Alemania 37 05
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En el día de Alemania. El peligro de los “escritores x” en este pase entre dos edades históricas  La SI 01/05/37 p. 1-5,13-14

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Esta semana celebra la Alemania Nueva su fiesta nacional, identificada con el Día del Trabajo. Para conmemorarla, nada mejor que salirnos del terreno vano de los ditirambos y tratar un tema fundamental. El analizar las críticas de un grupo de sus enemigos, nos parece algo interesante y de finalidad práctica.

                Cuando el sociólogo estudie, en el porvenir, la evolución del mundo en los siglos XlX y XX, topará irremisiblemente con una ley (¿laya?) de escritores cuya nefasta influencia ha sido enorme en la marcha integral de la sociedad en los últimos doscientos, o, tal vez, trescientos años, pero especialmente en los últimos cien: de 1840 a nuestros días.
            Los llamaré “los escritores x”, a falta de un nombre específico que no sé encontrar en el Vocabulario, de modo que corresponda a la idea y a la cosa expresada.
            Con un ejemplo quedará claro lo que intento significar. Pensemos, por ejemplo, en el recién fallecido Brisbane,  el tan leído periodista norteamericano cuyo comentario crítico al suceso diario aparecía a la vez en más de doscientos diarios americanos. Si el lector ha leído, durante años, las críticas ligeras de ese periodista, , convendrá conmigo en esto: que no poseía técnica alguna ni siquiera una mediocre  cultura filosófica básica. No había jamás inventado, ni dicho nada nuevo. No había ahondado en disciplina alguna. Carecía de esa base genérica de cultura filosófica que capacita para hilvanar juicios y juzgar novedosamente hechos,  y que resulta en ella también una técnica.  Porque, si es base y cimiento de cultura verdadera, es también una técnica psicológica y lógica para deducir corolarios de teoremas (hechos o ideas) anteriores.
            Sin embargo, tenía Brisbane tres condiciones que le proporcionaban buen golpe de lectores. Primero, una ilustración proveniente de lecturas rápidas estilo Magazine. De modo que podía hablar de todo sin conocer a fondo nada. Segundo, una fácil expresión escrita –que en otros es hablada- sabiendo exponer con gracia lo que quería exponer al público. Tercero, un aire doctoral y audaz, proveniente precisamente de la falta de una técnica y de una base filosófica honda. El técnico es sencillo y sin pretensiones. El que ha ahondado en la zona filosófica es, por convencimiento, parco, modesto y dudador, rehuyendo toda pretensión personal. Así, Brisbane, sin conocer nada a fondo, y con cultura básica cercana al cero, escribía ágilmente sobre el suceso del día, y el público norteamericano se tragaba diariamente las ruedas de molino que ese analfabeto de brillante pluma le servía todas las mañanas como algo interesante.
            Por contraposición, se comprenderá mejor a qué escritores queremos aludir. No es de éstos, por ejemplo, Ortega y Gasset, ni Charles Maurras, ni Chesterton, aunque los tres escriban  sobre cualquier asunto del día.
            Ortega y Gasset  tiene una cultura filosófica fuerte. Unilateral, tendenciosa, como bebida en Alemania de mitades del siglo XlX, pero siempre cultura. Piensa. Medita. Ahonda por su propio esfuerzo. Trasmite deducciones propias, rectas o erróneas, pero bien suyas. Posee un instrumental cerebral suficiente para escribir y enhebrar críticas.
            Maurras es un profundo conocedor del mundo clásico y de la historia como especialidades, es decir, como técnica. Un acontecimiento lo mira a través del lente descomponedor de un criterio formado en el estudio de cosas serias. Sabe historia, no por haberse “documentado” en magazines y resúmenes de primaria, sino por haber profundizado la materia en largos estudios de índole especializada.