2 El hombre, ser creado; creatura, a imagen y semejanza de Dios, caído y redimido - Página 1
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            A) ser creado; creatura

                        02.01 "Es necesario decir que todo ente que de cualquier modo tiene ser lo tiene de Dios, porque si algo se halla en él por participación, necesariamente es causado en él por aquel a quien el ser conviene esencialmente, como el hierro se hace candente por el fuego. Queda antes demostrado (c.3 a. 4), tratando de la simplicidad divina, que Dios es el mismo ser subsistente por sí,  como también (c. 11, aa. 3 y 4) que el ser subsistente por sí no puede ser sino sólo uno; como si la blancura fuese subsistente por sí, sería necesariamente única, puesto que las blancuras se multiplican en razón de sus recipientes. Es preciso, pues, que todos los seres que no son Dios no sean su mismo ser, sino que participen del ser y, por consiguiente, que los seres que son más o menos perfectos en razón de la medida de esta participación, tengan por causa un primer ente que es soberanamente perfecto, lo cual hace decir a Platón que es necesario colocar la unidad antes de toda multitud, y a Aristóteles (Met.,lib. 2,tex.4) que lo que es por excelencia ente y en grado eminente verdadero, es la causa de todo ente y de toda verdad, como lo que es lo más caliente es la causa de todo calor".

(Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, Selección de Quiles I., Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1985 p.63-64)

            02.02 "...proposición que sustenta toda la Sagrada Escritura: que el mundo ha sido creado.

            Para que esta proposición reciba, sin embargo, su plena significación, es preciso, primero, dar al concepto de creación divina su puro sentido. La expresión, en efecto, ha experimentado un cambio de significación, pero contiene todavía restos de sentido y movimientos emocionales que ocultan este cambio. Cuando el siglo XlX habla de "creación", resuena en la palabra la significación bíblica; a lo que, sin embargo, se alude con ella, en realidad, es al proceso creador de la naturaleza, la cual, a su vez, no es creada, sino que descansa eternamente en sí misma y se desenvuelve por sí misma; o bien se alude al proceso creador de las grandes personalidades, que llevan en sí su forma y su ley, y que producen su obra por una fuerza propia primaria. A este cambio de significación conducen una serie de estadios intermedios que podrían ponerse de manifiesto por una investigación detallada del idioma filosófico, literario y religioso. Incluso cuando el creyente en la Biblia habla de la creación, es muy problemático el sentido en que piensa este proceso creador. De ordinario no tendrá conciencia precisa de él, sino que lo hará retroceder como algo misterioso a un comienzo infinitamente lejano. Siempre, empero, que tenga que pensarlo realmente -al leer, por ejemplo, el Génesis o al hacerse presente el primero de los Artículos de la Fe- se representará probablemente el proceso creador divino como la actuación de una causa inconmensurable, de una especie más o menos semejante al modelo de las causas naturales; es decir, como una prolongación hasta lo absoluto de los fenómenos de la naturaleza. Su concepto de Dios está influido por el concepto de naturaleza, y tiende a pensar a Dios como aquella instancia que hace que la naturaleza sea lo que es: como una "naturaleza absoluta", por así decirlo. El concepto de naturaleza actúa como una categoría que da forma a todos los pensamientos; el sentimiento de la naturaleza, como una actitud inconsciente pero decisiva que imprime una dirección determinada a la comprensión del Génesis, de los Salmos, de las palabras sobre el gobierno del mundo, etc.

            "La conciencia creyente tiene que realizar aquí una diferenciación radical: el mundo no es "naturaleza", sino creación, y creación en el puro sentido de la obra producida por una acción libre. El mundo no es nada "natural", evidente, nada que se justifique por sí mismo, sino que necesita de la fundamentación; y esta fundamentación tiene lugar desde la instancia que lo ha creado en su esencia y realidad. Que el mundo haya sido creado no depende de la actuación de una causa pensable según el esquema de la energía natural, sino de un acto que -tomada la palabra en su más amplio sentido- reviste el carácter de la "gracia"... Dicho de otra manera, el mundo no tiene que ser, sino que es, y ello porque ha sido creado. El acto por el cual fué creado no fue, a su vez, un acto que tuvo que acontecer, sino que aconteció porque fue querido. "Hubiera podido también no ser querido", pero fue querido, porque fue querido. Es decir, el mundo no es una necesidad, sino un hecho querido".

(Guardini, Romano, Mundo y persona, Ed. Guadarrama, Madrid, 1963 (1a. ed. 1939) p.41-42)

            02.03 "A la esencia de una Ciencia auténtica y floreciente pertenece el dominio del arte auténtico de preguntar, el instinto recto del buen preguntar. Cuando es así, halla más de lo que busca, y busca porque halla, y las respuestas se agolpan. Pero una Ciencia se encuentra en una situación, no cuando formula muchas preguntas abstractas, en vacío y al azar, sino cuando surgen en ella, de modo perfectamente natural, unas cuantas tan solo, en toda su concreción; dicho brevemente, cuando esa Ciencia se posee de modo total a sí misma y a su ámbito de acción, de modo claro o por vía de presentimiento.