MEDIO EDUCACIONAL LIBRO Y LECTURA 4 - Página 1
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             "Y lo segundo que hoy quería contarle, es esto:

            De todos mis libros, pocos me son indispensables; pero hay dos que están entre mis cosas dondequiera que me encuentre.  Están también aquí, en torno mío: la Biblia(a) y los libros del gran poeta danés Jens Peter Jacobsen(b). Se me ocurre si conocerá usted sus obras. Podría usted procurárselas fácilmente, pues una parte ha aparecido en "Reclams Universal-Bibliothek", en una traducción muy buena.  Adquiera el tomito "Seis Relatos de J.P. Jacobsen", y su novela "Niels Lyhne"; y empiece el primer cuento del primer tomo, que se llama "Mogens". Un mundo aparecerá ante usted: la felicidad, la riqueza, la inexplicable grandeza de un mundo. Viva usted algún tiempo en estos libros. Aprenda de ellos lo que le parezca digno de ser aprendido; pero, sobre todo, ámelos. Este amor le será retribuído mil y mil veces y, sea cual fuere su vida, él ira -estoy seguro de ello- por el tejido de su existir como uno de los más importantes hilos entre todos los hilos de su experiencias, decepciones y alegrías.

            Si yo debiese decir por quiénes he sabido algo sobre la esencia de la creación, sobre su profundidad y eternidad, solamente dos nombres son los que podría pronunciar: el de Jacobsen -el grande, grande poeta- y el de Augusto Rodin© , el escultor que no tiene igual entre todos los artistas  que hoy viven.

            ¡Y buen éxito en sus caminos!"

(a)    Rilke leía con regularidad la Biblia. Sus versos, y hasta los giros más corrientes de sus cartas, presentan a menudo reminiscencias de las Sagradas Escrituras, que les prestan acentos novedosos y profundos.

(b)   Jens Peter Jacobsen, poeta y novelista danés (7-4-1847 a 30-4-1885). Fue gran admirador de la literatura francesa. Influyó mucho en los autores alemanes de los años posteriores a 1870. Entre sus novelas, "Niels Lyhne" fue la primera que leyó Rilke.

(c)    Ninguna personalidad ha tenido un influjo más profundo sobre Rilke que la de Rodin.

(Rilke, Rainier María(1875-1926), Cartas a un joven poeta, Ed. Siglo veinte, Colección Panorama, Buenos Aires, 1957 p. 22-23)

            "No he evocado aquí ni las experiencias que contribuyeron a formarme en mi infancia y mi primera juventud, ni la impresión imborrable que me causaron los cuentos de Andersen, ni aquellas tardes en que escuchábamos cómo nuestra madre nos leía Strotid, de Reuter, o nos cantaba canciones al piano, ni el culto que profesaba a Heine por la época en que escribí mis primeras poesías, ni las horas apacibles y llenas de entusiasmo que, después de salir de la escuela, pasaba leyendo a Schiller junto a un plato lleno de rebanadas de pan untadas con mantequilla. Mas no quiero pasar del todo por alto ciertas experiencias grandes y decisivas, debidas a lecturas que realicé por los años a que hemos llegado en este relato: me refiero a la experiencia de Nietzsche y a la de Schopenhauer.

            El influjo espiritual y estilístico de Nietzsche es reconocible, sin duda, ya en mis primeros ensayos de prosa que vieron la luz pública. En las Betractungen eines Unpolitischen (Consideraciones de un apolítico) he hablado de mis relaciones con ese espíritu complejo y subyugante, reduciéndolas a sus condicionamientos y límites personales. El contacto con Nietzsche determinó en alto grado mi forma espiritual, que se estaba fraguando; pero cambiar nuestra propia sustancia, hacer de nosotros algo distinto de lo que somos, eso es algo que no puede realizarlo ninguna potencia educativa. Toda posibilidad de formación en general presupone un ser, el cual posee la voluntad instintiva y la capacidad para seleccionar, asimilar y reelaborar todo de manera personal. Goethe dijo que para hacer algo es preciso ser algo. Pero incluso para poder aprender algo, en el sentido más elevado de esta palabra, se necesita ya ser algo. Investigar cuál fue el tipo de absorción y de transformación orgánicas que el ethos y el arte de Nietzsche sufrieron en mi caso es algo que dejo a los críticos que cran oportuno hacerlo..."

(Mann, Thomas (1875-1955), Relato de mi vida, Alianza editorial, Madrid, 1990 p.23-24)

            "Lo que hasta ahora llevo explicado se refiere a acontecimientos interrumpidos por largos períodos, que abarcan algunos años. Tuvieron lugar en mi personalidad número 2(a) y eran estrictamente secretos. Utilizaba la biblioteca de mi padre para estudiar estas cuestiones(b) sin pedírselo y a escondidas nada más.  Sin embargo, mientras tanto, la personalidad número 1 leía despreocupadamente todas las novelas de Gërstäcker, así como traducciones alemanas de novelas inglesas clásicas. También comencé a leer literatura alemana, los clásicos en primer lugar, hasta el punto de que las inútiles y trabajosas aclaraciones de la escuela sobre cosas triviales no me quitaron el interés por ella. Leía mucho y sin plan alguno: drama, poesía lírica, historia y posteriormente obras científicas. La lectura me resultaba no solamente interesante, sino que me ofrecía, además, un esparcimiento beneficioso."

(a) Jung, siendo escolar, constató esto: "En el fondo sabía siempre que en mí habían dos personalidades. Una era la del hijo de sus padres, que iba a la escuela y era menos inteligente, atento, estudioso, disciplinado y limpio que muchos otros; por el contrario, la otra era adulta, vieja, escéptica, desconfiada, apartada de la sociedad..." (p.56; ver tb. 45, 114)