06. La vocación pedagógica - Página 1
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06.01 "Vocación f. (lat. vocatio). Inspiración con que predestina la Providencia para un papel determinado. Inclinación a la vida religiosa. Inclinación a una profesión: vocación artística".

(Nuevo Pequeño Larousse Ilustrado, Ed. Larousse, Buenos Aires, 1959)

06.02 "Vocación (lat. vocatio) f. Inspiración con que Dios llama a un estado / Advocación / fam. Inclinación a un estado, profesión o carrera".

(Mentor. Nuevo Diccionario Enciclopédico ilustrado, Ed. Sopena Argentina, 1958)

06.03 "La idea de la profesión o vocación religiosa nació del hecho de la extraordinaria elección de un hombre para el cumplimiento de una misión prefijada, como ha ocurrido con los sacerdotes, profetas, reyes y hombres de Estado, principalmente en los tiempos de crisis de la sociedad, quienes extraían de ésta la fuerza para la acción y, finalmente, arrastraban a la misma a una sociedad persuadida. La palabra "vocación", derivada del verbo vocare, llamar, tiene aún otra significación, sobreentiéndese que la profesión es como una voz interior que llama al hombre a un ejercicio determinado, en el que ha de ocuparse cuando esta voz le llame".

(Diccionario de Pedagogía Labor, Ed. Labor, Barcelona, 1936 ver Profesión y educación profesional p. 2587)

06.04" ... porque ej problema de la preparación no tiene realidad ni substancia si no comienza a estudiarse por el de la vocación.

¿Qué es vocación? Es, en su etimología y en su real y vulgar acepción, la 'voz, voz interior, que nos llama hacia la profesión y ejercicio de una determinada actividad. Todos sabemos que esto es la vocación y, a diario, empleamos con absoluto acierto y propiedad la palabra. Pero si meditamos sobre su exacto contenido en cada caso, vemos que pocas veces encubrimos con el nombre de "vocación" la misma cosa; y que, por el contrario, es el vocablo ilustre, pabellón que cubre y dignificaa mercancías de muy diferente dignidad."

vocaciones de amor

"La vocación genuina, pudiéramos decir ideal, es algo muy parecido al amor. "Es, ha dicho Pierre Termier, una pasión de amor." Por lo tanto, una pasión que tiene las características del amor, a saber: la exclusividad en el objeto amado y el desinterés absoluto en servirlo. En esto se distingue el amor de esa otra pasión, tan parecida, para la que tiene nuestro rico idioma su palabra específica: "querer". Se quiere, por ejemplo, a una mujer, con apariencia de amor; pero quererla es aspirar a poseerla pasión, por lo tanto, radicalmente interesada, mientras que el amor quiere servir al objeto amado y no quererle para sí, para poseerle. Por eso, y es el más alto ejemplo, se ama, pero no se quiere a Dios. Además, el que "quiere", el que quiere a algo, persona o cosa, puede querer a la vez otra cosa o persona parecida; no a la única e intransferible que es objeto del genuino amor.

Por todo esto, la vocación ideal es no sólo parecida al amor, sino muy parecida al amor religioso. Y he aquí por qué, no en vano, la vocación más pura, la que, en castellano y en todos los idiomas latinos, representa, casi por antonomasia, a la vocación, es la de la vida religiosa. Cuando decimos de un hombre o mujer que tiene "vocación", sin añadir para qué, todos entendemos que aspira a ingresar en un claustro o ser, cuando menos, sacerdote. Si su vocación es de militar o de médico, entonces hay que añadir "vocación militar" o "vocación médica", para que nos entendamos.

Pero al lado de la vocación religiosa hay otras que, en los casos puros, se acercan a las condiciones rigurosas del imperioso llamamiento: la del artista, la del sabio y la del maestro. En estas tres ocasiones la vocación impulsa al hombre, por encima de toda otra elección, a crear la belleza, si es artista; a buscar la verdad, si es hombre de ciencia; o a enseñar a los otros, si es maestro, la verdad y labelleza conocidas y el modo de buscar las ignoradas. Y, por gozarse en este fin único, el artista, el sabio o el maestro están dispuestos siempre a dejarlo todo y a renunciar a los goces materiales de la vida, al bienestar material que es, por lo común, harto precario en el ejercicio de estas tres vocaciones.

Pero, con ser tan altas, hay diferencias fundamentales entre ellas y la vocación religiosa. A saber: la vocación religiosa pura flO aspira a ningún premio humano, no ya material, sino a los de más elevada e ideal categoría; en tanto que el sabio, el artista o el maestro que renuncian al lujo y, a veces a la olla, por cumplir su vocación, aspiran, ciertamente, a algo más importante que todo esto: a la gloria infinita de crear, de descubrir o de hacer de los discípulos hijos del espíritu; gloria, en cualquiera de los tres casos, que nos acerca también a Dios; pero no como al santo, en el otro mundo, sino aquí, en el nuestro, dándonos categoría humana superior en el fondo a todas las demás; por lo que el investigador raído y el escritor famélico y el maestro sin categoría social son, en realidad, la verdadera aristocracia de la tierra.