Educador, antología textos literarios - Página 1
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EDUCADOR

ANTOLOGÍA TEXTOS LITERARIOS

01. necesidad del educador

'Durante la comida las damas han elogiado cierto retrato obra de Ufl joven pintor.

Lo más maravilloso, decían, es que no ha tenido maestro. Y esto se advertía especialmente en las manos, que no estaban bien dibujadas y dejaban (le producir, por tanto, el efecto artístico deseado.

Se ve, dijo Goethe, que a este joven no le falta talento, pero el hecho de que no haya querido tener maestres, de que haya aprendido a pintar solo, es algo que no debe elogiársele, SiflO más bien reprendérsele. Un talento no se produce en el mundo para ser abandonado a sí mismo, sino para que se eduque en su arte y atienda a los buenos maestros, que son los Únicos que pueden sacar de él algo de provecho. Estos días leí una carta de Mozart, en la cual el gran músico escribe a un barón a quien había enviado unas piezas musicales, lo siguiente: "Hay que combatiros, diletantes, pues, a vosotros, os suelen acontecer dos cosas: o no tenéis pensamientos propios y usáis los de los demás, o, si los tenéis, no sabéis qué hacer con ellos." ¿No son acaso palabras admirables? Y si Mozart las decía para la música ¿no pueden ser aplicadas a las demás artes? Leonardo de Vine¡ afirma: "Si vuestro hijo no posee el sentido de dar realce a lo que dibuja, mediante un sombreado tan poderoso que creeríais poder asir con vuestras manos los objetos, no cabe decir qúé tenga talento". Y añadía el gran pintor: "Si vuestro hijo posee el sentido de la perspectiva y (le la anatomía, ponedle en manos de un buen maestro."

02. El sentido del término

Quién es educador. O, quiénes son educadores

Los agentes de la educación

los padres

"Los niños teníamos que dormir solos, y si nos resultaba imposible y nos deslizábamos de la cama para buscar la compañía de criados y criadas, se nos aparecía en el camino nuestro padre con la casaca vuelta y con grandes voces nos obligaba a refugiarnos espantados en nuestros lechos. Cualquiera puede figurarse las consecuencias fatales de semejante sistema. ¿Cómo ha de perder el miedo aquel a quien se coloca entre los temores? Mi madre, alegre siempre y de buen humor, buscó un expediente pedagógico más eficaz: conseguía su objeto con recompensas; nos prometía melocotones por la mañana si lográbamos dominar nuestro miedo, y al cabo se consiguió a satisfacción de ambas partes."

(Goethe, J.W., Memorias de mi niñez, Colección Austral, Espasa-Calpe, 1951, p. 14)

el padre

"A mi padre le gustaba enseñar, y como estaba alejado de los negocios, le agradaba comunicar a los demás lo que sabía. Así, en los primeros años de su matrimonio había hecho a mi madre ejercitarse con asiduidad en la escritura, así como en el piano y en el canto, viéndose obligada también a adquirir algunos conocimientos someros del italiano."

(Goethe, .J.W., Memorias de mi niñez, Colección Austral, Espasa-Calpe, 1951 p. 15)

"Estos acontecimientos, a pesar de su carácter inquietante, no interrumpían el curso de la enseñanza que nuestro padre se había propuesto darme por sí mismo. El había pasado su infancia en el Gimnasio de Coburgo, uno de los primeros establecimientos alemanes de enseñanza de la época. Allí había adquirido sólidos conocimientos en idiomas, y luego había completado su educación dedicándose en Leipzig y Giessen al estudio de la jurisprudencia. Su memoria doctoral, Electu de aditione heredlitates, se cita aún con elogio por los juristas. Todos los padres sienten el deseo de realizar en sus hijos lo que ellos no pudieron lograr; parece como si quisieran vivir una segunda vida, aprovechando la experiencia de la primera. Mi padre, confiado en sus conocimientos, en su tenacidad inquebrantable, y no fiando de los maestros de entonces, se propuso enseñarme por sí mismo, no dejando más que algunas lecciones necesarias al cuidado de profesores particulares. Comenzaba a extenderse ya.entonces un dilettantismo pedagógico; acaso la primera iniciación para él fuese la pedantería de los profesores oficiales y lo monótono de sus enseñanzas. Las gentes querían algo mejor; pero olvidaban que toda enseñanza no encomendada a profesionales tiene que ser defectuosa."

(Goethe, J.W., Memorias (le mi niñez, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrii, 191, 10.11)

"Cuento esos sucesos de la biografia de mi padre porque, sobre ser honrosísimos para él, constituyen también antecedentes necesarios de mi historia. Prescindiendo de la influencia hereditaria, es innegable que las ideas y ejemplos paternos representan normas decisivas de la educación de los hijos, y causas, por tanto, principalísimas de los gustos e inclinaciones de los mismos."

(Ramón y Caja], Santiago, Mi infancia y juventud, Espasa-Calpe, S.A., Madrid, 1980, p. I4)