La SI 40 09 28
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La Conferencia en pijama  (9)

10. Lo que decíamos trece años atrás  (continuación)

            Italia ha creado las “flechas del mar”, uno de los secretos del fascismo nacionalista, con el cual espera la Italia imperial de estos días llenos de entusiasmos no sólo defenderse, sino aún abrirse rutas que cree necesarias. Se cuentan de esas pequeñas unidades marítimas cosas fantásticas, que, imposible de comprobar, abandonamos a la imaginación del lector.
            De Francia nos anuncian unos aparatos lanzafuegos, que traen hidroplanos especiales, con los cuales incéndiase en minutos una gran metrópoli. Y aún añaden quienes se creen poseedores del secreto, que se ha estudiado toda la estructura de Londres antes de construir esos demoníacos aparatos, como su tuviesen señaladas en las nubes del porvenir la ruta obligada del “English Channel”.
            Alemania está fabricando un nuevo gas –leemos en una revista- que tiene una capacidad mortífera absurda.  Aeroplanos especiales muy chicos, que no tienen más de dos metros de diámetro, son construidos expresamente para esos gases, pudiendo maniobrar en condiciones extraordinariamente seguras en todo sentido.
            Gran Bretaña, al lado de sus grandes acorazados, no ha descuidado su defensa futura. Pasan ya de mil, al decir de los críticos de aquel país, los aparatos aéreos y de 500 los submarinos disponibles.
            Y respecto a Estados Unidos, varias fábricas trabajan intensamente en el lanzamiento de pequeñas unidades, y aun el Congreso ha determinado construir 10 nuevos cruceros ligeros, según mensaje del Presidente últimamente enviado al Parlamento.
            Y tras todo esto, algo peor todavía. En medio del ruido armamentista, que para engañarse mutuamente producen esos países, uno hay que hace y calla, sin que nadie haya podido enterarse exactamente de sus existencias y de sus posibilidades: el Japón, que, al decir de los mismos senadores norteamericanos, se prepara intensamente para quién sabe qué terribles planes en el Pacífico estadounidense. Sólo se ha llegado a saber que existen ya varios centenares de submarinos-peces, de tamaño reducidísimo y de una potencialidad en todo sentido extraordinaria, con una tripulación única de 4 hombres; que tiene varias docenas de aeroplanos gigantes, de 7 y 9 motores, con un diámetro de alas de unos 42 metros; que se han realizado intensos trabajos para construir cruceros con cualidades especiales, con radios de varios miles de millas, sin necesidad de carbonizar ni petrolear en parte alguna de la ruta. Y cuando esto se cuenta del gran pueblo asiático, hasta las piedras tiemblan en el Canal de Panamá y en las negras aguas del Hudson neoyorkino.
            El furor armamentista respecto a las pequeñas unidades marítimas crece, pues, de día en día. Ello quiere decir que las victorias, en el porvenir, serán, no del poderoso, sino del científico, del arriesgado y del más listo, convirtiéndose esas pequeñas armas, de defensivas que eran, en eminentemente ofensivas, y poniendo en verdadero peligro la hegemonía de los mares y la suerte de los acorazados y de los países, que sobre su gran aparato han confiado a su presente y su porvenir.

            f) En estas alturas de la discusión, y ante la inminente reunión de una Conferencia Preparatoria del Desarme, convocada nuevamente por la Liga de Naciones, Estados Unidos acaba de proponer oficialmente que se trate previamente –y nuevamente- de la limitación de las pequeñas unidades marinas, a base proporcional.
            Es la eterna tesis de Estados Unidos y Gran Bretaña, por cuatro o cinco veces rechazada por los demás países, y ahora puesta nuevamente sobre el tapete por la muy escasa habilidad diplomática del Gobierno norteamericano, y a la vez por las negras perspectivas que los mosquitos del aire y del mar ofrecen a aquel gran país.
            La historia anterior, resumidamente desarrollada, nos dice claramente el destino que va a tener nuevamente esa proposición norteamericana, que han de apoyar –evidentemente- los británicos. Será rechazada, unánimemente, por todos los países, aunque los corresponsales nos