Alemania 33 09 04
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Alemania 33 09 04
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Congreso Nazi  en Nuremberg La SI 04/09/33 p. 1-2

Índice de ideas: sobre el primer Congreso Nazi, luego de su acceso al poder en Alemania y su propósito; el sufragio universal (que le entregó a los nazis las riendas del poder); los efectos de la revolución nazi a nivel político, educacional, social, laboral, etc.; la “grandiosidad” de los mismos; la austeridad de los jefes, señal de “tiempos nuevos” (de cambio epocal); la ciudad de Nuremberg , su historia, sus hijos, su aporte a la cultura, motivos de que haya sido elegida para ese encuentro

Los Nazis en Nuremberg. Se han reunido en un primer Congreso, después de la victoria, y de unos meses de gobernación, las fuerzas nacional-socialistas alemanas. Y han tenido interés en organizar una manifestación mónstruo, que llamase la atención de los más indiferentes acerca de la importancia del Nazismo, que ha asumido las riendas del poder desde las últimas elecciones.

a)         La primera observación que acude al crítico es notar que ese enorme aparato no era, ciertamente, necesario. No era necesario, para el fin de mostrar al mundo la carta de legitimidad popular del movimiento. Habrá sido conveniente, en opinión de los que lo han organizado, para otros fines. Para ponderar que la opinión alemana les es favorable, no.
            Precisamente en estos instantes ha publicado un estudioso crítico francés las cifras exactas, abarrotadas de números, que constituyen la expresión matemática de las elecciones que llevaron a esos hombres al gobierno. En síntesis, podemos darlas así: votantes, sumados un 48% nazi y un 12% nacionalista, algo más del 60% del censo electoral claramente partidarios del movimiento nazi; un escaso 40%, dividido entre otros 17 partidos. Esto, entre los votantes. Si se considera la masa joven no votante, ese estadístico francés, que no simpatiza con el nazismo, confiesa que no menos del 85% de la juventud alemana, que no ha alcanzado todavía la edad votante, es partidaria entusiasta y decidida, a prueba de cualquier sacrificio, del movimiento.
            He ahí el punto de partida –del forzoso punto de partida- de todos aquellos para los cuales el llamado sufragio universal es bautismo de legitimidad en la generación de los poderes públicos. Toda fuente de soberanía está , según esas ideas, no en la sociedad, sino en un cierto número de personas que constitucionalmente tienen voto. Esa soberanía es la creadora del derecho. La única que tiene facultad legislativa y gobernante. Facultad sin límite, porque el único límite constitucional está a su merced, con poder de acomodar la Constitución a su pensamiento. ¿No es esa la doctrina de la mayor parte de los enemigos del Nazismo?
            Los que juzgan el Nazismo alemán por sus ideas, simpáticas o antipáticas; o por sus hechos, más o menos contundentes, se salen de la única zona en que tienen derecho de crítica, que es la de las propias convicciones. Sus propias convicciones abonan al Nazismo y a cuanto el Nazismo pueda realizar. Porque ese Nazismo es hijo legítimo de la voluntad soberana expresada tal como ellos, los criticadores, dicen que esa voluntad debe expresarse.
            De ahí la poca importancia de ese acto de Nuremberg, si con ello el Nazismo hubiese buscado una demostración patente de mayoría, un marco popular de entusiasmo. Esa legitimación democrática se la dieron las elecciones. Y las cifras, recientemente depuradas, que hemos dado más arriba, no permiten abrigar duda alguna a este respecto.

             El crítico francés que nos da esas cifras, escrupuloso y honesto, acaba sí: “acabo de llegar de Alemania. Aquel gobierno ha tomado una serie de medidas drásticas cuya aplicación he presenciado. No me interesa juzgarlas, y añado que estos casi en absoluto contra ellas. Pero, he de dar fe de lo que he visto: que ellas han sido de tal modo recibidas por la generalidad del pueblo alemán, que, de celebrarse ahora nuevas elecciones, por lo menos un 85% del país estaría fervientemente por los nuevos gobernantes”.