9 El hombre: ser con interioridad - Página 1
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            ideas afines: ser en sí, yo, ego, sujeto, reflexión, concentración, ensimismamiento, autoeducación (ver bibliografía, antología, sobre concepto de educación: "autoeducación")

            09.01 "En ninguna parte advertimos que la posibilidad de meditar es, en efecto, el atributo esencial del hombre, mejor que en el Jardín Zoológico, delante de la jaula de nuestros primos, los monos. El pájaro y el crustáceo son formas de vida demasiados distantes de la nuestra para que, al confrontarnos con ellos, percibamos otra cosa que diferencias gruesas, abstractas, vagas de puro excesivas. Pero el simio se parece tanto a nosotros, que nos invita a afinar el parangón, a descubrir diferencias más concretas y más fértiles.

            Si sabemos permanecer un rato quieto contemplando pasivamente la escena simiesca, pronto destacará en ella, como espontáneamente, un rasgo que llega a nosotros como un rayo de luz. Y es aquel estar las diablescas bestezuelas constantemente alerta, en perpetua inquietud, mirando, oyendo todas las señales que le llegan de su derredor, atentas sin descanso al contorno, como temiendo que de él llegue siempre un peligro al que es forzoso responder automáticamente con la fuga o con el mordisco, en mecánico disparo de un reflejo muscular. La bestia, en efecto, vive en perpetuo miedo del mundo, y a la vez, en perpetuo apetito de las cosas que en él hay y que en él aparecen, un apetito indomable que se dispara también sin freno ni inhibición posibles, lo mismo que el pavor. En uno y otro caso son los objetos y acaecimientos del contorno quienes gobiernan la vida del animal, le traen y le llevan como una marioneta. El no rige su existencia, no vive desde sí mismo, sino que está siempre atento a lo que pasa fuera de él, a lo otro que él. Nuestro vocablo otro no es sino el latino alter. Decir, pues, que el animal no vive desde sí mismo, sino desde lo otro, traído y llevado y tiranizado por lo otro, equivale a decir que el animal vive siempre alterado, enajenado, que su vida es constitutiva alteración.

            Contemplando este destino de inquietud sin descanso, llega un momento en que nos decimos: "¡qué trabajo!" Con lo cual enunciamos con plena ingenuidad, sin darnos formalmente cuenta de ello, la diferencia más sustantiva entre el hombre y el animal. Porque esa expresión dice que sentimos una extraña fatiga, una fatiga gratuita, suscitada por el simple anticipo imaginario de que tuviésemos que vivir como ellos, perpetuamente acosados por el contorno y en tensa atención hacia él. Pues, qué, ¿por ventura el hombre no se halla, lo mismo que el animal, prisionero del mundo, cercado de cosas que le espantan, de cosas que le encantan, y obligado por la vida, inexorablemente, quiera o no, a ocuparse de ellas? Sin duda. Pero con esta diferencia esencial: que el hombre puede, de cuando en cuando, suspender su ocupación directa de las cosas, desasirse de su derredor, desentenderse de él, y sometiendo su facultad de atender a una torsión radical -incomprensible zoológicamente-, volverse, por decirlo así, de espaldas al mundo y meterse dentro de sí, atender a su propia intimidad o, lo que es igual, ocuparse de sí mismo y no de lo otro, de las cosas.

            Con palabras, que de puro haber sido usadas, como viejas monedas, no logran ya decirnos con vigor lo que pretenden, solemos llamar a esa operación: pensar, meditar. Pero estas expresiones ocultan lo que hay de más sorprendente en ese hecho: el poder que el hombre tiene de retirarse virtual y provisionalmente del mundo, y meterse dentro de sí, o dicho con un espléndido vocablo, que sólo existe en nuestro idioma: que el hombre puede ensimismarse".

            Nótese que esta maravillosa facultad que el hombre tiene de libertarse transitoriamente de ser esclavizado por las cosas, implica dos poderes muy distintos: uno, el poder desatender más o menos tiempo el mundo en torno sin riesgo fatal; otro, el tener donde meterse, donde estar, cuando se ha salido virtualmente del mundo...

            Pero bien entendido...que esas dos cosas, el poder que el hombre tiene de sustraerse al mundo y el poder ensimismarse, no son dones hechos al hombre. Me importa subrayar esto para aquellos que se ocupan de filosofía: no son dones hechos al hombre. Nada que sea sustantivo ha sido regalado al hombre. Todo tiene que hacérselo él.

(Ortega y Gasset, José, El hombre y la gente, Ed. de la Revista de Occidente, Madrid, 1970 tomo l p.33-35 y 37 respectivamente)

            09.02 "Concentración

            "Una palabra familiar para el lenguaje ético-religioso del pasado, pero que en época reciente sólo rara vez se pronuncia, es "concentración", la situación del hombre concentrado en sí mismo. Pero hoy día vuelve a ponérsenos más cerca lo que esto significa, y precisamente son los psicólogos y educadores los que empiezan a ver su significación. Así, las ideas de esta meditación encuentran ya muchos puntos de partida.

            Para entender mejor lo que eso significa, queremos tomar conciencia de cómo está construída nuestra existencia. Pues se orienta hacia dos polos, afines a aquellos de que se habla en el capítulo siguiente sobre el silencio. El primero es la interioridad del hombre, su centro. No sería fácil decir qué es ese "centro", pero todo el que pronuncie esa palabra desde sí mismo sabe lo que quiere decir con ella: el punto de relación hacia dentro; lo que hace que sus fuerzas, sus cualidades y sus disposiciones de ánimo y acciones no formen una yuxtaposición, sino una unidad.