Toda pedagogía supone una antropología filosófica - Página 1
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            01. "El significado de la filosofía de la educación y la solución de los problemas educacionales se vuelven aparentes cuando tratamos de definir la educación, pues esta definición depende en gran medida de un conjunto de previas convicciones filosóficas acerca del modo de ser de la naturaleza humana, del hombre y de la sociedad. Es evidente que el problema reside en que, puesto que hay una multiplicidad de puntos de vista filosóficos, tampoco habrá una definición clara, concisa e indiscutida de la educación. Algunas de las definiciones que cuentan con más amplio acuerdo tienen la mayor cantidad de significados, y posiblemente, como consecuencia, la menor significación.

            Veamos un ejemplo. ¿La educación consiste en el proceso de sacar a luz las ideas que los niños tienen ya implícitamente arraigadas en su mente? ¿O consiste en el proceso de desarrollo de las habilidades que, de manera innata, forman parte de la naturaleza humana de cada uno? ¿O la educación es el proceso de activación del cerebro hasta llegar a adquirir, registrar y almacenar cuerpos organizados de datos y de valores? ¿O es el el proceso de escribir y volver a escribir la experiencia social sobre la tabula rasa del individuo? ¿O es, finalmente, el proceso de impulsar a los niños a adaptarse a vivir en un cierto tipo de sociedad, sea la sociedad del hombre, de Dios, o de ambos?

            Estas preguntas, cada una de las cuales implica una concepción algo diferente de la educación, sugieren tres conclusiones. Primera: la educación no puede ser todas esas cosas, pues algunas de ellas son contradictorias y no pueden, por tanto, coexistir con las demás para formar una definición adecuada; segunda, que, sea como fuere, es evidente que la educación consiste en un proceso, pues es éste un concepto común a todas las alternativas; y tercera, que -como lo demuestra una inspección más cuidadosa de estas definiciones alternativas- hay por lo menos dos formas básicas y en apariencia fundamentalmente distintas de encarar el proceso de la educación. Examinemos brevemente esa dicotomía. Un lado considera la educación como el proceso de sacar a luz y desarrollar las internas capacidades latentes en los niños, mientras que el otro ve en la educación el proceso de asimilación por el niño de la información externa y de la introyección de ésta en aquél. Esta oposición ya tuvo expresión en la Grecia de Pericles, en el contraste entre los diálogos socráticos y la dialéctica aristotélica."

(Brauner, Charles J., y Burns, Hobert W., Problemas de educación y filosofía, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1969 p.36-38)

            02. "Naturaleza y fin del hombre. En concreto la obra educativa toma un aspecto más o menos diverso  según el concepto que se tenga: a) de la naturaleza del hombre; b) de su fin o destino

            a) Si se piensa, por ejemplo, que el hombre no es un ser dotado de libertad, sino que está sometido, como los demás seres de la naturaleza, a unas leyes necesarias, a las que es imposible sustraerse; si se piensa, pues, en una naturaleza humana determinada, entonces la educación mejor consistiría en desenvolver del mejor modo la "naturaleza" del hombre, infundirle sentimientos de adhesión al orden supremo de esta naturaleza y de estoica resignación cuando la naturaleza y la voluntad no están de acuerdo. Si se cree, en cambio, que el hombre es un ser esencialmente libre, se orientará la educación hacia la acción y el autogobierno personal, empujando la iniciativa, educando la

originalidad y la espontaneidad y reforzando el carácter. Si se ve en el hombre sobre todo a un hijo de Dios, copartícipe de la divina naturaleza, se tratará de hacerle comprender su dignidad sobrenatural y los deberes y responsabilidades que ella implica. Si se lo concibe en particular como una naturaleza caída

-cristianismo-, se hará lo posible para que pueda procurarse los medios sobrenaturales que, haciendo cooperar la gracia con la voluntad, puedan redimirlo. Si se piensa que el hombre es naturalmente bueno (Rousseau), entonces la educación buscará garantizar el desarrollo espontáneo y natural del educando, sin intervenir para nada en él, ya que toda intervención no haría más que obstaculizar o impedir el desenvolvimiento seguro de una naturaleza que por sí misma es buena -educación negativa-.

            Por tanto, no es posible una obra de educación sin una clara idea preliminar de la naturaleza humana.

            b) Si se piensa, por otra parte, que el hombre debe estar destinado, por ejemplo, a ser un guerrero, entonces la educación se hará viril y combativa; si, por el contrario, se piensa o se quiere que esté destinado a actividades prácticas y empíricas, se tratará de suscitar en él una capacidad de iniciativa, de sagacidad y desenvoltura; si se lo concibe como destinado al reino de Dios, se le infundirá la indiferencia por los bienes terrenos y el ardor por los valores eternos.

            Por consiguiente, la educación requiere también un claro concepto del fin del hombre y del de sus actividades".

(Agazzi, Aldo, Historia de la Filosofía y la Pedagogía, Ed. Marfil, Alcoy (España), 1966 p.83)