Alemania 45 05 12a
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Así fue Adolfo Hitler La SI 12/05/45 p. 1-9

(sobre la estructura y contenido de estas páginas ver La SI 19/05/45, al finalizar el texto)

1. Unanimidad
Desaparece Hitler, y el mundo está conteste en que se ha ido algo extraordinario. Discreparán en la calificación de esa extraordinariedad. No discrepan en el hecho.
Los diarios noticieros, a pesar de ser casi todos enemigos declarados, han dedicado –siguen dedicando- al Führer columnas y más columnas, páginas y más páginas. Acumulan noticias y noticiones acerca del hombre, concediéndole mayor importancia que al reciente fallecimiento de Roosevelt (ver La SI 21/04/45 a La SI 05/05/45).
La prensa enemiga sigue el mismo camino, acumulando en su camino los epítetos más pintorescos, las frases más retrógradas. Tengo a la vista una publicación de extrema izquierda y es cosa regocijante ver cómo escritores civilizados pueden vomitar tales groserías. Pero ¿no prueba esa animosidad y esas groserías que han medido bien la magnitud de aquel que se les oponía? “Asqueroso reptil, bandido asesino, imbécil, degenerado, monstruoso aborto, sucio farsante, soez y diabólico engendro”. Y así del resto. Advirtiendo que clava ese epíteto “diabólico” un diario ateo y a-diabólico.
Pero esa pintoresca retahila de imbecilidades muestra la importancia que han dado a Hitler sus enemigos, las más de las veces inconscientes, pero enemigos al fin. Una letanía de esta clase con tal selección terminológica, solo se guarda para aquellos que están conceptuados como enormemente amenazantes, sea porque así lo crea de buena fe el “literato” que usa tales vocabularios, sea por recibir orden de que lo use a todo full.
            Si los neutrales –enemigos más o menos neutralizados- dan esa importancia a Hitler, y por su parte también y a su manera, los enemigos, que lo han odiado ¿qué diremos de sus amigos y entusiastas, que en todo este siglo no ha tenido tantos y tan fogosos otro hombre alguno?
            Ahí están. Los diarios afectos no respiran, porque la admirable democracia izquierdista no tolera que alguien piense según el propio cerebro. Inquisición suprema del siglo XX, en que los democráticos muestran su profundo amor a la tolerancia, pisoteando la libertad ajena bajo todos los aspectos. Pero, aparte esa ausencia de prensa hitlerista, que ha sido en todas partes suprimida y sacrificada en el altar de la Pseudodemocracia ¿quién no ha podido auscultar la voz popular, y presenciar íntimas escenas hogareñas? ¿Quién no ha podido oír la voz de la calle –especialmente de la calle apta y calificada- comentando la definitiva ausencia del hombre que admiraban; o bien estar presente a las íntimas escenas de dolor profundo de familias que –oh días de libertad- han de ocultar hasta las lágrimas en la soledad de las catacumbas?
            Es la voz total de la gente. Podrán unos discutir se trata de un ángel o de un diablo, de un genio del bien o de un genio del mal. Pero todos confiesan con sus peculiares medios y maneras que se trata del desaparecimiento de un genio extraordinario.
            Unanimidad perfecta, todavía esa genialidad más exagerada en los sectores enemigos que en los sectores amigos. No se trata, pues, de buscar si vamos a enfocar el lente crítico sobre un genio -opinión unánime y cimentada- sino de examinar ese genio según realidades, para ver de poder opinar sobre él sesudamente.
           
2. Bajo ningún ángulo
            En los días –ya muertos- en que la gente se pirraba por la crítica literaria, y los críticos eran una especie de héroes, con facha de dioses dispensadores de dádivas y de rayos fulminadores, la crítica eran más subjetiva que objetiva. Todo era enjuiciado “a través de un determinado cristal” subjetivo. Eran los días en que un mismo cuadro u obra artística era examinada desde un ángulo determinado, pudiendo ser calificada, a la vez, de obra portentosa y de obra pésima, según los metros personales que servían para medirla.