MEDIO EDUCACIONAL LIBRO Y LECTURA 1 - Página 1
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"No hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena."

(Plinio(siglo l d. de C.), cit por Anónimo, El lazarillo de Tormes(1554), Ed. Andrés Bello, Santiago de Chile, 1999 p. 7)

            "Rechaza la sed de libros, para morir no con lamentos, sino con serenidad."

(Marco Aurelio(161-180), cit. por Jean Guitton, El trabajo intelectual, Ed. Rialp, Madrid, 1981 p.119)

 "Según el orden acostumbrado de los estudios, llegué a un libro de un tal Cicerón, cuya lengua casi todos admiran; el pecho, no todos. Aquél libro suyo, titulado Hortensius, contiene una exhortación a la filosofía. Y aquel libro mudó mis aficiones, y enderezó a Vos, Señor mío, mis plegarias, e hizo que fueran otras mis aspiraciones y deseos. De repente me pareció vil toda vana esperanza, y con increíble ardor de corazón deseaba la inmortalidad de la sabiduría, y comenzaba a levantarme para volverme a Vos. Porque no buscaba pulir el estilo -que es lo que, al parecer, yo compraba con los dineros de mi madre a mis diecinueve años, muerto ya dos años antes mi padre-; no buscaba, digo, con la lectura de aquel libro pulir el estilo, ni al leerlo me había convencido su lenguaje, sino lo que decía."

(San Agustín(354-430), Confesiones, Apostolado de la Prensa, Madrid, 1951 p. 56)

 "Temo al hombre de un solo libro".

(Santo Tomás de Aquino(1225-1274), El Mercurio, Santiago, Revista de Libros, núm. 294, 25/12/94 p.7)

"¡Perros!...¡Os fijastéis en el perro que acaba de encontrar un hueso con tuétano! El perro es, como dice Platón, libro ll, de la Rep., la bestia más filósofa del mundo. Si lo habéis visto, habéis podido notar con qué devoción lo lame, con qué cuidado lo guarda, con qué fervor lo retiene, con qué prudencia lo esconde, con qué cariño lo abraza y con qué diligencia se lo lleva. ¿Quién le induce a hacer esto? ¿Qué esperanza pone en su estudio? ¿Qué bien se promete? Nada más que un poco de médula o tuétano. Bien es verdad que ese poco vale más que otros muchos, porque la médula es alimento elaborado a perfección por la Naturaleza, como dice Galeno lll, Facu, nat., y Xl, De Usa partium.

            Siguiendo el ejemplo, del perro, os conviene ser prudentes para sentir, estimar y saborear estos bellos libros, graciosos superficialmente, ligeros al parecer y gratos cuando se encuentran; después, en virtud de curiosas lecciones y meditaciones frecuentes, romped el hueso y gustad la sustantífica médula -he aquí como yo entiendo los símbolos pitagóricos- con esperanza cierta de llegar a ser avisados y circunspectos a favor de la lectura, porque en ella encontraréis al profundizar un gusto diferente, una doctrina más profunda que os revelará muy altos sacramentos y misterios horríficos, tanto en lo que concierne a nuestra religión como al estado político y a la vida económica".

(Rabelais (1495-1553), Gargantúa y Pantagruel, Centro editor de América Latina, Buenos Aires, 1970, prólogo del autor, p. 8)

            "... Eramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus padres, por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fui yo, aunque era la más querida de mi padre; y antes que comenzase a ofender a Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima cuando me acuerdo de las buenas inclinaciones que el Señor me había dado, y cuán mal me supe aprovechar dellas. Pues mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios.

            Tenía uno casi de mi edad(1), juntábamonos entrambos a leer vidas de santos, que era el que yo más quería, aunque a todos tenía  gran amor y ellos a mí; como veía los martirios que por Dios los santos pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios, y deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve  de los grandes bienes que leía haber en el cielo, y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio  habría para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allí nos descabezasen, y paréceme que nos daba el Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino que el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos mucho  el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando desto; y gustábamos decir muchas veces, para siempre, siempre, siempre.. En pronunciar esto mucho rato, era el Señor servido, me quedase en esta niñez impreso el camino de la verdad..."

(1) su hermano Rodrigo

(Santa Teresa de Jesús(1515-1582), Libro de su vida, Colección Cisneros, Ediciones Atlas, Madrid, 1943 p. 11)