23.0. Es a la vez un proceso general y especial - Página 1
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            23.1 "Es evidente que ningún sabio es capaz de dominar todas las técnicas indispensables para el estudio de un simple problema humano. Por eso, el progreso en el conocimiento de nosotros mismos requiere los esfuerzos simultáneos de diversos especialistas. Cada especialista se consagra al estudio de una parte del cuerpo, o de la conciencia, o de sus relaciones con el ambiente. Es anatomista, fisiólogo, químico, psicólogo, médico, higienista, educador, sacerdote, sociólogo, economista. Cada especialidad se divide a su vez en partes más pequeñas. Hay especialistas en fisiología glandular, en vitaminas, en enfermedades del recto, de la nariz, en educación de niños o de adultos, en higiene de las fábricas o de las cárceles, en psicología de todas las categorías de individuos, en economía doméstica, rural, etc. Esta división del trabajo ha hecho posible el desarrollo de las ciencias particulares. Es indispensable la especialización. Los sabios tienen que consagrar su atención a un sector de la sabiduría. Y a un especialista ocupado en las pesquisas de su tarea le es imposible comprender al ser humano en su conjunto. Este estado de cosas se ha hecho necesario por la gran extensión del campo de cada ciencia. Pero ofrece cierto peligro. Por ejemplo, Calmette, que se había especializado en Bacteriología, deseaba impedir la propagación de la tuberculosis entre la población francesa. Naturalmente, prescribió el empleo de la vacuna que había inventado. Si, además de ser un bacteriólogo, hubiese poseído un conocimiento más general de la Higiene y de la Medicina, hubiera aconsejado también la adopción de medidas relativas a la vivienda, la alimentación, las condiciones de trabajo y el modo de vivir de la gente. Un caso semejante tuvo lugar en los Estados Unidos al organizar las escuelas elementales. John Dewey, que es un filósofo, emprendió el mejoramiento de la educación de los niños norteamericanos. Pero sus métodos eran apropiados al esquema, la abstracción, que su deformación profesional le hizo tomar por el niño concreto.

            Todavía hace mucho más daño la extremada especialización de los médicos. La Medicina ha separado al ser humano enfermo en pequeños fragmentos, y cada fragmento tiene su especialista. Cuando un especialista, desde el comienzo de su carrera, se consagra a una minúscula parte del cuerpo, su conocimiento del resto es tan rudimentario que es incapaz de comprender bien ni siquiera la parte en que se ha especializado. Algo semejante sucede con los educadores, los sacerdotes, los economistas y los sociólogos, que, antes de limitarse por completo a su dominio particular, no se han tomado la molestia de adquirir un conocimiento general del hombre. Cuanto más eminente es un especialista, más peligroso es. Los sabios que se han distinguido extraordinariamente por grandes descubrimientos o invenciones útiles, llegan a creer a menudo que su conocimiento de un tema se extiende a todos los demás. Edison, por ejemplo, no vaciló en manifestar al público sus puntos de vista sobre Filosofía y Religión. Y el público escuchó respetuosamente sus palabras, imaginando que tenía sobre estos nuevos temas la misma autoridad que sobre los anteriormente tratados. Es así como grandes hombres que han contribuído al progreso humano en uno de sus sectores, hablando de cosas que no comprenden bien, lo retrasan en otros. La prensa diaria nos ofrece a menudo el dudoso beneficio de las opiniones sobre Sociología, Economía y Ciencias, de fabricantes, banqueros, abogados, profesores y médicos cuyas mentes demasiado especializadas son incapaces de abarcar en toda su amplitud los graves problemas de nuestros tiempos. Sin embargo, la civilización moderna necesita absolutamente de los especialistas. Sin ellos la Ciencia no podría progresar. Pero antes de que el resultado de sus investigaciones se aplique al hombre, los datos dispersos de sus análisis deben ser compendiados en una síntesis inteligible."

(Carrel, Alexis, La incógnita del hombre, Joaquín Gil editor, Buenos Aires, 1949 p.62-64; ver tb. especialista en el índice)

            23.2 "¿Debe realizar un ideal particular o un ideal universal la educación? Si la educación es tránsito del ser al deber ser, o relación de realidad y finalidad, es previo resolver ésta última. La educación se propone siempre un fin limitado y cercano o un alto ideal humano y universal. De ordinario se suele entender la educación como un proceso destinado a forjar arbitrariamente un producto de una teoría política, de una doctrina religiosa o de una clase social. Toda educación que se limita a preparar únicamente individuos para una clase, una casta, una confesión, un partido o una profesión, se propone un fin circunscripto. Casi siempre lo consigue, pero no atiende a un fin integral. Por encima de las finalidades limitadas y parciales, la educación debe responder a un ideal general, humano, que sirva de fondo al desenvolvimiento de aquellos ideales particulares."

(Mantovani, Juan, Educación y Plenitud Humana, Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1972 p.7-8)