8.0. Es una ciencia en cuyo contenido deben distinguirse dos aspectos. - Página 1
Índice del Artículo
Página 1
Página 2

Es una ciencia en cuyo contenido deben distinguirse dos aspectos: lo esencial y lo accidental 

            8.1. "En el contenido de la Pedagogía deben distinguirse cuidadosamente  dos aspectos: lo esencial, perenne o permanente de esta ciencia y lo accidental, mudable o variable.

            La Pedagogía se mueve entre dos polos intangibles: la naturaleza del hombre y su destino eterno. Estos conceptos, por ser esenciales, no pueden alterarse en ningún espacio ni a través del tiempo. Podrán o no ser conocidos tal cual son -en virtud de ciertas ideologías-, pero el conocimiento más o menos equivocado no puede alterar jamás lo que las cosas son.

            La naturaleza del hombre, la perfección humana y el fin para el que ha sido creado son nortes a los que la educación -formación integral del hombre- no puede dejar de mirar. Y dentro del campo pedagógico engendran los conceptos de lo que es el educando, el educador, la educación, el ideal o meta educativa y, además, en consecuencia ineludible, los medios directos y suscintos para llegar al fin. Conceptos todos que no admiten mutación.

            Pero, a la vez que no puede cambiarse ni la naturaleza del educando ni la perfección a la que se le debe llevar, como cada educando o se halla inserto en una sociedad en la que se forma y en la que el día de mañana tendrá que vivir; y, recíprocamente, recibir y dar, es lógico que la educación ofrecerá modificaciones, y esta sociedad presenta progresos o, por lo menos cambios.Por otro lado, la Psicología -que nos manifiesta el psiquismo del educando- y las demás ciencias auxiliares que van adelantando y variando en algo sus estructuras, es evidente, que han de modificar a su compás, conceptos de la Pedagogía. Y los adelantos técnicos, perfeccionar los procedimientos educativos.

            Pero esto no quiere decir que la Pedagogía no sea ciencia, ni que la Pedagogía no esté hecha, ni que la Pedagogía esté puramente a merced de los cambios de otras ciencias. Esto quiere decir sencillamente que, como todo lo que es fruto de la invención, reflexión y experiencia humanas, está sujeta a las mutaciones que le marcan las nuevas conquistas del pensamiento y los descubrimientos de energías y técnicas y que en un determinado sector -como le ocurre a todas las ciencias- estará siempre haciéndose, caminando, alcanzando nuevas posiciones.

             Y precisamente la conjugación debida de lo perenne y esencial y de lo accidental y mudable, la unión de lo que siempre es, más o menos explictado, y de lo que se está haciendo, en una línea de progreso y perfección, es el contenido de una Pedagogía científica y eficaz."

(Sánchez, Consuelo, y Valdivia, Carmen, Pedagogía, Iter ediciones, Madrid, 1969 p.32-33)

            8.2. "Toda pedagogía, en efecto, reposa en último término en una concepción de la vida humana. Esta concepción de la vida está en relación con las ideas que se tengan de la naturaleza profunda del hombre y de su destino. En realidad, las ideas fundamentales sobre la educación han variado sensiblemente según las épocas y los autores, y hoy nos encontramos todavía en presencia de sistemas numerosos que se oponen en mayor o menor medida. Esta variedad misma revela la eterna búsqueda de la solución del misterio del hombre. Este siente la necesidad de principios para conducirse y para conducir a los demás. Debido a que él piensa, a que es un animal razonable y no está movido exclusivamente por el instinto, el hombre se fija un ideal y organiza, por lo tanto, las actividades que le orientan hacia este ideal. Decimos entonces que el concepto que nos formamos del destino del hombre está en relación con un sistema de filosofía implícita o explícita, con ideas religiosas, políticas y morales, y no con la experiencia en sentido restringido, la cual es necesariamente común a todos. La ciencia positiva no nos indica lo que debemos hacer. Se limita a mostrarnos lo que es, no se interesa por las interpretaciones finalistas. Sus indicaciones no serán, por otra parte, menos útiles y necesarias para facilitarnos la acción, para mostrarnos cómo debemos obrar para encaminar al hombre hacia su ideal, dados sus caracteres genéricos e individuales.

            En resumen, se podrían formular las tres preguntas siguientes, tres preguntas que un educador se debe hacer en presencia de un niño que se le ha confiado: ¿Qué hacer? ¿Por qué hacerlo? ¿Cómo hay que hacerlo? Determinación, justificación, realización.  Está claro que la respuesta a las dos primeras preguntas se basa en elementos diferentes de los que permitirán resolver la tercera. Cualquiera que sea el interés que presente la investigación científica en el dominio de lo humano, y este interés es en verdad poderoso, tal investigación no podrá jamás desviar a la reflexión de los problemas trascendentales que se oponen inevitablemente al hombre cultivado. Estos problemas se han presentado siempre y se presentarán mientras la humanidad sea lo que es. Hay realidades que el tiempo no modifica porque son eternas: son los valores humanos independientes del tiempo y del espacio. De aquí que exista una paedagogia perennis. Pero las condiciones de la vida cambian y el conocimiento científico del hombre se desarrolla. Son estas variaciones las que imprimen a la pedagogía su carácter cambiante, las que la obligan a adaptarse a la evolución constante del mundo, y en este sentido hay una paedagogia temporalis.