La SI 40 11 16
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La Conferencia en pijama  (14)


20 Las contrapruebas
            Hemos afirmado antes que Estados Unidos buscaba tres puntos y no más: adueñarse de las riquezas americanas, defendidas mediante la instalación de bases navales y aéreas en todo el continente; expulsar del continente americano el comercio europeo, so capa de conquistas posibles de Europa sobre América; heredar la riqueza británica en el continente. Era esta finalidad buscada desde la Conferencia de Montevideo, intentada desde las restantes Conferencias, y siempre repudiada por los países americanos.
            De conformidad con estas ideas, y creyendo que el terreno ahora sí que estaba ya suficientemente preparado, elaboraba Mr. Hull, con la cooperación de su alto empleado el Director de la Unión Panamericana, un programa abiertamente tendiendo a aquellos fines. Pero se habían equivocado. Y así lo comprendieron cuando, a causa de múltiples insinuaciones, tuvieron que cambiar absolutamente el programa, redactar el que hemos copiado más atrás (La SI 28/09/40 p. 8-9), insulso y de pura fórmula, dejando para cuando la ocasión lo hiciera posible y el asunto se creyera maduro, resucitar esos intentos, que perduraban, con constancia nunca debilitada, en la intención de Mr. Roosevelt y su país.
            La contraprueba de que esto era así lo muestra lo que ha acontecido después de celebrada la Conferencia de La Habana. Luego veremos qué es lo que se acordaba en ella. Nos interesa ahora (puesto que vamos más a mostrar intenciones verdaderas que camuflages de intenciones) señalar cómo, inmediatamente de cerrada la Conferencia, y libres los norteamericanos de la inmediata compañía de los delegados sudamericanos, se olvidan completamente de lo acordado y se lanzan otra vez por los andurriales que habían tenido que abandonar durante la Conferencia.
            Desde entonces realizan mil cosas raras –a la cabeza de todas: hacer sonar ante los gobiernos la bolsa de oro de la Corporación de Comercio Exterior- para volver a la tesis de obtener bases navales en cada uno de los países americanos. Se había hablado en la Conferencia de apoyo común ante un ataque. No le interesa esto a Estados Unidos. Sabe que este ataque no vendrá jamás. Y tira derecho a sus deseos: adueñarse (mediante bases con técnicos propios y material propio apoyado por fuerzas propias) de cada uno de los países americanos, pudiendo marginar sus exigencias económicas futuras (por ejemplo: no vendéis a Europa) mediante los buques, cañones y aeroplanos ubicados en el corazón vulnerable de cada país.
            Igualmente realiza todo lo posible para obtener los productos sudamericanos y disponer de ellos. Aquella famosa propuesta “yo les compro a mis precios y lo vendo a Europa a los precios que me convengan”, ha vuelto a intentarse sin hablar directamente de ellos. Ya en varios países se han hecho gestiones para comprar miles de toneladas de productos sobrantes (por tanto, a precios ínfimos) que Estados Unidos no necesita. Para venderlos a Europa, que los necesita. Por tanto, a precios altos.
            Es decir, después de la Conferencia de La Habana, se salen los gobernantes americanos de la zona de cosas acordadas y retornan –era natural- a sus intentos anteriores. Aquellos intentos que desde la Conferencia de Montevideo, hace como siete años, habían sido constantemente rechazados.
            Rogamos al lector se vaya fijando en los cablegramas que día a día vendrán a confirmar esta tesis. Estados Unidos no tiene interés alguno en lo acordado en La Habana. Lo tiene enorme en las finalidades trascendentales que está buscando desde tiempo, fracasadas en Montevideo, en Buenos Aires, en Lima, en Panamá, en la misma La Habana, aunque algunos críticos pesimistas crean lo contrario. Bajo toda la letra de las cosas que propongan en cada instante; bajo la costra superficial de los hechos que realicen uno tras otro, el lector podrá notar el retorno a la tesis de siempre: adueñarse América entera, envolviendo el protectorado dentro de siete capas de palabrería encantadora: Independencia, Democracia, Libertad, etc. etc.