Alemania 33 07 10
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El hitlerismo contra los partidos: ¿los atropella o los supera? LA SI 10/07/33 p.3-4

Índice de ideas: Hitler;  el hitlerismo; los partidos políticos; el fascismo;  Rusia; la revolución bolchevique; el comunismo; el individualismo; León Xlll; las democracias modernas

            El telégrafo nos ha venido, durante varias semanas, hablándonos de la disolución de partidos en Alemania. Hitler, con mano de fierro, ha matado al Comunismo como partido legal; ha matado al socialismo; ha matado los partidos conservadores burgueses; ha matado al nacionalismo; ha matado -esta última muerte es de esta semana- al partido del Centro Católico, que durante sesenta años había desempeñado un tan eminente rol en la política alemana.
            El hecho es notable. Para unos, es notable en la zona de las conveniencias. Para otros, es notable en las zonas de los atropellos. Según unos, el Hitlerismo supera los partidos, llegando a una especie de unificación nacional. Para otros, el Hitlerismo atropella a los partidos, valiéndose de la fuerte bruta de los puños y las armas. Pero unos y otros confiesan que el hecho es de enorme trascendencia, tanto para Alemania como para los demás países, convenidos todos en que la ejemplarización es uno de los motivos de acción más eficaces en los cambios políticos y sociales.
            Por lo mismo que se trata de un hecho de importancia excepcional, hay que proceder con calma parsimoniosa. Nada hay más expuesto que andar de prisa. Quien de prisa marcha, es seguro que anda por la superficie de las cosas, que es donde la marcha está más expedita. Pero ¿qué se saca con efectuar largos y fáciles paseos por la epidermis de los problemas? Contrariamente, las entrañas y los interiores son profundos, obscuros y enrevesados. La calma se impone en esas excursiones interiores. Pero, al menos, está uno seguro de que está en contacto vivo con las visceras vitales del problema.
           
            a) Se ha iniciado, desde hace unos ocho años, estudios acerca de esta sencilla pregunta: ¿Qué es el Fascismo?
            Hubiese de haber preguntado esto , aunque con nombre diverso, cuando un cierto procedimiento -no digo "régimen"- de gobierno se iniciaba en Rusia, apoderándose de la gobernación de 140 millones de ciudadanos una minoría de medio millón bien contado. Más entonces no se iniciaron estudios serios, porque aquel cambio aparecía envuelto en tales olas de sangre, que éstas acaparaban la atención mundial, apartándola del régimen de gobierno como tal. Y entonces la discusión se desviaba hacia estos caminos, que no dejaban, también, de ser interesantes: de "la barbarie roja", por un lado; de "la necesidad de asar al palo a la burguesía, por el otro lado.
            Esto eran realidades, ciertamente. Pero eran "otras realidades", que esta, que también comenzaba a sacar cabeza con la revolución rusa: ¿será conveniente lograr por la violencia, en más, o en menos, la unificación nacional superpartidarista, identificando un partido con el Estado y declarando fuera del Estado al que no esté con el partido único legalmente?
            Esta cuestión, que debía haber surgido entonces, no surgía porque otras cuestiones adjuntas, metían más bulla -matanzas, confiscación de la propiedad, etc.-, quedando la cuestión de los procedimientos gubernamentales en la penumbra.
            Cuando en Italia aparecía el Fascismo, el problema toma estado. Y toma también nombre italiano. Los gloriosos Fasci romanos, que pasearon victoriosamente por el mundo los ideales del Imperio, se remozan en manos de Mussolini y aparece un nombre nuevo, que sirve de etiqueta gramatical a una cuestión ya nacida en 1917, en tierras de Rusia.
            El Fascismo italiano se definía a sí mismo de esta suerte: una minoría cualitativa que se apodera por la violencia de la gobernación, segura de que, por su valer cualitativo y por su energía operatriz, es la llamada a poner remedio a males evidentes que dañan gravemente el organismo nacional.
            Esta definición es bastante aceptable. Tiene muchos puntos de contacto con el hecho de la revolución rusa, en cuanto -naturalmente- no nos salgamos de la zona de los procedimientos. Por lo