La SI 40 10 05
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La Conferencia en pijama (10)


13. Comienza la hostilidad americana (continuación y terminación)

            El Directorio de la Unión Panamericana está compuesto por una veintena de representantes generalmente dotados de amplias tragaderas. Pero esas pretensiones norteamericanas eran tan absurdamente imperialistas, que se caían de espaldas los representantes de los demás países al irse enterando día a día de ellas. Porque las declaraciones en este sentido duraron meses.
            (Un paréntesis: La Unión Panamericana adolece de graves defectos de organización, entre los cuales sobresale uno, que hace ya tiempo debía haber sido corregido: que en él representa a cada país americano el correspondiente Embajador o ministro en Washington. De lo cual resulta que todos los que forman el Directorio los nombra Estados Unidos, mediante el “placet” necesario para el acreditamiento de los diplomáticos en un país determinado. Estados Unidos puede rechazar –y en ocasiones ha rechazado- a la persona que les ha parecido poco apta para someterse a las insinuaciones norteamericanas. No se trata, por lo mismo, de una Corporación internacional cuyos representantes puedan ser enteramente libres. Los que pudiesen representar intenciones contrarias a Estados Unidos pueden ser rechazados por ese país. Y no ilegalmente).
            A pesar de esa dependencia indirecta entre los representantes americanos y la Cancillería estadounidense (uno de sus empleados a sueldo preside  la Unión Panamericana, Mr. Rowe), ni un solo miembro de aquel cuerpo diplomático dejó de rechazar inmediatamente las pretensiones norteamericanas tan crudas y puerilmente expresadas. Consultaron a sus respectivos Gobiernos. Y éstos, por unanimidad, manifestaron a Washington que aquel programa no podía en manera alguna ser aceptado.
            Estos dos hechos –Programa netamente Imperialista; rechazo de él por América-son algo que no admite duda alguna. El primero queda mostrado por las mil manifestaciones y declaraciones de aquella Secretaría de Estado. El segundo hecho queda probado por el cambio de Programa, en el cual –lo acabamos de copiar- nada se decía de Bases ni de Ventas de sobrantes a Estados Unidos como distribuidor a su guisa.. se enhebraron algunas frases vagas y repetidas. Y se determina hacer que en la realidad de la Conferencia reapareciese aquel Programa intentador de un Protectorado, a la vez económico y militar, sobre toda la América.

            El Directorio de la Unión Panamericana está compuesto por una veintena de representantes generalmente dotados de amplias tragaderas. Pero esas pretensiones norteamericanas eran tan absurdamente imperialistas, que se caían de espaldas los representantes de los demás países al irse enterando día a día de ellas. Porque las declaraciones en este sentido duraron meses.

            (Un paréntesis: La Unión Panamericana adolece de graves defectos de organización, entre los cuales sobresale uno, que hace ya tiempo debía haber sido corregido: que en él representa a cada país americano el correspondiente Embajador o ministro en Washington. De lo cual resulta que todos los que forman el Directorio los nombra Estados Unidos, mediante el “placet” necesario para el acreditamiento de los diplomáticos en un país determinado. Estados Unidos puede rechazar –y en ocasiones ha rechazado- a la persona que les ha parecido poco apta para someterse a las insinuaciones norteamericanas. No se trata, por lo mismo, de una Corporación internacional cuyos representantes puedan ser enteramente libres. Los que pudiesen representar intenciones contrarias a Estados Unidos pueden ser rechazados por ese país. Y no ilegalmente).

             A pesar de esa dependencia indirecta entre los representantes americanos y la Cancillería estadounidense (uno de sus empleados a sueldo preside  la Unión Panamericana, Mr. Rowe), ni un solo miembro de aquel cuerpo diplomático dejó de rechazar inmediatamente las pretensiones norteamericanas tan crudas y puerilmente expresadas. Consultaron a sus respectivos Gobiernos. Y éstos, por unanimidad, manifestaron a Washington que aquel programa no podía en manera alguna ser aceptado.

             Estos dos hechos –Programa netamente Imperialista; rechazo de él por América-son algo que no admite duda alguna. El primero queda mostrado por las mil manifestaciones y declaraciones de aquella Secretaría de Estado. El segundo hecho queda probado por el cambio de Programa, en el cual –lo acabamos de copiar- nada se decía de Bases ni de Ventas de sobrantes a Estados Unidos como distribuidor a su guisa.. se enhebraron algunas frases vagas y repetidas. Y se determina hacer que en la realidad de la Conferencia reapareciese aquel Programa intentador de un Protectorado, a la vez económico y militar, sobre toda la América.

14. Mr. Roosevelt, habla

            El orden lógico y la tiranía de la actualidad que manda en los periódicos, nos fuerza a dar un salto, ocupándonos de unas recientes declaraciones de la cancillería norteamericana, aunque se trate de algo posterior a la celebración de la Conferencia que estamos analizando.
            La aventura de Dakar, tan reciente, fue algo que estaba, evidentemente, fuera de toda norma internacional, y aún fuera de toda delicadeza entre gentes. Se tratará de la invasión de un país neutral más o menos inclinado a Alemania; o, al menos, de un pueblo simplemente neutral, la violación del derecho internacional en el planeamiento y ejecución de ese ataque estaría a la vista. Pero no pasaría de ahí. Estas cuatro últimas palabras muestran cuán poca estima merecen los Gobiernos en cuanto a respetar los fueros del derecho de gentes. Pero el tratarse Francia, que entraba en la guerra por pura amistad con Londres y derramaba en la defensa de Gran Bretaña (Churchill: “Francia es la frontera británica”) raudales de sangre, sacrificando a quince veces más hombres que Gran Bretaña misma, ello convertía la aventura gris de Dakar en algo al margen de todo juego limpio.
            Al anunciarse el inicio de esa acción anormal, los periodistas preguntaban al vice-canciller qué opinaba. Salía éste de conferenciar con el Presidente Roosevelt, y contestaba así: “Era esto algo necesario. Lo apremiaban consideraciones de orden militar, naval y económico. Dakar es algo muy interesante para la defensa de América”. Estas palabras constan en las