TEXTOS PEDAGÓGICOS - Página 1
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"La lectura

            Tratamos aquí de la lectura libre y privada (distinta, como medio educativo de la obligada lectura instructiva de la clase). Ella no sirve únicamente para la formación literaria, la ampliación de conocimientos científicos y el progreso en la conversación, sino que practicada por alguien que sepa orientarla hacia una autoformación puede convertirse en uno de los medios más eficaces para el desenvolvimiento del espíritu, del criterio y de la voluntad, y puede favorecer extraordinariamente la labor personal del educador o del maestro, como puede entorpecerla o incluso paralizarla. La formación de los intereses y del ideal no es solamente causa de que el educando elija libremente tales o cuales libros, sino que también es efecto de los libros puestos a disposición del educando.

            La eficacia de la lectura cambia mucho según los individuos. Procede, por una parte, de la minuciosidad, excelencia y vigor de la exposición, y por otra, de la atención concentrada que la forma literaria despierta en el joven y muchas veces también de la indudable "autoridad" de la letra de molde o de los autores, sobre todo cuando son desconocidos, pues entonces los jóvenes los encuentran "superiores".

            Un libro para la juventud es tanto más valioso cuanto mayor número de valores pedagógicos presente (religiosos, éticos, teoréticos, estéticos, etc.); pero ello no significa que deje de serlo si prescinde de alguno  o de varios valores, con tal que no dañe directamente a ninguno. Consecuencia: no juzguemos ni elijamos los libros para jóvenes con un criterio unilateralmente estético, moral o religioso.

            La lectura no sólo ha de vigilarse negativamente, sino que es menester guiarla positivamente en cuanto a su cantidad y contenido, y en cuanto al modo y manera de leer. Ha de iniciar la comprensión de los clásicos de nuestra patria y suscitar el interés por ellos, y ha de formar el gusto literario.

            Respecto a esta supervisión, valga lo dicho en el & 4(a). Y en lo que concierne a guiar positivamente la lectura libre (no la que está al servicio de las tareas escolares), valga, con poca diferencia, lo que dijimos sobre el juego en el & 3 A.

(a) Supervisión y vigilancia. Educación preventiva

(Göttler, Joseph(1873-1935), Pedagogía Sistemática, Ed. Herder, Barcelona, 1962 p.218)

"Cómo se lee un libro propio

(especial para BOY)

            Existen dos clases de lectores: unos, que leen para aprovechar; otros, que leen para matar el tiempo.

            Sucede lo propio en muchas otras disciplinas mentales o manuales. En Chile, por ejemplo, hay miles de chiquillas que "tocan" -la palabra es de una latitud extraordinaria- el piano. Pero unos ¿el uno por mil? lo tocan para algo útil, para noble solaz estético; los restantes lo tocan para pasar el rato. Aquellos son pianistas. Estos rasca-tripas.

            Puede admitirse que lean para matar el tiempo, mi cocinera, tu lustra-botas, el chauffer de la esquina o la costurera de enfrente. No puede admitirse que un estudiante lea, si no es, por regla general, para estudiar, aprender o saber. Para un escolar la lectura, salvo raros casos, no es un fin, sino un medio. Por tanto, ha de ponerse a leer tomando todas las precauciones para que ese medio le conduzca lo mejor posible al fin que se propone.

            Hay un adagio, expresión cabal de un teorema escolástico, que dice que "tal el fin, tales los medios". ¿Qué fines nos proponemos al leer? Determinados los fines, sabremos cómo debemos leer.

            Suele decirse que se lee para saber. Eso es muy vago. Las finalidades de la lectura son múltiples; pero nos interesa señalar tres: el saber, el disciplinar el entendimiento y el tener a mano, en un instante dado, datos concretos.

            a) Saber. Se lee para adquirir nuevos conocimientos. Todo libro, así se trate del más inútil, enseña. Un volumen dedicado a didáctica, está escrito directamente para enseñar. Pero una novela, cuyo autor creyó hacer obra de arte, está destinada también a enseñar, y a enseñar algo más hondo que una mecánica cualquiera: enseñar de vivir.

            b) Disciplinar. El saber es algo preciso. Leemos algo que no sabíamos. Lo aprendemos. Es un nuevo conocimiento que entró en el archivo de nuestro cerebro. Algo útil, ciertamente, pero pasivo. Con los nuevos conocimientos vamos llenando el almacén de la memoria con nuevos datos.

            Ello no basta a un hombre libre, es decir, que, responsable de su porvenir y de su conducta, ha de aprender, de discutir, de pensar, de realizar, de hablar; en una palabra, de vivir. A más, pues, de llenar el cerebro con muebles bonitos, que constituyen el saber, necesito entrenar el cerebro para que sepa marchar solo y adecuadamente. Necesito disciplinarle.