UNILATERALISMOS. UNIVERSALISMO. EL PROBLEMA. SU INCIDENCIA EDUCATIVA. - Página 1
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            01.0 "Posiblemente se aduzca que no es misión del sociólogo ocuparse de creencias religiosas, teorías filosóficas ni tradiciones artísticas o literarias, puesto que todas ellas se hallan fuera de su zona de acción y no toleran la definición científica ni el análisis cuantitativo; sin embargo, parece absurdo que en el estudio del medio ambiente físico de una sociedad se prescinda de las fuerzas espirituales que gobiernan la vida psíquica. La tarea primordial del sociólogo es sin duda el estudio de la estructura social, pero hay que tener presente que esa estructura se basa, por una parte, en los fundamentos materiales del medio ambiente geográfico y de la función económica, y, por otra, es en sí misma el fundamento de una superestructura espiritual que personifica los valores culturales superiores. Si aislamos a la sociedad de su cuerpo material y de su espíritu cultural no nos queda más que una abstracción. Por ejemplo, para imaginarnos una ciudad griega en su realidad social, hemos de considerarla inmediatamente como un producto de la tierra y como una personificación del helenismo, al igual que Erecteo, el rey héroe de Atenas, fué hijo de la diosa Tierra e hijo de leche de Palas Atenea.

            La intrusión de esas categorías, distintamente cualitativas, en el terreno sociológico constituye un inmenso obstáculo para las ciencias sociales. El científico puro dispone de un material totalmente homogéneo en los fenómenos materiales que investiga. Lo mismo ocurre con el filósofo en el terreno de las ideas. Pero el sociólogo tiene que manejar con imparcialidad los factores espirituales y los materiales, las cosas y las ideas, los valores económicos y los morales y, en fin, las múltiples experiencias de la naturaleza humana en su doble aspecto.

            Los sociólogos siempre ha tenido plena conciencia de ese problema, y a menudo se han sentido tentados -ante el espectáculo que ofrecen los brillantes resultados obtenidos por las ciencias físicas en su uniforme terreno de estudio- a librarse de sus dificultades mediante la simplificación arbitraria e incompleta de la información que poseen. A veces puede resultar atractivo explicar el proceso social de una forma "simple", es decir, considerando la relación entre los distintos factores como un caso de dependencia causal y sencilla, atribuyendo a uno de ellos la calidad de absoluto y estimando al resto como derivaciones secundarias de aquél".

(Dawson, Christopher, Dinámica de la Historia Universal, Ed. Rialp, Madrid, 1961 p.28-29; ver desarrollo completo de la idea p.28-35).    

            02.0 "¿Podemos contentarnos con enumerar en una forma puramente empírica los diferentes impulsos que encontramos en la naturaleza humana? Para alcanzar una visión realmente científica de estos impulsos tienen que ser clasificados y sistematizados y es obvio que no todos ellos se hallan en el mismo nivel. Debemos suponer que poseen una estructura definida y una de las tareas primeras y más importantes de nuestra psicología y de nuestra teoría de la cultura consiste en descubrir esta estructura. Tenemos que encontrar en la complicada madeja de la vida humana la oculta fuerza motriz que pone en movimiento todo el mecanismo de nuestro pensamiento y voluntad. El propósito principal de todas estas teorías consistía en probar la unidad y homogeneidad de la naturaleza del hombre. Si examinamos las aplicaciones que habían de proporcionarnos estas teorías, la unidad aparece como algo muy problemático. Cada filósofo cree haber encontrado la facultad maestra y principal, l'idée maîtresse, como la designaba Taine; pero todas las explicaciones difieren enormemente en lo que concierne al carácter de esta facultad principal y se contradicen. Cada pensador nos proporciona su cuadro especial de la naturaleza humana. Todos estos filósofos son decididos empiristas, pues pretenden mostrarnos hechos y sólo hechos; pero su interpretación de las pruebas empíricas alberga desde un principio una suposición arbitraria que se hace más patente a medida que la teoría se desenvuelve y cobra un aspecto más elaborado y complicado. Nieztsche proclama la voluntad de poderío, Freud señala el instinto sexual, Marx entroniza el instinto económico. Cada teoría se convierte en un lecho de Procusto en el que los hechos empíricos son constreñidos a un patrón preconcebido."

(Cassirer, Ernst, Antropología Filosófica, Fondo de Cultura Económica, México, 1968, p.42-43)

            03.0 "Toda la Sociología y toda la Filosofía de la Cultura de la Cultura del siglo XlX está empeñada en resolver cuál es en rigor el aspecto básico y efectivo de la cultura. Desde el punto de vista causal, la pregunta ha sido formulada repetidas veces: ¿Cuáles son las fuerzas primarias que ponen en movimiento el proceso histórico y social de la cultura? No con tanta frecuencia ha sido encarada teleológicamente: ¿En dirección a qué fin se mueve el proceso cultural? De estos esfuerzos ha brotado una enorme profusión de filosofías "unilaterales" de la historia sin que haya quedado apenas alguna posibilidad teorética sin desarrollar."

(Spranger, Eduard, Ensayos sobre la cultura, Argos, Buenos Aires, 1947, p.70)

            04.0 "Los más variados sistemas filosóficos, unas veces audaces, otras provocativos y casi siempre excluyentes y agresivos, se han gastado y sufren los efectos de la resaca que sigue a cualquier tipo de embriaguez o de exaltación exagerada. Están fatigados y agotados por sus desorbitadas pretensiones y por su afán de exclusividad y de rechazo. Han perdido robustez, lozanía y capacidad de convicción y de adhesión. No se debe olvidar que los más pomposos sistemas metafísicos son frecuentemente secularizaciones de la religión, aunque la rechace el mismo sistema, o cosmovisiones religiosas con ropaje filosófico. Hoy no sólo vivimos la época del posracionalismo, del posidealismo, del posmaterialismo, del posespiritualismo, sino también la época posfenomenológica, posexistencialista, posestructuralista, posneopositivista y posmarxista. Ante este hecho de revisión profunda y de rechazo generalizado de sistemas totalizantes no sería descabellado seguir la recomendación de G.Ryle cuando propone conceder "vacaciones internacionales" a vocablos como nominalismo, realismo, espiritualismo, materialismo, idealismo, etc., para fijarnos directamente en el hombre concreto y real y ver cuáles son sus posibilidades, virtualidades, limitacionesy ambiciones. Y desde ahí poder hablar a todos los hombres de carne y hueso, como deseaba Miguel de Unamuno."

(Merino, José Antonio, Humanismo Franciscano, Ed. Cristiandad, Madrid, 1982, p.23-24)