Alemania 33 06
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Alemania 33 06
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Keyserling opina sobre la revolución hitlerista La SI 04/06/33 p. 6
El absurdo vivo de Danzig La SI 12/06/33 p. 4
Documentación lX  Los 14 “Principios” del Presidente Wilson La SI 12/06/33 p. 9

 
Keyserling opina sobre la revolución hitlerista
La SI 04/06/33 p. 6

    La revolución hitlerista es para Alemania más o menos lo que fue la Revolución Francesa para Francia; y así como el mundo entero tuvo que cambiar su principio de equilibrio y adaptarse a la Francia nueva, así Europa (por lo menos Europa) tendrá que ordenarse en función de nueva Alemania, que en el espacio de pocas semanas ha dejado de ser un caos centrífugo para convertirse en un organismo unitario. He vivido seis revoluciones (dos rusas, dos alemanas, la china y la española) y soy más o menos perito en esta materia. Y bien: lo que aquí sucede es indudablemente el acontecimiento más importante a que yo haya asistido. No se trata de ningún modo, pero de ningún modo, de “restauración”, en cualquier sentido que se tome esta palabra. Se trata de un gigantesco, de un formidable proceso de alumbramiento, y lo que nace es completamente inédito. En principio, lo que he previsto en “El mundo que nace”. Era evidente que después de una opresión sin precedentes, un amordazamiento moral inigualado, Alemania resurgiría  más valiente y orgullosa que nunca. Pero la juventud que ha hecho esta revolución ignora totalmente la anteguerra; no cree en ninguno de los ideales del pasado; es antimonárquica, socialista; es, sobre todo, enemiga de todos los partidos políticos y de toda lucha de clases: no es imperialista. Desea una nueva Alemania en donde cada cual pueda vivir.  El fervor de estos revolucionarios no es político; es religioso. En este sentido puede decirse que ha renacido el espíritu de la Reforma y de las guerras de religión, pero también existe paralelismo con el Islam. De ahí el prestigio y el poderío inauditos de Hitler, muy superiores al de todos los tiranos de la historia. No se apoyan en la fuerza, sino en la fe ciega.
    Por otra parte, la misión de Hitler es pariente de la de Ghandi. Ghandi quiere emancipar al paria, devolverle la dignidad humana. Desde 1918 los alemanes se han sentido parias ante los demás pueblos. Hitler les devuelve el respeto de sí mismos, la fe en sí mismos. De ahí el fervor que inspira y que sobrepasa tan absolutamente el marco de la política. Sin ser probablemente un gran hombre desde el punto de vista intelectual, ha logrado ya más de lo que logró Bismark; así como el Islam ha suprimido las diferencias de nacionalidad, en Alemania puede decirse que ya no existen verdaderamente clases sociales. En este sentido, Hitler alcanza el ideal lejano de los bolcheviques.
    La semejanza con el fascismo es más bien exterior que interior. Sin duda, Italia le ha enseñado mucho a Hitler y los dos países siguen una política común  bajo muchos aspectos; pero el alemán es tan distinto del italiano y esta revolución surge de tal modo de las entrañas del alma nacional alemana, que el resultado sólo puede ser  pura y exclusivamente alemán.
    Es este un fenómeno formidable; por más accidentada que haya sido mi vida, jamás he visto cosa parecida. Y seguramente todo concluirá bien, porque se trata verdaderamente del despertar de una nueva gran nación a una vida nueva. No es reacción; es futurismo. Naturalmente, y a medida que transcurra el tiempo, habrá que vencer grandes dificultades, pero no creo que haya guerras. Existirán también, inevitablemente, etapas intermediarias, pero en suma, lo positivo supera enormemente lo negativo. Quizás sufran 500.000 personas, pero, en cambio, 64.000.000 están en la felicidad y animadas por una nueva esperanza. Y los grandes acontecimientos requieren, para juzgarlos, una visión amplia.

(Estas líneas van precedidas de otras, escritas por JBC en el mismo ejemplar de La SI, en la página anterior, dentro de la crónica -crítica- titulada “El actual caos económico”, afirmando lo siguiente:
“En otro lugar de este número se pueden leer unas declaraciones de Keyserling, que hizo ese eminente pensador a “La Nación”, de Buenos Aires. Habla del hitlerismo. Y no se recata de sacarle a aquel movimiento una significación accidental que está tomando en su periferia visible, para darle una íntima significación de vida nueva, algo así como un movimiento que tiene que ver con una nueva estructuración.
    Esa opinión del sabio alemán podrá ser equivocada. Desde el momento, menos equivocada que la de tantos que no aciertan a saber siquiera lo que es meditación, para llegar a conclusiones críticas. Pero, acertada o equivocada, ella muestra que una nueva estructuración de la humanidad –retornante, en gran parte, a una Edad Media que había sido tan abochornada y ahora es puesta en