Alemania 33 04 10 a
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El avispero judío en Alemania La SI 10/04/33 p. 2-3

Indice de ideas: sobre las persecuciones judías de los nacis en Alemania; los judíos en la historia después de la dispersión: también persecuciones, que las motivan el materialismo de los judíos; las persecuciones en la Edad Media, en nuestros días, en Europa Central, en Alemania;  los hechos que las ocasionan, en este último caso: no solo el dinero judío y la  especulación sino su antipatriotismo; el sueño de Balfour sin éxito; las persecuciones hebreas, que no suscitará oposición en el extranjero, como la habida contra Alemania –la estranguló, así se refirió a ella von Bulow-  durante la primera guerra mundial

            Mala primavera para los hijos de Israel germánicos. Las iras de la Nueva Alemania han caído duramente sobre ellos, levantando una tempestad que está barriendo los ghettos mosaicos.
            Es cosa sensible, pero que se creía inevitable.
           
a) Desde la dispersión de Israel, han pesado sobre la raza de Jacob dos hechos como dos maldiciones. Uno, el sentido materialista de la vida, que enfría y mata el espíritu. Otro, un acaparamiento de ventajas materiales, especie de compensación al aislamiento en que ese pueblo vive, doquiera más o menos.
            Cuando el gran Libro nos habla de las persecuciones contra Cristo, aporta una razón matriz: creía Israel que el Mesías debía aparecer rico, poderoso, dominador, consistiendo el mérito y la redención en la gloria, apoteosis y la riqueza. Es el sentido materializado de la vida, que ha caracterizado siempre a los israelitas, aunque se hayan librado de él, individualmente, espíritus eminentes de la raza.
            Consecuencia de ese sentido material de lo óptimo es –del brazo de una actividad sin límites- el enriquecimiento de la colectividad israelita.
            Doquiera ha sentado el pie, allí ha brotado la fortuna.
            Desde los viejos tiempos se han ido sucediendo dos hechos paralelos: por un lado, ese enriquecimiento; por otro lado, las persecuciones que tras el enriquecimiento han tenido lugar.
            Son famosas las matanzas de israelitas en la Edad Media. Ya en una ciudad, ya en otra, tenían lugar los horrores más espantosos. En España y Portugal fueron terribles. Con serlo, fueron nada, si se comparan con las que tuvieron lugar en Francia y Alemania. Barrios enteros –vivían, entonces, aparte, en distritos raciales- eran saqueados, pasados a cuchillo, quemados. Millares de hombres vivos eran pastos de llamas o caían al filo de la tizona. Uno oleada de sangre y fuego soplaba periódicamente sobre la raza.
            Con las persecuciones, terribles saqueos. Los gobiernos los perseguían para poder usar sus enormes riquezas. Los particulares caían sobre las juderías con ansias de rescatar fortunas que el pueblo tenía por robadas.
            En nuestros días, una nueva edición del mismo hecho se realiza. El pueblo de Israel actúa en los medios cristianos con decisiva competencia. En todas partes han acaparado la banca, la prensa, el gran comercio. Han usado en ello, (en parte) una loable activiad sin límites, siempre origen de envidias; una finalidad desconocedora del mundo de la compasión. Y se han acentuado dos cosas peligrosas cuando van juntas: un enriquecimiento enorme y una soledad fría en medio del bullicio mundano.
            El hecho es general, pero ha sido más acentuado en toda la Europa Central. Son allá más numerosos los judíos, más ricos, mas aislados del común de la gente. Acaparan cátedras en las Universidades de emi (sic) en el comercio, puestos directores en la alta banca. Saben mimar al rico y ceremoniosamente apartarse de la caída y la pobreza.
            ¿Eran ahora en Alemania elementos perversos? Se les ha acusado de desenfrenada especulación y de carencia de espíritu nacional.
            La especulación está en el fondo de su sangre. Es raza que por idiosincracia, sin máximo influjo de voluntad materializó al Mesías, identificándolo con la dominación material y el poder físico. Nace alrededor de las ollas de Egipto –índice del trabajo forzado y de la regalonería- y acaba en el Aseverus que anda y desanda todos los rincones del mundoen busca de un provecho. No es extraño, pues, que en Alemania actual el pueblo de Israel especulase, en