Alemania 33 04 17 a
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Alemania hacia la unificación  La SI 17/04/33 p. 1-2

                Grandes novedades en Alemania. Un decreto de Hitler instaura la dictadura, autorizada por el Reichstag (441 votos contra 94) del pasado mes, siguiendo la racha de los parlamentos que se suicidan, personalizando en una sola persona el derecho y el deber de legislar. Pero, no una dictadura federal o sobre todos y cada uno de los Estados alemanes, sino a la vez refundiendo en uno varios de estos Estados interiores.
            Un doble ataque, de ahí, a la constitución federal y a los diversos miembros que forman el cuerpo vivo del Imperio: primero, refundiendo Estados autónomos; segundo, desconociéndoles a los que quedan el derecho a disponer de sus propios destinos, centralizando todo el poder político alemán en la persona del dictador.
            Ese “gleichschaltung” tiene tan enorme importancia, que bien podemos decir que abre época en la historia del país.
            a) Característica de toda época de transición es una natural confusión entre ideas opuestas, como si el mundo marchara engolfado en una espesa bruma. Hay que repetir la frase “natural confusión”, porque es natural característica de ese entronque de dos épocas el quedar superpuestos en cada instante según distinta intensidad, los opuestos caracteres de lo que se va y de lo que adviene. ¿No dijo el gran ingenio del siglo Xlll que “la corrupción de una cosa era la generación de otra? Y nótese que no afirma la coexistencia, superposición o yuxtaposición de la corrupción que se va y de la generación que se viene, sino la identidad: la corrupción es la generación.
            Ese confusionismo actual alcanza de lleno a los conceptos de todo y parte, de dependencia e independencia, de autonomía y universalismo. Divídese el mundo en dos campos peleadores, que invocan, respectivamente, el particularismo y la universalidad. Son, unos, nacionalistas, regionalistas. Son, otros, universalistas, cosmopolitistas. Quieren los unos la separación, y los otros unicidad. Y los dos campos opuestos enarbolan banderas enemigas.
            Un espíritu sereno vería, como síntesis de esa antítesis, un organicismo vivo, dentro del cual se robustece al último grado la personalidad de cada órgano, y con ello no sólo no se daña, sino que se solida admirablemente la totalidad. Es decir, la posible coexistencia de particularismos y del espíritu general, armonizados dentro del concepto de organismo o de estructura.
            Por no entender esto en numerosos países pelean en estos instantes a ultranza bandos que se creen opuestos cuando late en el seno de los respectivos ideales la solución armónica. En Yugoslavia, mientras los eslovenos predican separatismo, el gobierno quiere uniformidad. En Bélgica, mientras los flamencos tiran hacia un rompimiento nacional, los valones todavía sueñan con el no menos absurdo uniformismo. En Checoslovaquia pelean a morir bohemios y eslovacos, estos con sus ideas secesionistas, y aquellos con sus intolerables uniformismos. Y así, por el estilo, en tantas partes, metidos en una máxima confusión. Es el camino a un fecundo organicismo, para llegar al cual hay que pasar por esa ruta pedregosa que es la incomprensión de los espíritus simplistas, hecha ideal y lucha en los partidos militantes.

            b) Alemania ha sufrido, a este respecto, un largo y doloroso proceso de armonización, que ha durado siglos, desde que el país, allá por los movidos caminos de diez siglos atrás, quedó más o menos constituido como raza, después de los memorables días de Carlo Magno y de sus hijos.
            Mil años duró ese proceso para unificar políticamente lo que la sangre había sólidamente unificado en la realidad étnica. Para llegar a este resultado, necesitase, todavía, de una gran victoria, de una guerra feliz y del puño cerrado del Canciller de Hierro.
            Cuando, como acto penúltimo de la guerra franco-prusiana, surgía el Imperio Alemán por un acuerdo de príncipes, habido en el Palacio de los Espejos de Versalles, tenía lugar un acto lleno de lógica, pero impuesto simplemente por las circunstancias.
            Lleno de lógica. Alemania, a pesar de sus mil años de trituramiento en reinos inverosímilmente fraccionados, era una sola y pura familia nacional. A esa realidad social debía