25.0. No consiste solamente en la educación de la niñez y la juventud - Página 1
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No consiste solamente en la educación de la niñez y la juventud, ni en la educación escolar, abarca la vida entera, es permanente

            25.1 "La palabra educación se toma en sentido lato en muchas locuciones analógicas o simbólicas: así se habla de educación de uno mismo, educación del pueblo, educación por la vida, educación de las naciones y la humanidad por la historia y la providencia. Pero si queremos fijar su significado estricto, hemos de tener presente en qué ha consistido la realidad educativa a través de siglos de historia y en qué consiste actualmente y qué contenido primario ha asigando y asigna el lenguaje al término educación. El resultado será que éste término -y sus correlativos: educador, educando- sólo se aplica en sentido estricto a la elevación o amamantamiento psíquico (educo,is,ere; o educo,as,are; con sus correspondencias griegas) de la juventud, a la actuación de los hombres maduros para favorecer el desarrollo de los hombres en agraz. La "educación por sí mismo" y la "formación del pueblo" han de continuar la tarea de la educación propiamente dicha; pueden y deben ser objeto de tratados científicos que tendrán mucho de común con la pedagogía en sentido propio; pero ello no impide que se distingan, real, lógica y metodológicamente, de ésta."

(Göttler, Joseph, Pedagogía Sistemática, Ed. Herder, Barcelona, 1962 p.45)

            25.2 "La educación termina allí donde el hombre llega a ser adulto, es decir, según Schleiermacher cuando la generación más joven se coloca de un modo más autónomo a la misma altura que la generación más vieja en el cumplimiento de la tarea moral; la pedagogía tiene entonces por fin hacerse superflua y convertirse en autoeducación, la cual se prosigue hasta la muerte".

(Nohl, Hermann, Teoría de la educación, Ed. Losada, Buenos Aires, 1968 p.43)

            25.3 "La educación de la escuela y de la universidad no es sino una parte de la educación. Sólo se refiere a los comienzos y a la preparación acabada de la educación del hombre; y ninguna ilusión sería más fatal que querer concentrar en el microcosmo de la educación escolar el proceso total de la formación del ser humano, como si el sistema de las escuelas y universidades fuera una gran fundición por cuya puerta de entrada penetrara el niñito como una materia prima que modelar, saliendo adolescente, en la esplendidez de sus veinte años, hecho un hombre acabado de manufacturar. Nuestra educación continúa hasta la muerte."

(Maritain, Jacques, La educación en este momento crucial, Ed. Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1954 p.38-39)

            25.4 "...hay que afirmar que es a partir del nacimiento cuando empieza la actividad educativa, si ésta se toma en su sentido ínfimo; y aún habría que decir que antes del nacimiento, pues la alimentación o nutrición, y toda una serie de cuidados físicos preparatorios, anteceden al hecho de la separación de la prole respecto al organismo materno. La existencia prenatal del educando lleva consigo una especial solicitud que en los seres humanos sobrepasa el alcance del instinto. El ejercicio de esta solicitud puede ser regulado por normas de antemano conocidas y enjuiciado de una manera moral y no simplemente física o natural.

            Pero esta previa o inicial solicitud sólo puede llamarse espiritual por radicar en el entendimiento y en la voluntad del educador, no por afectar a los del educando. En las primeras etapas de la vida -incluso después del nacimiento-, lo que los hijos requieren es que se atienda a las necesidades propias de la subsistencia y del desarrollo de su cuerpo. Más tarde vendrá el tiempo de otras necesidades superiores, las que hoy llamamos, en el sentido más noble, educativas..."(p.38)

            "...La educación -en el sentido en que la entendemos hoy- debe comenzar cuando la prole llega a los años de la discreción. Unicamente entonces es posible, y a partir de ese momento es necesaria. Para instruir o adoctrinar al hombre hace falta que éste se encuentre en condiciones de captar la misma formación que es necesario darle. Al conjunto de tales condiciones es a lo que se llama discreción..."(39)

            "...Si por discreción lo que se entiende es nada menos que la prudencia misma...lo que Santo Tomás vendria a decir es que para iniciarse en la prudencia es necesario contar ya con ella. Pero no es la prudencia el único sentido que se puede dar al término discreción. Esta palabra viene de discernere, que significa cribar o separar y, aplicada a la actividad cognoscitiva, vale tanto como distinguir lo verdadero de lo falso, disnción necesaria para el auténtico conocimiento, ya que lo falso, por las apariencias que lo encubren, se mezcla a veces con lo verdadero y puede pasar por él. Cuando la actividad cognoscitiva es, como en el caso que nos ocupa, la de esa facultad, propia del hombre, que se denomina razón y cuyo oficio específico estriba en razonar o discurrir, la discreción no puede ser otra cosa, si se la toma en su sentido más modesto, que aquello por lo que el hombre está ya en situación de poder ponerse a distinguir, por medio del raciocinio, entre lo que es verdaderamente bueno y lo que sólo lo es en apariencia. La discreción de que habla Santo Tomás en el pasaje que estamos examinando es simplemente ésta, no la que se posee, en una forma desarrollada y plenaria, cuando además de poder ponenrse a distinguir, por medio de la razón, entre lo verdadera y lo falsamente bueno, el hombre es ya capaz de aprovecharse de una larga experiencia en el asunto, adquirida después de mucho tiempo.