03. Las sociedades educadoras Las instituciones educativas Familia Iglesia, Estado Escuela - Página 1
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03.01 "A quién toca la educación

A) En General

4. La educación es obra necesariamente social, no solitaria. Ahora bien: tres son las sociedades necesarias, distintas, pero armónicamente unidas por Dios, en el seno de las cuales nace el hombre: dos sociedades de orden natural, tales son la familia y la sociedad civil; la tercera, la Iglesia, de orden sobrenatural.

Ante todo, la familia, instituida inmediatamente por Dios para un fin suyo propio, cual es la procreación y educación de. la prole, es sociedad que por esto tiene prioridad de naturaleza y consiguientemente cierta prioridad de derechos, respecto de la sociedad civil.

Sin embargo, la familia es sociedad imperfecta, porque no tiene en sí todos los medios para el propio perfeccionamiento; mientras la sociedad civil es sociedad perfecta, pues encierra en sí todos los medios para el propio fin, que es el bien común temporal; de donde se sigue que bajo este respecto, o sea, en orden al bien común, la sociedad civil tiene preeminencia sobre la familia, que alcanza precisamente en aquélla su conveniente perfección temporal.

La tercera sociedad, en la cual nace el hombre, por medio del Bautismo, a la vida divina de la Gracia, es la Iglesia, sociedad de orden sobrenatural y universal, sociedad perfecta, porque contiene todos los medios para su fin, que es la salvación eterna de los hombres, y por tanto suprema en su orden.

Por consiguiente, la educación que abarca a todo el hombre, 'individual y socialmente, en el orden de la naturaleza y en el de la gracia, pertenece a estas tres sociedades necesarias, en una medida proporcional y correspondiente a la coordinación de sus respectivos fines, según el orden actual de la providencia establecida por Dios".

(Pío XI, Divini Illius Magistri, Sobre la cristiana educación de la juventud, Roma, 1929, núm. 4)

03.02 "5. Y ante todo pertenece de un modo supereminente ala Iglesia la educación, por dos títulos de orden sobrenatural, exclusivamente concedidos a Ella por el. mismo Dios, y por esto absolutamente superiores a cualquier otro titulo de orden natural.

El primero consiste en la expresa misión y autoridad suprema dél magisterio, que le dio su Divino Fundador: "A mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la fierra. Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos"(I). Al cual Magisterio confirió Cristo la infalibilidad junto con el mandato de enseñar su doctrina: por tanto, la Iglésia "ha sido constituida por su Divino Autor columna y fundamento de la verdad para que enseñe a todos los hombres la fe divina, y custodie íntegro e inviolable su depósito a ella confiado, y dirija e informe a los hombres y a sus asociaciones en honestidad de costumbres e integridad de vida, según la norma de la doctrina revelada"(2).

"6. El segundo título es la Maternidad sobrenatural con que la Iglesia, Esposa inmaculada de Cristo, engendra, alimenta y educa las almas en la vida de la Gracia, con sus sacramentos y enseñanza. Con razón, pues, afirma San Agustín: "No tendrá a Dios por padre, el que rehusare tener a la iglesia por madre"(3).

Por tanto en el objeto propio de su misión educativa, es decir: "en la fe e institución de las costumbres, el mismo Dios ha hecho a la Iglesia partícipe del divino magisterio, y, por beneficio divino, inmune de error, por lo cual es maestra de los hombres suprema 'y isegurísima, y en sí misma lleva arraigado el derecho inviolable a la libertad del rnagisterio"(4). Así por necesaria consecuencia, la Iglesia es independiente de cualquiera potestad terrena, tanto en el origen como en el ejercicio de su misión educativa, no sólo respecto a su objeto propio, sino también a los medios necesarios y convenientes para cumplirla...".

(1) Mateo, 27,18-20

(2)Pius IX, Ep.Cum non sine, 14 julio 1864

(3) De Symbolo ad catech., XIII

(4) Ep. Ene. Libertas, 20 junio 1888

(Pío XI, Divini Iltius Magistri, Sobre la cristiana educación de la juventud, Roma, 1929 núms. 5 y 6)