Alemania 37 04 a
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A propósito del cumpleaños del Fuehrer. Maneras nuevas en la Gobernación del futuro: Delicadezas.  La SI 24/04/37 p. 1-3

            Se habla mucho de sistemas de gobierno, de regímenes, de teorías las más diversas. Y se comienza a librar una batalla entre sistemáticos y personalistas acerca de si una honesta y eficaz gobernación depende de un buen sistema de gobierno o depende de los hombres que lo ejercen. Y nosotros sospechamos que ambos tienen razón en lo que afirman y no la tienen en lo que niegan, en una palabra: que ambos factores son necesarios para una Administración correcta.
            Pero hay algo más, que los autores ignoran. Y acerca de esto, sí que se podría librar una buena batalla, y se podría discurrir interesantemente. Es la “manera”
            Un par de ejemplos aclararán las ideas.
            Llego a casa de un amigo y le echo una galana flor:
            - Ven acá, cabeza de burro, ¿por qué no viniste ayer a casa?
            Y el amigo sonríe, se excusa y promete ir cuanto antes.
            Si llamo cabeza de burro a un visitante que acaba de llegar, me soplará un buen puñete. Es la misma palabra. Pero la palabra tiene alma, no sólo la contextura mecánica. Si sólo fuese la contextura mecánica, “llama” siempre indicaría la misma cosa. Sin embargo, a veces el que oye entiende algo que está consumiendo una vela, a veces un gracioso animal de carga de las punas americanas, a veces la acción de uno que requiere la presencia de otro: “esta llama es poco alumbradora”, “una llama llega cargada”, “llama a Pedro”.
            Decía un poeta romano que las cosas tienen su alma: “est anima rebus”. Las palabras igualmente. Esta alma se puede expresar por diversos procedimientos. Uno de ellos, muy interesante, es la “manera”.
            Esto tiene importancia –y es el segundo ejemplo prometido- en Cuestiones Sociales. Sobre la tirantez actual de relaciones entre patrones y obreros, se discute muchos abusos. No diremos no sea todo esto importante.  Precisamente nosotros hemos sido de los primeros en señalar esta suma importancia. Pero hay también, además de derechos, leyes y personas, las “maneras”. La misma cosa irrita en boca de un patrón y sosiega en boca de otro. Buenas maneras importan mucho.  Y creo  hemos sido nosotros los que, en los cursos de Sociología, hemos introducido un capítulo, que tiene honda filosofía, que discurre sobre Urbanidad. Bien pronto tendrán que seguirnos cuantos quieran de verdad dulcificar, humanizar las relaciones humanas.
            En el gobierno de los hombres, no hay sólo, repetimos, sistemas y personas. Hay, también, maneras. Y esto tiene una enorme importancia. Tanta importancia, que a veces es decisiva, constituyendo ellas el criterio diferencial, como aquel que, llamando dos veces seguidas “cabeza de burro” a un ser humano, uno lo recibía (y era así) como un piropo, y otro largaba un certero puñetazo.
            Hay historiadores que se estrujan el cerebro para explicar este hecho: ¿Cómo pudo ser que la humanidad tolerase durante miles de años un hecho como la esclavitud? Pues bien, lo que no ha explicado la ciencia lo expresa esta palabra: “maneras”, que, al fin y al cabo, va a ser científica también desde ahora.
            Lean los que duden alguna buena novela sobre la sociedad romana. Por ejemplo, el “Quo vadis”, “Fabiola”, “El asno de oro”. Y les sobrará toda explicación. Aquello era muy duro. Pero había “maneras”. La esclava que cuida a la joven Fabiola le habla y ordena como una madre. Petronio, primer ciudadano y noble de vanguardia, amigo íntimo del Emperador, abandona a sus mujeres y sabe morir con una esclava, Eunica.
            ¿Quién no ha leído “La cabaña del Tío Tom”? Es una pintura fiel de la vida de los esclavos negros, en esa Norte América cruel y fría fundada por cuáqueros. Pero el Tío Tom vive y muere resignado, porque en medio de la crueldad hay buenas maneras. Aquella sociedad sabe estrujar al esclavo y sacarle la médula, pero con guantes, con maneras.
            Recientemente han ocurrido en dos diversos países dos hechos absolutamente iguales. Las consecuencias han sido diametralmente opuestas. Las midinetas de “La Samariataine”, los enormes almacenes de París, no sólo se declaraban en huelga, sino que tomaban posesión de los almacenes, echando de hecho a los dueños. Cuando, a las nueve y media, el gerente con el