque el esfuerzo con que se aplicó a la creación del hábito moral sobrevive en ella y se transfiere al mérito de los actos posteriores. Unicamente las costumbres ciegas -es decir, aquellas cuyo sentido y valor nunca penetró en la conciencia y, por consiguiente, no pueden influir ni virtual ni habitualmente en los actos- quedan al margen de la "habilidad inteligente."

(Göttler, Joseph, Pedagogía Sistemática, Ed. Herder, Barcelona, 1962 p.71; ver p.70-71)

            21.2 "Demostraremos más adelante que la educación es más que una transmisión de la cultura, que es más que la ayuda prestada a una persona en su labor de adaptación a una cultura objetiva determinada. Hemos afirmado ya que es la realización de sí mismo y la ayuda proporcionada para esta realización. Queremos hacer notar ahora que esta tesis plantea el problema de como dirigir u orientar una vida. La reflexión sobre la conducta de la vida humana corresponde a la pedagogía. Podríamos considerarla también como dependiente de la filosofía, y tambien, en lo que nos concierne, de la concepción católica del mundo. Sin ella como fundamento, la pedagogía no tendría ninguna base. La misma educación se haría imposible, porque no podría referirse a ninguna norma, a ningún juicio de valor, los cuales radican, en definitiva, en una concepción del mundo."

(Kriekemans, A., Pedagogía General, Ed. Herder,Barcelona, 1968 p.29-30; ver tb. p.39,40,216,374,389,417,501)

            21.3 "La educación no tiene por finalidad  condicionar al niño al conformismo de un medio social o de una doctrina de Estado. No se debería, por otra parte, asignarle como fín último la adaptación del individuo, sea a la función que cumplirá en el sistema de las funciones sociales, sea al papel que se entrevé pata él en un sistema cualquiera de relaciones privadas.

            La educación no mira esencialmente ni al ciudadano, ni al profesional, ni al personaje social. No tiene por función dirigente el hacer unos ciudadanos conscientes, unos buenos patriotas o pequeños fascistas, o pequeños comunistas o pequeños mundanos. Tiene como misión el despertar seres capaces de vivir y comprometerse como personas.

            Nos oponemos, por tanto,a cualquier régimen totalitario de escuela que, en lugar de preparar progresivamente a la persona para usar de su libertad y de sus responsabilidades, la esteriliza en el inicio doblegando al niño al triste hábito de pensar por delegación, de actuar por consignas y de no tener otra ambición que estar situado, tranquilo y considerado en un mundo satisfecho."                                             

(Mounier, Emmanuel, Manifiesto al servicio del personalismo, Taurus, Madrid, 1976 p.93-94)

            21.4 (...) "Pero el campo de la verdadera educación limita con el de la adquisición de costumbres. Realmente también en el terreno moral se distinguen buenas y malas costumbres, pero en tanto que uno se encuentre aquí con costumbres, se manifestarán de seguro como malas. Existen costumbres aprovechables y útiles; pero no existen "buenas costumbres".

            Los antiguos crearon el concepto de virtud para designar eso a lo que el hombre aspira para vivir como hombre y conseguir su meta como tal. Y para expresar tal concepto se utilizaron dos términos: el de virtus y el de habitus.

               "Con él se indica una manera especial del tenerse a sí mismo, de la propia posesión, con la que el hombre se asegura de lo que él mismo es"(1) 

            Este "tenerse a sí mismo", esta virtud o conducta, como también se puede traducir la palabra habitus, no tiene nada en común con la costumbre; antes bien, virtud es "lo más opuesto a costumbre"(2), "la fuerza moral en persecución de su deber, que nunca ha de hacerse costumbre, sino surgir siempre nueva y original del pensamiento"(3)

            En el campo espiritual-moral, la costumbre tendería a paralizar las responsabilidad personal del hombre; habitus en cambio, en la traducción de Josef Pieper, quiere decir exactamente lo contrario de adormecimiento de la responsabilidad humana: es un "estar al salto" "para la buena acción"(4)