La SI 40 12
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La SI 40 12
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Fracaso de la Conferencia Interamericana La SI 07/12/40 p. 5-6
Fin de Conferencia en pijama La SI 21/12/40 p. 8
La Conferencia en pijama (15) La SI 28/12/40 p. 6

Fracaso de la Conferencia Interamericana
La SI 07/12/40 p. 5-6

 Ha terminado la Conferencia Marítima Panamericana, con un cero enorme, y bien redondo, como resultado. Lo preveíamos en la crónica anterior. Y no podía ser de otra manera.
 Han sido aprobadas once declaraciones. Cualquiera creería que se trata de algo práctico, o, cuando menos, de algo que tiene relación con algunos estudios hechos. Nada de esto. Once declaraciones que acuerdan, una por una, “la necesidad de que se estudie la manera de llegar a una conclusión”. El lector creerá que nos burlamos. Es absolutamente real y objetivo lo que decimos. Los reunidos han acordado, respecto de once problemas, que otros los estudien, para ver si, en lo futuro, se podrá sacar alguna conclusión práctica. La fórmula real es ésta: “La Conferencia acuerda la necesidad de que una Comisión especial vea  la manera de estudiar la posibilidad  de la conveniencia de reunir datos para ver de convenir algunas conclusiones, que, posteriormente, serían aconsejadas a los gobiernos para que cada uno viese la conveniencia de estudiar, etc. etc. etc.” Cierto que la fórmula acordada no es tan guasa ni bromista. Pero es igualmente estéril, y aún conviene en la forma de su enunciación.
 Los mismos críticos norteamericanos confiesan  el absoluto fracaso. El mismo presidente de ella acaba de declarar que “la reunión ha sido una valiosa contribución para la comprensión mutua de los problemas marítimos interamericanos”.  Es decir, un aporte para que “puedan ser comprendidos”, los problemas por aquellos que los trataron. Esta confesión delata una todavía mayor esterilidad que la enunciaba al principio.
 Más todavía. No ha habido un solo problema de los 11, que no hubiese sido tratado, con igual incompetencia y esterilidad, en las anteriores Conferencias Panamericanas, desde hace veinte años.
 La razón de esa esterilidad está a la vista. Los problemas marítimos americanos presentan dos zonas de interés. A  la América Ibérica le conviene tener marina propia, y que, además, la marina norteamericana se comporte sin la explotación que representa el canal de Panamá y sin la mala fe del buque que solo embarca –porque así le cuadra- lo que no puede perjudicar a las mercaderías norteamericanas. Y a Estados Unidos le conviene todo lo contrario: que su marina acapare todos los mercados americanos; que los fletes sean altos; que los desocupados de su país sean mantenidos por el esfuerzo de toda la América.
 ¿Qué papel han representado en esa Conferencia los delegados de los diversos países americanos? Ni más ni menos que el papel que han representado siempre en esas Conferencias otros delegados de los mismos países: servir de decoración para que la situación actual intolerable continúe igual, como conveniencia que es del gran país norteamericano. 
 ¿En qué se diferenciará ahora, después de la Conferencia, la realización del transporte marítimo del que existía antes de celebrarse la Conferencia? Absolutamente en nada. Todo igual y lo mismo, sin una sola conclusión definida siquiera que presentar a los gobiernos para ser enchufadas en las leyes americanas.
 Ante tanta esterilidad, que ha de ser fatal para nuestros pueblos, cada día más acaparados por los transportes extranjeros ¿cómo se prestan los países americanos a perder tiempo y dinero en Conferencias que no pueden representar absolutamente nada práctico? Misterio. Y sería una buena labor la del que intentara descifrarlo.

Fin de Conferencia en pijama
La SI 21/12/40 p. 8

En los próximos números daremos término al estudio de la Conferencia de La Habana, interrumpido por falta de espacio en estas últimas semanas abarrotadas de acontecimientos.
 Para otro número una crítica del último discurso de A. Hitler 

La Conferencia en pijama (15)
La SI 28/12/40 p. 6