La SI 40 11 09
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La Conferencia en pijama  (13)

19. Una idea muy rara

            Siendo esto hechos a la vista, no podían menos de ser tenidos en cuenta. Y, en virtud de ellos, se encontraban los que veían con envidia que Europa vendiese más que ellos  en estos pueblos latino-americanos en una especie de callejón sin salida. Si estos pueblos no debían comprar en Europa, era corolario evidente que tampoco Europa podía comprar en ellos. Y sus productos no podía comprarlos Estados Unidos por producirse ellos lo que necesitan. Un nuevo corolario surgía de esto: que estos pueblos no podían comprar en Estados Unidos, que era la finalidad que se perseguía. Un atascamiento absoluto en la realidad comercial.
            Fue entonces cuando Mr. Hull inventaba. Y su invento era algo tan medularmente raro y absurdo, que se necesita buscar los diarios que traen sus declaraciones  y leerlas diez veces,  para convencerse de que uno no anda por los mundos de la fantasía y de los sueños. La idea que le acudía al Secretario de Relaciones (después de una lenta y larga gestación) podía resumirse en lo siguiente: “Norte América no necesita nada del resto de América. Pero ella  adquirirá con exclusividad todos los productos latino-americanos, para venderlos a su guisa y en las condiciones que le cuadren a los pueblos de Europa, que los necesiten”. El lector hallará natural que hayamos dicho antes que había que cerciorarse bien de que las agencias telegráficas no inventaban cuando nos contaban este cuento; y lo hacían con la gracia ingenua del que cree haber hallado la cuadratura del círculo.
            Sería podríamos decir ingenuo ir detallando los absurdos comerciales –y los absurdos psicológicos- que entrañaba una tal genial propuesta
            Uno se pregunta ante todo: ¿qué finalidad se busca –uno no la encuentra en la zona de lo racional- con que lo que ha de ir  de ahí a Europa pase antes por Estados Unidos? Van a toda la Europa productos de Argelia sin pasar por París. El estaño de las Indias Holandesas camino derechito hacia Estados Unidos sin pasar por la metrópoli holandesa. Se juzgaría cosa de insigne torpeza este propuesto procedimiento norteamericano, semejante al que, para ir de Santiago a Buenos Aires, diese una vuelta por el Pacífico japonés y doblase por Australia y el Cabo de Hornos. Llegaría, ciertamente, a la capital argentina. Pero lo llevarían derecho a la casa de orates.
            Se dirá que no se trataba del acarreo material, sino de un pasar por Norte América solo económicamente. Es decir, que, sin moverse de su sitio de producción los productos latino-americanos, Estados Unidos los adquiriría y los revendería a voluntad a pueblos europeos. No era así, porque incluso se habló de gigantescos almacenamientos…que hubieran dado trabajo a millares de desocupados y habrían nutrido las compañías navieras.
            Pero esto es más absurdo que lo anterior. Porque aquello tocaba a fallas geográficas y esto toca a fallas psicológicas. Para que América aceptase tal procedimiento, era menester que estos pueblos fuesen de una capacidad de sumisión y vasallaje muy inferior al de las ínfimas colonias. En otras palabras: infracolonial a las órdenes de la metrópoli norteamericana.
            Se pueden calcular las “gangas” con que una economía en trance tan difícil como la norteamericana podría poner buenos parches a sus numerosos agujeros.  Sabemos que todo es cuestión de desocupación, no siendo todas las demás dificultades más que corolarios legítimos de esta dificultad fundamental: que, para los que solo miran al día, la desocupación se reduce a un problema de dinero con que subvenir a los millones de ciudadanos que están afectados por ella. Y el lector puede calcular las diferencias fantásticas que podría sacar Estados Unidos –millonadas de dólares- de esa compra por su cuenta de toda la producción exportable latino-americana y de esa venta posterior de esas enormes cantidades a Europa. Siendo Estados Unidos cliente comprador único, podría pagar las cantidades que le viniesen a capricho, y pondría luego en funcionamiento los precios de costo para pagar poco. Siendo vendedor único a Europa de cosas que ésta necesitaría, podría sacar los precios que se le antojasen. Y sabemos todos que en Norte América los intermediarios exigen ganar, por simples actos de compraventa, más de lo que representa el costo de la producción. En aquel país no es raro que un producto que cuesta un