Alemania 36 02 08
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Tres años de gobierno nacional-socialista. La contradicción medular del Liberalismo ante el hecho hitlerista. La SI 08/02/36 p.3-5

Necesidad de la ecuanimidad crítica
            Han pasado tres años –30 de Enero de 1933- después que la cruzada hitleriana llegara a las alturas del poder público. Habían pasado doce años de propaganda, de organización, de cárceles, sufrimientos y calvarios. Por fin, como se llega a la conclusión de un teorema o al final de unas maniobras, el Nacional-Socialismo se imponía y Hitler se sentaba en el sillón supremo de la nación.
            Trienio lleno de actividades, de dinamismo, de acometividad, de acción destructora, de acción creadora. Trienio que ha gastado toneladas de tinta dentro y fuera de Alemania, y con razón: porque si la cantidad de cosas hechas es enorme, la calidad e importancia de ellas es mayor todavía. Por lo demás, nadie niega ese carácter dinámico, fulminante del Nacional-Socialismo, tan distinto del “laisser passer” de los viejos regímenes y de los problemas corticales en que prodigan el tiempo los hombres del antiguo régimen.
            Si todo el mundo reconoce esa dinamicidad, ya no hay unanimidad en el juzgamiento de ella. Contrariamente: jamás se habían dado tan opuestas críticas acerca del nuevo régimen alemán.
            En general hablando, no pueden estas críticas satisfacer a un hombre de gusto depurado y de conciencia estricta. Son críticas extremistas y sin distingos. Unos critican todo, hallándolo todo malo y condenable. Otros lo alaban todo, pegando sobre todo el movimiento el sambenito de la maldad. Y un espíritu ecuánime rechaza ambas situaciones mentales, o mejor, cordiales porque sabe bien que no hay nada tan perfecto que no falle en algo, ni nada tan pésimo que no realice un bien a veces.
            Confunden unos y otros los caminos. Siempre se ha dado, desde que el mundo es mundo, ese alabar lo que nos gusta, aunque sea malo, y silbar lo ajeno, aunque sea bueno. Se ha probado que Tucídides fue un solemne embustero y Julio César, embustero y medio. Y se trata de los más grandes historiadores clásicos. Perdura ese apasionamiento al juzgar los sucesos actuales, y, con mayor razón, acontecimientos que se salen tanto del carril usual como son los que se relacionan con el desarrollo, tan fuera de lo acostumbrado, del Nacional-Socialismo.
            ¿Será posible poner un poco de cordura en todos y convencernos de que nada trae más serenidad a los juicios ni mayor suma de bienes a la sociedad que una crítica objetiva, persiguiendo solamente la verdad, lo que creemos verdad.

ll Rasgos externos del movimiento
            Es interesante pasar revista a los acontecimientos alemanes durante estos tres años y procurar trazar los rasgos sobresalientes.
            Desde el momento, los rasgos externos, es decir, aquellos que se refieren a la legislación y a la actuación misma, llamando rasgos internos a los principios o motivaciones de que han derivado los externos.
            Señalemos algunos:
            1º Gobierno personal, entendiendo por tal el de un grupo de una docena de personas, en medio de las cuales y dominándolas, Adolfo Hitler. Es indiscutible ese carácter, y no son los nacional-socialistas los que lo niegan, antes lo afirman con extremismo radicalísimo. No hay Reichstagg en la realidad viva. No hay gobierno, más que para las rutinas administrativas. Hay un grupo y una persona que legislan, gobiernan y juzgan. Y, por manera tal, que “el Jefe nunca se equivoca”, reclamando obediencia incondicional.
            (Un libro a escribir, por un estudioso que sepa ver bajo las aguas: ¿no es esto lo mismo, exactamente, en lo que el siglo XlX llamó democracia, acaparada por los partidos, es decir, por cuatro