9.0. Es una ciencia indispensable o necesaria en la formación del educador profesional. - Página 1
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            9.1. "Sin duda, cada uno discute por su experiencia lo que haya o no de cierto en ello. Yo hablo conforme a la mía: los otros conforme a la suya. ¡Si todos quisiéramos pensar que cada uno sólo tiene experiencia de lo que ensaya! Un maestro de escuela de aldea, de noventa años, tiene la experiencia de su rutina de noventa años; posee el sentimiento de sus largas fatigas, pero ¿tiene también la crítica de su método y de sus actos?- Nuestros pedagogos más modernos han tenido buen éxito en muchas cosas nuevas, han recibido el agradecimiento de la humanidad y pueden estar íntimamente satisfechos de ello. Más ¿podrían determinar por su propia experiencia todo lo que es posible hacer mediante la educación y todo lo que se puede alcanzar con los niños?-

            ¡Si los que quieren edificar tan a gusto la educación meramente sobre la experiencia dirigieran una mirada atenta a las otras ciencias experienciales, si se dignaran informarse de todo lo que es preciso hacer en física y en química para establecer en el campo de lo empírico -en lo que en él es posible- un solo principio! Entonces experimentarían que no se aprende nada con una experiencia, y mucho menos con observaciones dispersas; que es preciso repetir veinte veces, de veinte maneras distintas, el mismo ensayo antes de obtener un resultado que las teorías más opuestas explican después a su modo. Experimentarían que no se puede hablar de la experiencia hasta que no se ha terminado el ensayo: hasta que, ante todo, no se han examinado minuciosamente y se han pesado exactamente los a posteriori. El a posteriori de los experimentos pedagógicos son las faltas que comete el alumno en la edad viril. Así, la duración de uno sólo de estos experimentos es por lo menos igual a la mitad de una existencia humana. ¿Cuándo, pues, se es un educador experimentado? Y ¿cuántas experiencias, cuántas modificaciones son necesarias para formar la experiencia de cada uno? !Cuánto más grande no es la experiencia del médico empírico y cuántos siglos no han transcurrido desde que han sido reveladas para él las experiencias de los grandes hombres!"

(Herbart, J.F., Pedagogía general, Ediciones de la Lectura, Madrid, 1923, p.64-65; ver tb. Braido y Gianola, EDUCAR Teoría de la educación, Ed. Sígueme, Salamanca, 1982 p.20-21)

            9.2 "La necesidad de organizar académicamente  la educación profesional de los maestros ha sido reconocida hace mucho tiempo. Ya en el siglo Vlll, en una capitular del emperador Carlomagno se estipulaba que en la Escuela Catedral de Metz (Lorena) se reuniera a los muchachos y jóvenes que aspiraran a dedicarse a la enseñanza para que aprendieran este arte de los maestros ya acreditados y de más experiencia, en lo que ven algunos el primer esbozo de una escuela normal.

            No obstante, el primer centro de esta clase del que se tiene noticias ciertas es el organizado en Lyon (Francia) por el padre Demia, en 1672.

            Unos pocos años más tarde, en 1685, Juan Bautista de la Salle, el fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, estableció en Reims el primer Seminario para Maestros, al que siguieron otros análogos en París, Vaugirard, Saint John y otras partes de Francia.

            En 1697 establecía Franke, en Halle (Alemania), su Seminarium Praeceptororum, al que siguieron, en 1700, los Seminaria Scholastica de Gotha, mandados crear por el duque Ernesto el Piadoso.

            Pero la iniciativa de más trascendencia en este campo fué el proyecto de Lakanal presentado a la Convención, en la época de la Revolución Francesa, para crear las que, desde entonces, se llamaron escuelas normales, es decir, escuelas modelo, para la formación del profesorado que necesitaba el nuevo régimen. Es más, el año 1794 se hizo el intento de crear en París la Escuela Normal Superior para preparar los maestros necesarios de las otras escuelas normales y centros de educación media y superior, lo que se llevó a cabo definitivamente en 1808, bajo el gobierno de Napoleón Bonaparte. Desde esta fecha las escuelas normales se establecieron por todas partes, como los centros más adecuados para la preparación académica y técnica de los maestros."

(Larroyo, Francisco y otros, Fundamentos de la educación, EUDEBA-UNESCO, Buenos Aires, 1971 p.336-337)