7 El hombre: ser con a) voluntad b) libre - Página 1
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            a) la voluntad humana

            07.01 "¿Existe lo voluntario en los actos humanos? (C. 6, a. 1.)

            No puede menos de haber voluntario en los actos humanos. Para demostrarlo, observemos que el principio de ciertos actos o movimientos está en el agente, o en aquel  o aquello que se mueve; el de algunos otros, empero, está fuera. Cuando la piedra se mueve subiendo, el principio de este movimiento está fuera de ella; más cuando desciende, ese principio está en la piedra misma. De las cosas movidas por un principio intrínseco, unas se mueven a sí mismas, y otras no. Ahora bien: como todo agente obre movido  o se mueva por razón del fin, según queda expuesto (c. 1, a. 1), aquel agente se mueve con perfección en quien existe algún principio intrínseco, no sólo para que se mueva, sino para que se mueva hacia el fin; mas para que algo se haga por un fin, requiérese algún conocimiento de ese fin: cualquier agente, pues, que así obra o es movido por un principio intrínseco, que tiene alguna noción del fin, tiene en sí mismo el principio de su acción, no sólo para que obre, sino para obrar por el fin; mientras que el que no tiene idea alguna del fin, aun cuando en él exista el principio de la tendencia de su obrar o moverse por el fin, sino que está en otro (agente), el cual le comunica su primera moción hacia el fin; por cuya razón se dice, no que los tales se mueven a sí propios, sino que son movidos por otros.  Al contrario, los que tienen conocimiento del fin, dícese que se mueven a sí mismos, porque está en ellos el principio, no sólo de su acción, sino también de su tendencia al fin. Así que, como ambas cosas, la acción y su razón de obrar por el fin, proceden del principio intrínseco, los movimientos y actos de éstos se llaman voluntarios. De manera que el nombre de voluntario lleva en sí la idea de que el movimiento y el acto provienen de la propia inclinación, y de aquí que el voluntario, según la definición de Aristóteles, San Gregorio Niseno y el Damasceno (citada en el primer argumento), es no sólo aquello cuyo principio es intrínseco, sino que debe añadirse: dotado de conocimiento. Infiérese de todo lo dicho que en los actos del hombre, que conoce especialmente el fin de su operación, y se mueve a sí mismo, se encuentra principalmente lo voluntario".

(Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, cit. por Quiles, Ismael, Selección de la Suma Teológica, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1985 p.103-104)

 

            07.02 "En el lenguaje filosófico se emplea generalmente el término "voluntad" para indicar la capacidad de obrar humanamente. La voluntad es la capacidad de dar un sentido o un significado a la propia actividad, y a través de esa actividad a la misma existencia. En este sentido parece muy apropiada la descripción de A. Dondeyne:

     ¿Qué es entonces el comportamiento voluntario libre? Obrar libremente, según el parecer de todos, es obrar sabiendo lo que se hace y por qué se hace; es dar un sentido a la vida y asumir personalmente ese sentido. Pues bien, nuestras acciones adquieren un sentido en la medida en que encarnan unos valores o contribuyen a promover unos valores en el mundo. Por consiguiente, puede decirse que el comportamiento voluntario libre es en el fondo un juicio de valor, reflejo y eficaz, que se encarna en una acción concreta. (Dondeyne, A., Liberté et verité, Louvain, 1945 p.45)

              Esto no significa, como es lógico -será necesario volver sobre esta idea-, que la actividad humana concreta esté movida y animada únicamente por valores que sean percibidos claramente por la razón o que sean de orden puramente espiritual o racional. Pero la verdad es que esa actividad no es específicamente "humana" más que en la medida en que encarna y realiza, junto con otros diversos aspectos de facticidad y de situación, unos valores humanos percibidos como tales y asumidos concretamente.

            En el obrar se pueden distinguir diversos momentos o aspectos: la motivación, la decisión, la ejecución. Pero esos aspectos no son separables entre sí y se comprenden únicamente en el interior de una misma acción (1). Obrar humanamente no es sólo juzgar que un valor vale, sino que es "ponerse al servicio de ese valor, promoverlo para mí y para los demás  por medio de gestos concretos y eficaces, dándole así al mismo tiempo un sentido a la vida y haciendo propio ese sentido"(2). Por consiguiente, el obrar humano no es una actividad puramente espiritual que se desarrolle en la interioridad de una conciencia cerrada. Es más bien el compromiso concreto de dar forma a un valor concreto del encuentro con los demás en el mundo. Querer una cosa, obrar humanamente, es moverse hacia la realización de ese valor."