8 El hombre: ser relacional - Página 1
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            08.01 (...) "Es cierto que la esencia fué entendida muchas veces como una entidad separada, a la cual la existencia hace pasar del estado de posibilidad al de realidad. Esta posición difícilmente puede ser defendida. Pero la cosa es muy distinta si concebimos la esencia como el centro de una red de relaciones. El hombre es lo que es en virtud de las innumerables relaciones que tiene consigo mismo, con el universo material, con los otros seres humanos y con Dios. Al decir que el hombre es un animal racional, se sintetizan estas relaciones en una fórmula corta y práctica. Cuando retenemos en la mente el verdadero significado de esta fórmula, nos parece que no puede objetarse la noción tradicional de esencia, ni dejar de considerarla como un instrumento del pensamiento de apreciable utilidad."

(Donceel, J.F., Antropología Filosófica, Ed. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1969 p.16)

            08.02 (...) "Que la responsabilidad y la conciencia forman una unidad, integran la totalidad del ser humano, es algo que puede ser comprendido ontológicamente. Partiremos, a este propósito, de la afirmación de que todo ser es siempre, sustancialmente, un-ser-otro. En efecto, todo lo que podamos destacar en lo existente (1) dentro de la restante plenitud del ser sólo podrá delimitarse por el hecho de ser, en cada caso, diferenciable. Sólo mediante la referencia de un ser a otro ser podemos constituir ambos. Lo previo es siempre la relación del ente como "siendo otra cosa que".  Ser=ser otro, es decir "ser otro que", por lo tanto, relación; en rigor, sólo la relación "es". De aquí que podamos también formular el pensamiento de este modo: todo ser es un ser-en-relación".

(1) El ser no es ninguna excepción: "es" -igualmente- "diverso de" la nada.

            (...) "Porque pertenece a la esencia del hombre el ser también abierto, "abierto al mundo" (Scheler, Gehlen y Portmann). Porque ser hombre significa, por sí mismo, estar orientado hacia más allá de sí mismo. La esencia de la existencia humana se encuentra en su autotrascendencia, por así decirlo. Ser hombre significa estar, desde siempre, orientado y dirigido a algo o a alguien, estar dedicado a un trabajo al que se enfrenta un hombre, a otro ser humano al que ama, o a Dios a quien sirve..."

(Frankl, Victor, Psicoanálisis y Existencialismo, De la Psicoterapia a la Logoterapia, Breviarios Fondo de Cultura Económica, México, 1978 p.23-24 y 51 respectivamente; ver tb. p.125; Fizzotti, E., De Freud a Frankl, p.174-176)

            08.03 "El fenómeno fundamental de la autoexperiencia humana es que nos hallamos de antemano en medio de una realidad, en medio de las cosas y de los hombres con los que tratamos, que influyen en nosotros y con los que estamos en múltiples relaciones. Nuestra existencia está referida al mundo, tanto al mundo de las cosas y de los objetos como, ante todo y sobre todo, al mundo humano y personal. Por ende, nuestra existencia concreta está condicionada y determinada de múltiples formas. Tiene dadas unas posibilidades, pero también está sujeta a ciertas limitaciones.

            Esto se aplica a nuestra misma vida corporal biológica, que pertenece a este mundo de cosas, está sometida a sus leyes físicas y químicas, aparece en el mundo como consecuencia de un proceso vital y está regida por unas leyes biológicas y fisiológicas como toda forma de vida que existe en el mundo. Así, nuestra vida corporal está orientada hacia el mundo como hacia nuestro espacio vital; hacia las cosas del mundo que nos proporcionan alimento, vestido y habitación, que nosotros aprehendemos, usamos y manipulamos para poder vivir y subsistir como hombres.

            Sólo el hombre está abiertamente orientado hacia el entorno humano. De su comunidad surge el individuo y en ella crece de forma humana. Aprende el lenguaje de esa comunidad, adopta sus costumbres y participa de su espíritu y cultura. Todo esto marca de forma decisiva a la existencia humana individual que está por ende ligada a todo ello y condicionada por ese mundo, y tanto más cuanto mayor es el grado de cultura y civilización. La orientación y relación mutua resultan por lo mismo tanto más estrechas. La vida del individuo se entrelaza con el complejo montaje relacional del acontecer social y cultural del mundo humano histórico. A través de todo esto se configura también aquello que nosotros experimentamos como nuestra vida propia y personal, es decir, nuestra vida íntima, y que designamos como vida espiritual. Esa vida esta esencialmente condicionada por nuestro mundo. El nacimiento y crecimiento espiritual, la madurez y el despliegue del hombre, están referidos al mundo que nos rodea. Lo que yo soy, lo que experimento y entiendo como yo mismo, es el resultado de un constante intercambio entre yo y mi mundo. Esto quiere decir, en primer término, que obtenemos de nuestro mundo los contenidos de nuestro conocimiento. Estamos relacionados con el mundo, salimos en cierto modo de nosotros mismos al mundo -para incardinarlo en la interioridad de nuestra conciencia. Vivimos en un constante intercambio e interrelación entre el dentro y el fuera. Sólo en la relación con el otro, en la salida hacia el otro y en la asunción del otro dentro de nosotros mismos; es decir, en la supresión de la alienidad (Andersheit) del otro, incorporándolo al contenido de nuestro propio mundo cognitivo, logramos la realización y enriquecimiento de nuestro ser personal. En consecuencia, la ley de nuestra vida espiritual podría calificarse como una dialéctica entre el dentro y el fuera; mas no en el sentido de que primero se dé un puro dentro desde el que irrumpimos en el mundo, sino sólo en el sentido de que siempre estamos fuera, pero justamente en cuanto que nos realizamos a nosotros mismos en lo otro y desde eso otro alcanzamos y configuramos nuestro propio mundo espiritual.