El hombre: "homo viator" - Página 1
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            01. "El Señor es mi pastor,

            nada me falta;

            por prados de fresca hierba me apacienta;

            hacia las aguas del remanso me conduce,

            y recrea mi alma.

            Me guía por senderos rectos

            por amor de su nombre.

            Aunque vaya por valle tenebroso

            no temo ningún mal

            pues están junto a mí tu vara y tu cayado,

            y esto me consuela."

(David (1015-975), Salmo 22, 1-4)

            02. "Dichosos los que sin mancha en su conducta, caminan en la Ley del Señor"

(Salmo 118,1)

            03. "Del camino extraviado, apártame, y hazme la gracia de tu Ley" (Salmo 118, 29)

            04. "¿Por que el mundo se inquieta por sí mismo? Todos los caminos conducen al mismo lugar. Todos los pensamientos llevan a las mismas conclusiones. ¿Por qué el mundo se preocupa por sí mismo?"

(Confucio (551-479 a.C),  cit. por Buscaglia, Leo, Ser Persona o el arte de ser plenamente humano, Emecé editores, Buenos Aires, 1985 p.9)

            05. "1. No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creéd también en mí. 2. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo hubiera dicho; voy a prepararos un lugar. 3. Y cuando me fuere y os haya preparado un lugar, volveré otra vez y os tomaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros; 4. Ya sabéis el camino para ir adonde yo voy. 5. Tomás le dijo: Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? 6. Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no por mí. Si me habéis conocido a mí, conocéis también a mi Padre. Y desde ahora lo conocéis y lo véis..."

(San Juan, XlV, 1-6)   

            06. "A la mitad del viaje de nuestra vida, me encontré en una selva oscura por haberme apartado del camino recto.

            ¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi temor; temor tan triste, que la muerte no lo es tanto. Pero antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he visto.

            No sabré decir fijamente como entre allí; tan adormecido estaba cuando abandoné el verdadero camino. Pero al llegar al pie de una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el corazón, miré hacia arriba, y ví su cima revestida ya de los rayos del planeta, que nos guía con seguridad por todos los senderos. Entonces se calmó algún tanto el miedo que había permanecido en el lago de mi corazón durante la noche que pasé con tanta angustia; y del mismo modo que aquél que, saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la playa, se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla, así mi espíritu fugitivo aún, se volvió hacia atrás, para mirar el trayecto de que no salió nunca nadie vivo..." (El Infierno, Canto Primero)

(Alighieri, Dante (1265-1321), La Divina Comedia, Ed. Anaconda, Buenos Aires, 1950 p.15-16)

            07. "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme no ha mucho tiepo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor...

            Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año- se daba a leer libros de caballería con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aún la administración de su hacienda...

            En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura... de manera que vino a perder el juicio...

            En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dió loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras...