Alemania 33 05 01

Alrededor del problema del trabajo La SI 01/05/33 p. 3

            Lunes, 1 de Mayo, fiesta tradicional del trabajo. 1933, cuando alrededor del trabajo está dando vueltas el mundo, relegadas a último término tantas otras cuestiones como llenaban, antaño, las horas férvidas de nuestros padres.
           
            a) Cae la actual Fiesta del Trabajo, por burla de la suerte, en las circunstancias más graves de la Desocupación.
            Sumando las diversas cifras nacionales que acaba de publicar la Sociedad de las Naciones y ¿empleándolas? con datos más recientes, podríamos decir que la cifra reveladora del tal de individuos  sin trabajo alcanza, en todo el mundo, la cantidad global de cerca de 40 millones, sin contar países que, como la China, aportan ellas solas, otros veinte millones.
            Esto representa no menos de 200 millones de hombres vivos que no tienen lo suficiente para comer, vegetando entre la caridad, el robo y la miseria. Y ¿no se acerca esa cifra a la mitad del total de trabajadores mundiales?
            Este primero de Mayo la mitad de la humanidad habrá de celebrar la fiesta del descanso forzoso, que no la del trabajo alentador. Y ahí está la  entre las ideas y actitudes que respectivamente abrigan las dos mitades de la humanidad. Mientras esas masas lo ven todo negro a través de su depauperación y sus hambres, los alegres y bien cebados diplomáticos míranlo todo a través de un color de rosa que tiene relación directa con las cuentas de los hoteles y un mañana bien nutrido de realidades y lindas cosas tangibles.
            En este primero de Mayo, aquellos que todavía comen, porque todavía de un modo otro trabajan –y especialmente los que tienen la razón de su sueldo en el deber de gobernar- habrían de ponerse a meditar aquel famoso prólogo que Wilson redactó para el libro penúltimo del Tratado de Versalles: “Teniendo en cuenta que este Tratado  tiene como fin primordial el hacer menos posibles las guerras, y teniendo en cuenta que las guerras del porvenir no serán internacionales sino intersociales, levantadas las masas contra un orden social incompetente e injusto...”.

            c) En Alemania el trabajo ha sido tocado también en esa semana, y por un lado bien distinto, y sin duda bien interesante. El gobierno nazi acaba de hacer obligatorio el trabajo agrícola manual a todos los estudiantes de ciertas ramas de la enseñanza secundaria.
            Viene en buena hora ese ataque directo al intelectualismo, y en la patria de un Harwartismo que debería estar ya, a pesar de sus ideas luminosas, completamente enterrado.
            La enseñanza secundaria es la cenicienta en casi todos los países. La más vapuleada, la más abandonada, la más difícil... y la más concurrida. La vida de ese escolar, precisamente en esa edad, es la de conducción más difícil. Epoca a la vez de transición de edades y de estructuración a pesar de ello, la tarea es durísima para un profesorado al cual se encarga una tan difícil misión.
            El intelectualismo, impuesto por programas en los cuales muchas veces esos profesores nada tienen que ver, es una de las plagas más sensibles para el joven liceista, que se casa con el libro, venera la letra, se enamora de teorismos y crece en una suficiencia mental  dentro de la cual hay el vacío.
            En Alemania el trabajo agrícola era potestativo para esos alumnos. El hitlerismos acaba de hacerlo obligatorio.
            Camino magnífico. No es esto la solución de conjunto. Pero está dentro de la solución de conjunto.
            En una revista pedagógica, sería este un tema de altísimo interés en esclarecer. Basta aquí su enunciación. Y será un día feliz para Alemania ese primero de Mayo en el cual, mientras los verdaderos hombres de trabajo descansan para rendir homenaje a la labor honrada, la juventud que se forma para las profesiones universitarias, se traslade al campo, coja la azada y lasa y sudorosa, levante la espalda y mire al sol.