10 El hombre: ser relacional con sus semejantes - Página 1
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            Ideas afines: ser social, abierto a los demás

            10.01 "...De donde se concluye evidentemente que el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser naturalmente sociable, y que el que vive fuera de la sociedad por organización y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana...

            Si el hombre es infinitamente más sociable que las abejas y que todos los demás animales que viven en grey, es evidentemente, como he dicho muchas veces, porque la naturaleza no hace nada en vano. Pues bien, ella concede la palabra al hombre exclusivamente. Es verdad que la voz puede realmente expresar la alegría y el dolor,  y así no les falta a los demás animales, porque su organización les permite sentir estas dos afecciones y comunicárselas entre sí; pero la palabra ha sido concedida para expresar el bien y el mal, y, por consiguiente, lo justo y lo injusto; y el hombre tiene esto de especial entre todos los animales: que sólo él percibe el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y todos los sentimientos del mismo orden cuya asociación constituye precisamente la familia y el Estado...

            La naturaleza arrastra, pues, instintivamente a todos los hombres a la asociación política. El primero que la instituyó hizo un inmenso servicio, porque el hombre, que cuando ha alcanzado toda la perfección posible es el primero de los animales, es el último cuando vive sin leyes y sin justicia. En efecto, nada hay más monstruoso que la injusticia armada. El hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear sobre todo para combatir las malas pasiones. Sin la virtud es el ser más perverso y más feroz, porque sólo tiene los arrebatos brutales del amor y del hambre. La justicia es una necesidad social, porque el derecho es la regla de vida para la asociación política, y la decisión de lo justo es lo que constituye el derecho".

(Aristóteles, La Política cap. 1)

            10.02 "En el área de nuestra vida -prescindiendo del problema trascendente que es Dios- hallamos minerales, vegetales, animales y los otros hombres, realidades irreductibles entre sí y, por tanto, auténticas. Lo social nos aparece adscrito solo a los hombres. Se habla también de sociedades animales -la colmena, el hormiguero, la termitera, el rebaño- pero sin entrar en más consideraciones, basta la de que el hombre, como realidad, no ha podido ser reducido  a la realidad animal para que no podamos, por lo pronto al menos, considerar como sinónima la palabra sociedad cuando hablamos de "sociedad humana" y de "sociedad animal".

(Ortega y Gasset, José, El hombre y la gente, Ed. Revista de Occidente, Colección El Arquero, Madrid, 1970 p.17) (Introducción p.15-23)

            10.03 "En el hombre hay, pues, usando nuevamente el lenguaje de Pascal, un polo de "grandeza" y un polo de "miseria". Y aquí tocamos un punto capital del "personalismo" de Maritain, el punto preciso en que se justifica el carácter "comunitario" de este "personalismo". Puesto que el hombre necesita de la vida en sociedad a la vez en razón de uno y otro polo, debido a que es una persona y debido a que todavía no lo es totalmente. Lejos de ser un todo orgullosamente cerrado en sí mismo, o un átomo que sólo puede estar yuxtapuesto a otros átomos, es en primer lugar "un todo abierto y generoso"...

(Bars, Henri, La política según Maritain, Ed. Nova Terra, Barcelona, 1966 p.32)

            10.04 "Dijimos al hablar de los caracteres típicos de la persona, que es esencial a la personalidad el tender a la comunión.

            Importa insistir sobre este punto que tan a menudo se echa en olvido: la persona exige por naturaleza, en virtud de su dignidad así como de sus necesidades, ser miembro de una sociedad. Las sociedades animales, sólo en sentido impropio se llaman sociedades o ciudades. No pasan de ser agrupaciones colectivas formadas de simples individuos. La sociedad propiamente dicha, la sociedad humana es una sociedad de personas; sólo por estar compuesta de personas es la ciudad digna de este nombre. La unidad social es sólo la persona.

            ¿Por qué razón la persona exige por naturaleza vivir en sociedad? En primer lugar, en cuanto es persona, es decir en virtud de las perfecciones mismas que le son propias y en virtud de esa tendencia a la comunicación del conocimiento y del amor de que hemos hablado y que exigen establecer relaciones con las demás personas. Considerada bajo el aspecto de su generosidad radical, la persona humana tiende a sobreabundar en las comunicaciones sociales, según la ley de la sobreabundancia que está escrita en lo más profundo del ser, de la vida, de la inteligencia y del amor.

            En segundo lugar, la persona humana exige esa vida en sociedad en virtud de sus necesidades, es decir, en virtud de las exigencias que derivan de su individualidad material. Considerada bajo el aspecto de esas necesidades, tiende a incorporarse a un cuerpo de comunicaciones sociales, sin lo cual es imposible que llegue a la plenitud de su vida y al cumplimiento de aquéllas. La sociedad aparece así como proporcionando a la persona las condiciones de existencia y de desenvolvimiento que necesita. No puede por sus solos recursos llegar a su plenitud; encuentra en la sociedad bienes que le son esenciales.